21-III-11

 

Amigos míos, señoras y señores todos:

¡Es la pura verdad! ¡La realidad que tienes a tu puerta!

Lee y, si no es cierto, te permito que me llames mal cristiano y obispo de diócesis catalana hasta cinco veces y no me cabrearé:

Apenas acaba la votación,
con las urnas aún cuscurreando,
ya tienes al carguillo reclamando
el coche oficial con dotación.

Para mejor cumplir con su misión,
la Visa y el despacho está ordenando
que también se le vaya preparando;
y, además, un gran móvil figurón.

¿Para qué coño quieres todo eso?
¡Si para presionar un botoncito
te basta con poner un dedo tieso!

Y nada más vas a hacer porque seso
en esto no hace falta, so cabrito;
hasta un asno lo tiene con exceso.

¿Que por qué pasa esto? ¡Uf, vaya usted a saber! El ser humano (y la sera humana) es así: puesto donde lo hay y asegurada la impunidad, caemos todos. Me supongo. Por eso son muy necesarios los sistemas de fiscalización y control.

Fiscalización y control, sí.

Pero el sistema está contaminado, esto también: ¿cómo es que si hay alguien con una dosis mínima de empatía en su genoma, no reacciona con rechazo ante alguna de las propuestas del congreso en la coyuntura actual? O sea, por poner un ejemplo, dice ¡NO! en la votación que establece un sistema discriminatorio en la jubilación de SSs (= Sus Señorías). O denuncia el último chanchullo que ha llegado a su conocimiento, aunque afecte a su partido; o echa de sus filas a quien se ha vestido con ropajes correosos o viaja en un Audi sin gasto a su Costa.

Claro, lo de los EREs de la Junta de Andalucía es de juzgado y talego. Pero, antes, a devolver hasta el último céntimo y multa expiatoria equivalente al duplo del montante objeto de mangancia.

¡Pero, hombre de Dios, si son ellos los que hacen las leyes! ¡Pero en qué cabeza cabe! ¡Ay, ay, ay, dices cada tontería!

Eso también.

¿Y por qué no podemos esconder
unos ochocientos millones de eurillos
de vellón, contantes y sonantillos,
y disfrutarlos a nuestro placer?

Pues si somos nosotros, a saber,
los que siempre salimos votadillos,
¡lo que nos sale de los huevecillos
con los dineros podemos hacer!

La urna no es sino excusa o llave
que, en nuestro criterio, nos coloca
a óptimo alcance de la bicoca.

Y de quien no la coge sólo cabe
pensar que es persona que está loca
o que no sabe estar donde le toca.

Asegura un gerifaltillo de la Junta Andaluza desconocer el pecado cometido. E, incluso, la existencia del negocio: Yo no lo sabía; no me lo dijo menganita.

¡Infame embustero!

¡Tu obligación era saberlo! ¡Si estuvieras en la empresa privada estarías a estas horas respondiendo por la colosal dejación de funciones y por ineptitud manifiesta!

Y, muy probablemente, por colaborador necesario.

Esto también.

La pena es que para cubrir plaza de jardinero, vg., oposición al canto. Pero para ser Pajarito en la Junta, no. Basta con que se le vote. Y, naturalmente, votas a quien no conoces. Y, encima, la información que te dan es FALSA: ponen la misma cara de iluso que se debe poner cuando te l@ quieres llevar al río.

Es cosa repugnante y asquerosa
ver a quienes con su ejemplo tendrían
que ser espejo en que se mirarían
los que con su anuencia candorosa

les encumbran a la cresta gloriosa
desde la que guiarles tendrían;
pero esto no hacen, más bien vacían
las arcas de manera escandalosa.

Aún más repugnante es comprobar
ver cómo se aplican a legislar
para salir salvos y de rositas.

¡Y encima pretenden que es ejemplar
su conducta pública y familiar!
¡Qué caras tan duras como infinitas!

¿Y si el que viene es igualico, igualico al defunto de su agüelico?

¡Hombre, no nos vamos a poner en las malas! ¡Hay que ser optimistas! ¡Mirar con alegría el mañana!

¡Peores no pueden ser!

¡Cualquier cambio ha de ser a mejor!

Esperemos.

Vale.

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