El auto-no-sacramental del Zopenco, titulado:

EL HOMBRE QUE FUE PRESIDENTE

 
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Advertencia muy seria: todos los personajes de este cuento son producto de la imaginación del autor; también lo son las situaciones, organismos, estamentos y circunstancias. Y, por supuesto, cualquier parecido con la realidad es puta coincidencia. Por supuesto.
 

 

 Dramatis personae:

         Zp: ............. Zopenco, jefe de desgobierno
         Al: ............. Alberto Rubalco, su mano izquierda
         Pe: ............. Pesimo Equite, político riquísimo
         M: ............. Manolo, presidente de región
         I: ............... Iván, su hijo treintiañero
         Mnd 1,2.... Mendigos harapientos
         MTFV: ..... La Mona, mujer vieja y apiciada
         Mrt: .......... Moratazo, gordo tonto y aplaudidor
         H1: ........... Gerente de Hacienda (1)
         H2: ........... Mariestreñidilla, Gerente de Hacienda (2)
         S: .............. Solcha, reputado economista
         Br ............. Bermellón, Gerente de Injusticia aprovechado y creído
         G .............. Guasón, fiscal general de Injusticia y Mangoneo
         Parafernalia, tres personas con trajes rojo chillón

         (Sube el telón. En escena aparece Zp que entra por la izquierda; cara de panoli, cejas acentuadas, risa perenne sin causa o razón aparente, mirando a todos lados con talante de ¡peroquébonitosoy! Viene hablando con Al, alto éste casi tanto como calvo, cabeza de pajarito pelado, piquito de oro, ojitos huidizos.)

         Zp: ¡Buena jugada, Tomás!

         Al: Alberto, llámame Alberto.

         Zp: ¡Eso de los murciélagos en la noche negra y Génova temblando por las patas abajo ha sido genial!

         Al: (con humildad) No tiene importancia, majestad.

         Zp: La tiene, Alberto, la tiene. ¡Hay que tener sangre fría para obrar con tanta diligencia mientras todo un país llora!

         Al: (con más humildad) Si vuesa majestad lo dice; pero es que yo soy así. ¿Qué piensa hacer ahora vuesa majestad, majestad?

         Zp: ¡Ah, amigo mío: los cielos han abierto a cántaros su cuerno de la abundancia sobre nuestro pueblo! (Parece transfigurado de repente) ¡Ah, pobres descamisados de la tierra, vuestro profeta ha pisado trono! (Más transfigurado todavía) ¡Intuyo una tremenda Alianza de Civilizaciones con la que revolucionaré el Universo! (Alza los brazos al cielo) ¡Oh, Sublime Arquitecto del Universo, aquí está quien va a llevar tus designios hasta su alfa y su omega!

         Al: (gratamente sorprendido) ¡Oye, eso es nuevo!

         Zp: (vuelve la vista hacia Al) ¿El qué?

         Al: Eso. Eso del alfa y omega.

         Zp: Ah, eso lo aprendí cuando era monaguillo, de pequeño, ya sabes. Se empeñó mi abuelito, que era muy católico.

         Al: ¿Católico? ¿Tu abuelito? Pues yo creía que tu abuelito había sido de izquierdas.

         Zp: Ése es el otro; el bueno.

         Al: ¡Ah!..., pero, entonces... (cayendo en la cuenta) ¡es que tuviste dos!

         (Entra Pe, cariacementado y sobreposeído)

         Pe: Buenoz díaz, ci ez que ce pueden decij buenoz.

         Zp: ¡Claro que se pueden decir buenos! ¡No; buenos, no: excelentes! (Risita idiota) ¡Estamos en la onda gracias a Al y sus mensajes!

         Al: ¿Por qué no habrían de ser buenos, Pesimo?

         Pe: ¡Hombege, dozcientoz muejtoz zon muchoz muejtoz!

         Zp: ¡No son muertos, son los ángeles que proclaman nuestra victoria!

