08-XI

EDITORIAL

 

Este hombre no es el representante y defensor de los intereses de los españoles. Lo ha demostrado de sobra. Ya es suficiente.

El incidente de octubre de 2003, cuando permaneció sentado al paso de la bandera de un país con el que manteníamos relaciones amistosas, no tiene mayor relevancia que la de ser muestra de la educación recibida. Lo que siguió, sí: El espectáculo de Z arrastrándose lastimosamente tras Bush a la espera de la migaja de una foto que cayera de su mesa, de un minidiálogo que brotara de su boca, de un corrillo en el que se le tolerara, eso sólo ya era suficiente para inspirarme el más desagradable sentimiento de vergüenza ajena.

Pero es que para colmo, el buen señor ni siquiera es capaz de medio desenvolverse en el idioma inglés. Sí, amigo mío, ese mismo idioma que tanto cachondeo engendró en ciertas capas de nuestro país cuando otro Presidente entabló desigual batalla con él. Claro está que a éste, Aznar, le hacía falta para hacerse entender por sus amigos; a Z le basta con el español indígena, ése de Evo, de Castro, de Chávez y de Chaves.

Dime con quien andas, perlita mía, y te mandaré a freír papas.

"¡El que los fríe soy yo!", dice nuestro Z. Y se pone a ello.

Porque viene el Papa, en quien una gran parte de los habitantes de ESPAÑA ven a su líder religioso, y nuestro Z coge y ¡se va! ¡Sí, señor! ¡Se va!

¿Adónde? ¡Ah!

Entonces, nuestros soldados , que se están jugando la vida en el extranjero por un sueldecito de caca, se sienten regularmente molestos. ¿Por qué? Muy sencillo: entienden que han sido el medio del que se ha servido nuestro Z para no hacerse una foto con el Papa, para darle a la derechona en las narices, y para mostrar una vez más la calidad de su educación. De él. De Z.

Claro, se sienten utilizados. Si están siendo peligrosamente puteados allí y lo saben, no es agradable sentir que su trabajo sirve para los intereses personales de un señor. Por muy Presidente que sea. Por muy Z.

Personalmente, el caso es que mí "me se importa", que decía el bachiller Montillet.

O sea, me bautizaron mis padres, ellos sabrían por qué. El uso, supongo. O las imposiciones de la época, puede ser. O, tal vez, convicción. No sé. Cosa de ellos fue y como algo les debo, entre otras cosas, respeto a su memoria y cariño en mi recuerdo, lo tolero y "me se importa". Pero eso es todo: si pasa un paso de SS (Semana Santa) ante mí, me santiguo porque sé que con ello no hiero los sentimientos de los que aldededor de mí lloran y lanzan los más disparatados piropos a la imagen en volandas. Y no me cuesta. Es como ir limpio y con apariencia agradable, dentro de lo que hay, claro. Es facilitar la convivencia por respeto a los demás y, con ello, a mí mismo también.

Z no muestra respeto a la convivencia. No lo hizo y no lo hace. En el caso de la bandera, la falta fue hacia los vecinos; en el del Papa, la falta ha sido hacia nosotros mismos.

A todos.

A los que creemos y a los que no creemos.

Pero respetamos.

Por la convivencia.

Por educación.

 

Vale.

     

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