28-III-11

 

(soneto lamentable LVII)

Encerrando en las cajas ilusiones,
los armarios y estantes arrasados,
con los ojos en lágrimas bañados,
vacías van dejando habitaciones.

Arrastrando sus rotos corazones,
sacando los cajones embalados,
metiéndolos en los carros prestados,
quitando ya los últimos plafones.

Un alto ha hecho ella en la tarea
pues la niña arreció en su llantina;
ahora la mira que saborea

pan duro que aún llorosa mordisquea.
Mientras que al marido en la cocina,
su desesperación su llanto arrea.

 

Resulta que quienes, por culpa de hipoteca y paro se ven deshauciados de sus casas, han de seguir pagando al banco letras mensuales por la casa que ya no tienen.

¡Son insaciables!

¿Cuántos gramos más de carne inocente queréis hoy, Shylocks?

 

Anda nuestro buen amigo, ya saben a quien me refiero, reuniéndose con quienes tanto hicieron en su momento por auparle al poder: los grandes empresarios. Cuatro de ellos le animaron a llevar a feliz término legislatura tan venturosa para el país como ésta ha sido. Uno, no voy a decir cuál, se mostró caluroso en extremo; interesado, mejor diría.

Jamás averiguarían quién.

Y mis labios están sellados.

Mi lengua, inmóvil.

¡Pero mi teclado no!

Ha decidido el bueno de Botín
que es mejor que acabe legislatura
pues no es fácil hallar una figura
tan donosa como nuestro adoquín.

¿Qué don será el botín que el buen Botín,
habrá olido en la actual tesitura
para dar a tan donosa criatura
la merced de unos meses para el fin?

Podrido de millones del don Din,
no es normal el uso de tal finura
hacia quien espera su sanmartín;

salvo que lo que espera, el muy pillín,
es otra carretada de verdura
que venga a reposar a su Bolsín.

Los hipotecados, con galanura,
en un clamor de vítores sinfín
celebran felices tal desventura
en tanto los parados, con dura
resignación, al Presi y su delfín
presentan su dolor y su amargura.

Aunque la verdad es que yo, y esto se lo puedo asegurar, no voté a Botín.

Jamás lo haría.

En otro orden de cosas, quiero contribuir a tranquilizar al país: no estamos en guerra. Repito: no estamos en guerra. Si no se lo creen, miren:

Que no estamos en guerra, los señores
aseguran con toda su frescura;
y preguntan con aún más caradura:
¿Dónde está la foto de las Azores?

¡Libia no es Irak!, claman persuasores,
¡ni Gadafi un dictador sino un figura,
ni el África es Asia, ni la pura
zeja los bigotes devastadores!

Tiros no, por lo tanto, sino flores
es lo que hacemos en esta aventura
que disparen nuestros disparadores.

Y a todos los que en esta floritura
reciben nuestros amantes favores
les damos muy cristiana sepultura.

¿Ven? ¿Lo ven? No estamos en guerra.

Además, la mejor prueba es que si lo estuviésemos, ya estarían también en la calle los de la zeja, comicuchos y bardenadas de tres al cuarto, clamando por la paz a gritito pelado.

¿Recuerdan?

¡Pedro!

Miren, mejor se olvidan.

Vale.

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