22-IX

EDITORIAL

Cada vez nos sentimos más asustados, defraudados y descorazonados. Esto último sólo a ratos.

El poder del sistema es inmenso; un océano comparado con un cubo de agua.

Y, sin embargo, sabemos que la razón está con nosotros. Que es cuando alzamos la cabeza y miramos en desafío el nuevo día.

Porque estamos convencidos de que esa reciente forma de pensar, de hacer política, de amoldar la vida, eso que ha dado en llamarse PROGRESISMO es ni más ni menos que un engaño, una falacia. En algunos será un convencimiento de buena voluntad, ¡qué duda cabe!; en la inmensa mayoría es la expresión del egoísmo, del ansia del trepa, con grados diferentes de solapamiento y autoaceptación.

La aparición del progresismo en sí, aunque aún no con esta denominación, es relativamente reciente: mediados del XIX. Su puesta en práctica, más: el XX. Su fracaso, todavía más: fines del XX. Este siglo que vivimos ha de ser, lo está siendo ya, el del desenmascaramiento del engaño y del abandono de esta seudo-filosofía.

En la práctica y desde su aparición, el progresismo tendió hacia la dictadura más despótica; nunca ha aspirado a compartir, siempre ha intentado acaparar. La democracia sólo es un medio para un fin, que es el poder absoluto; no duda en aceptarla en apariencia para renegar de ella cuando se siente ya fuerte en su conquista. El dominio de las fuentes de poder, de los medios de propaganda, de las técnicas de sometimiento ha acaparado gran cantidad de medios y esfuerzos a lo largo de su historia.

La Principales puestas en práctica del progresismo en el XX han sido, a saber:

URSS. Lenin implantó un régimen autoritario que Stalin desarrolló a placer. ¿Qué ventajas trajo a la Humanidad? Indudablemente, llevó a Rusia desde un régimen semifeudal a una potencia mundial, qué duda cabe; fue, en este aspecto, un indudable éxito. Pero, ¿cuántas muertes costó?, ¿cuantos sacrificios al pueblo en cuyo nombre se realizaban los cambios?, ¿cuánta libertad acabó enjaulada tras rejas, entre los hielos árticos o bajo tierra? Y lo que es más grave, ¿fue un resultado que hizo corresponder el fin logrado con el fin a que se aspiraba? Porque todo se hacía en nombre del proletario, del obrero, sí; pero ¿qué pintaba el obrero al final del proceso de transformación? Pues se lo vamos a decir, amigos: menos de lo que pintaba para Jaime Ostos su hija bastarda.

ALEMANIA. Hítler subió al poder un nacional-socialismo extremo; un socialismo de puertas adentro, o sea, meter el mundo entero dentro de su casa germana y, a continuación, cerrar las puertas. Y venga a achicharrar a sus huéspedes por obligación. Ocho millones de muertos, por un lado; la caza del gitano, por otro; la abolición del derecho; la quema medieválica de libros, el palo en lomo a pico abierto, etc. ¿Exitoso el experimento? Bueno, a nuestro modo de ver, no. Ni chispa. Más bien para olvidar.

CHINA. Mao remedó con bastante fidelidad la obra magna de Stalin. Su pueblo pasó desde el estadio medieval a la situación moderna. Pero, ¿trajo esto una correspondencia entre el estado ideal pre-revolucionario en que iba a quedar la plebe y el resultado final del proceso? Sencillo: no. Tampoco había tal correspondencia entre unas leyes que sólo velaban por la perdurabilidad del sistema en el poder y la libertad, el derecho y otros conceptos bastante apreciados por el hombre.

CUBA. Nuestro señor ZP anda empeñado en que Europa reconozca las maravillas del régimen de los Castro. Europa sigue empeñada en no querer ver cómo se respeta la libertad en Cuba. Libertad de expresión, de compartir el espacio político con otras formas políticas, de docencia, de manifestación y todos esos otros aspectos que, en su conjunto, comprenden el más amplio de Libertad. ¡Será posible! Menos mal que el progresismo ilustrado y cenematográfico no zeja en su pretensión y, así, la Bardem, el Almodóvar y demás cánganos nos dan a todos una lección magistral de honestidad intelectual y consecuencia moral.

VENEZUELA. ¡Ah, el gran Hugo Chávez! ¡Qué puedo decir, eh?

ESPAÑA. Cuando tras un largo cerco don Adolfo Suárez dimitió, primer y único Presidente de la democracia que ha tenido la decencia de hacerlo, aquí hasta los gatos votaron a Felipe. Lo que en sí se inició como una fiesta, pronto fue degenerando en feria de pueblo y acabó en fiesta de tasca barata; con todos metiendo mano en el saco, a lo que se llamó saqueo de España, todos jugando al juego de pelota, deporte de invención patria y que en los círculos adecuados se denominó pelotazo, y con muchos cabreados como monos de feria con la GRAN X, el cobarde máximo; los recursos públicos tampoco eran de nadie y todos los servicios bajaron casi a la categoría de letrinas.

Entonces llegó Aznar y se rodeó de amigos que eran de lo mejorcito de la clase. Pero el progresismo aguzó todas sus armas y una mañana sangrienta lo pilló con los calzones abajo: ¡doscientos muertos son muchos muertos! ¡Pues no los respetaron! ¡No señor, no los respetaron! ¡Aún estaban los cadáveres humeando entre las vías y ya estaba el rubalco ¡Pásalo! ¡Pásalo!! Esto es, secillamente, una manera asquerosa de hacer política.

De manera que empezó la segunda parte de la democracia progresista, lo cual es una entelequia. Las arcas estaban repletas, hoy están vacías; la moral estaba por las nubes, hoy está por las alcantarillas; Toledo estaba hecho unos Pactos, hoy está hecho un Corpus; y, peor, estamos asomándonos al abismo y detrás está la Pajina arrullándonos con su ¡Si es un saltito de nada! Claro, como ella cobra tres sueldos, que se sepa, puede engañar como quiera.

Hoy día, su excelente aparato de propaganda no cesa de aventar los escándalos de la derecha, unos escándalos que evidentemente existen y deben ser castigados. Pero, LO QUE ES PEOR, cierran los ojos a los escándalos de la izquierda progresista que son, CON MUCHA DIFERENCIA, más y más graves que los otros.

LO MÁS LAMENTABLE, que tanto unos como otros encuentran un terreno abonado para la impunidad, es decir, roban todo lo que pueden, pagan fianzas irrisorias, y no encuentran el castigo. Unas veces, las más, porque los procesos se van alargando en el tiempo hasta que se olvidan, caducan o, ríanse, los mismos imputados mueren tras una vida larga y feliz. Colmados de bienes y con la bendición de las televisiones.

Vale

 

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