Siento tener que decirlo, pero he de desahogarme con alguien: ¡ya están los jodidos de nuevo dale que te pego! Así no hay empresa que pretenda ser seria y obtener beneficios. Desde que han vuelto al trabajo están que no hay quien los aguante. Se creen los dueños de la empresa, ¡de esta empresa!, y no sólo no hacen nada sino que, encima, hasta se ríen: Despedidnos si es que no trabajamos bien. Y van y te lo dicen, bueno, me lo dicen, y al redactor jefe igual, mientras te miran a la cara ¡y se ufanan, los muy jodidos, de que tienen en el internet un programita porno! Ellos, también es verdad; porque ellas no salen del facebook y del Twitter, por lo menos, que yo las haya visto.

Les digo, por poner un ejemplo, les digo: Hay unas declaraciones del nuevo Presidente del PITA. ¿Y saben qué me dicen? ¡Que vaya yo! Entonces intento hacerles razonar: Mirad, muchachos, que si el Presidente es el amigo Martín Soler, que si tiene un verbo fácil y prodigioso, que si con su visión de futuro y eso hasta ha logrado salir de la provincia aunque sólo haya sido para volver, etc. ¿A que no aciertan qué me responden? ¡Que vaya yo, que ellos están con su parcela de trabajo en la empresa!

¡Yo? ¿Cómo voy a ir yo a perder el tiempo a escuchar a Martín Soler si lo que va a decir lo puedo decir yo igual! ¡Ay, Dios mío, que castigo zapatero!

El otro día intenté echar mano a su patriotismo: ¡Se va a tratar del soterramiento, muchachos, a ver si me hacéis un buen reportaje! Al rato asoma uno de ellos, tal Dieguito López, y me dice: Mira, mira, aquí tienes nuestro punto de vista sobre el soterramiento. En el papelito de marras sólo había escrito MIERDA PA TI (con perdón, claro). Salí hecho un basilisco y me encontré a Lopez dormitando ya en su pupitre. ¡No hombre, no -me dijo-, cómo vas a pensar que la mierda (con perdón) es para ti?

Todavía hoy no sé que pensar. Nos hemos reunido las fuerzas vivas de este más o menos periódico y hemos llegado a la conclusión de que nos tienen cogidos por ahí, si señor, por donde más duele: no podemos echarlos porque cada uno nos cuesta un ojo de la cara; no podemos obligarles a hacer su trabajo porque no quieren trabajar. No sé.

Nos hemos puesto en contacto con nuestra asesora legal, sra. Maite B., y nos ha confiado que no hay nada que hacer. A ver si cuando caiga la breva cambia el panorama -dice-, porque con este tío no hay empresa que resista mucho tiempo. A lo mejor se reforma el mercado laboral -nos confió-; más movilidad y eso, como en Europa, vamos.

Bueno, un momento. ¡Me cago (con perdón) en todo! Ya está. ¡No, no, no: ¡Y en él, más; y en él, más!!

Ya está. ¡Que agustito me he quedado, oigan!

Discúlpenme, amigos lectores, pero si no lo digo, reviento.

Vale

 

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