12-XII

EDITORIAL

 

SONETO al político inexistente:

 

Ahora ves, desgraciado, que no vas
a llevarte contigo, pobre loco,
lo mucho que has robado poco a poco;
que todo te lo has de dejar atrás.

Y las joyas, perfumes y demás
que orgulloso mostrabas en tu zoco
de halagos y poltrona, ¡pues tampoco,
sultán de pacotilla, llevarás!

Contigo, en la caja, meteremos
tu ambición, tu soberbia y el sonrojo
que a esta tierra contigo nos trajiste.

Después, en un rincón, enterraremos
los cientos de chanchullos que en tu antojo,
porque otros te dejaron, tú hiciste.

 

CUENTO del político inexistente:

En un rinconcito de mi amada España existía una tierra a la que arribó un pájaro tremendo en su orgullo, temible en su ambición. Hizo y deshizo a su antojo y conveniencia, daba fiestas y en ellas reían su gracejo y su inteligencia y buen hacer los unos y los doses.

Luego, la jueza lo mandó a la cárcel y durante un tiempo era el alguacil enjaulado. Mas cuando salió, imputado como iba, eran aún mayores su orgullo y su vileza.

Entonces llegó la muerte y comenzaron a decir que se lo va a llevar. Claro, antes o después se lo va a llevar, pues a todos nos ha de llevar.

El sol seguirá saliendo, seguramente, pero él no lo verá ya porque sus ojos se los habrán comido los gusanos; no le calentará porque su corazón estará más frío que el mismo hielo.

Todo él ardiendo en el infierno, pura brasa viva. Mientras la Iglesia decida que lo haya.

Adiós, político elegido, pudriéndote estarás. Y se te habrá acabado el cuento, como este cuento acaba aquí.

 

MORALEJA del político inexistente:

Quiere a tu súbdito como tu hermano que es. Si te pide agua, dale vino; el mejor que tengas. Bébelo con él y entonad juntos por la alegría de vivir el amor y la hermandad.

 

Vale.

 

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