         Al: (alarmado) ¡No; los ángeles, no: los demonios! (Explica) Los ángeles son cosa de la Iglesia.

         Zp: ¡Jesús! (se santigua rápidamente)

         Al: (reprendiéndole) ¡Majestad!

         Zp: ¡Uy, en qué estaría yo pensando! (Hacia Al) Perdón, resabios de mis tiempos de monaguillo, ya sabes.

         Pe: Una coza.

         Zp: ¿Cí? ¿Qué?

         Pe: El bolcillo del político ha de cej de kigiztal.

         Zp: ¿De qué?

         Al: De cristal, majestad, ha dicho de cristal.

         Pe: Kigiztal, cí. Ce lo he dicho a la pegenza.

         Zp: (perplejo) ¿A la qué?

         Al: A la prensa, majestad. Dice que el bolsillo del político ha de ser de cristal y que se lo ha dicho a la prensa.

         Zp: Ah, ya. De cristal, claro. Por supuesto. (De momento) El talante, también.

         Al: Claro que sí. El talante es lo principal.

         Pe: Ez que YO quejía que lo zupieceiz.

         Al: Claro, claro.

         Pe: Bueno, me voy.

         (Mutis por el foro)

         Zp: Este tío me pone de los nervios.

         Al: Tienes que tener paciencia; va resultar ser el amigo fiel.

         Zp: Ezo cí, majdita cea, ¿vez?, ¡ya ce me ha pegado otaja vez!

         Al: (alarmado) ¡Rápido, rápido, di “dinero, ¿qué haría sin ti!”!

         Zp: ¡Dinero, qué haría sin ti! (Aliviado) Gracias, Alberto, no sé qué haría sin tu tutela, consejo y guía.

         Al: A mandar, majestad. Las encuestas nos son tremendamente favorables y creo que podemos hacer lo que nos salga, majestad.

         Zp: Tu sangre fría, Alberto.

         Al: (aparentemente humilde) ¡Bah, es que yo soy así!

         Zp: (levanta cabeza a techo) ¡La Alianza de Civilizaciones! ¡Ah, si mi abuelito me viera!

         (Hace mutis por el foro)

         Al: (Mirando techo, sufriente) ¡Ay, señor, señor de los infiernos, y cuánto he de aguantar con esta pareja de borricos! (Pausa) Dime, señor, ¿y cuáles son los designios que te guían y que tanto se ocultan a mis entendederas? ¡Aquí estoy yo, sensato, inteligente, guapo, ambicioso, calvo perdido, y tú vas y entregas el poder a dos ceporros que no distinguen la derecha de la izquierda? Y la prueba está en que uno más mira por la albañilería y el otro por asuntos de bono y dinero que por el proletariado, que es mi norte y guía... (se ensimisma de pronto mientras se auto-ausculta), ¿o soy yo mi único norte y guía?

         (Entra M)

         M: A la paz de Dios.

         Al: Hola Manolo.

         M: Mira, quillo, se lo tengo que decir a alguien porque, si no, reviento.

         Al: ¿Qué pasa?

         M: ¡Esta derecha de los cojones!

         Al: ¿Qué te han hecho?

         M: ¡Se han propuesto amargarme la vida!

         Al: ¿Y eso?

         M: Un asuntillo sin ninguna importancia; fíjate, se han empeñado en que he repartido unos dinerillos entre los amigotes, unos EREs de nada y menos.

         Al: ¡Bah, tú, ni caso!

         M: Y digo yo, digo, ¿con quiénes quieren que los reparta?, ¿con los enemigos?

         Al: Lógico.

         M: Pues ahí están, los muy jodidos, amargándome la vida como si hubiera hecho algo mal.

         Al: Envidia, Manolo, eso es envidia porque no están ellos.

         (Entra I)

         I: ¡Papi, papi, me han hecho comisionista!

         M: (alarmado, a su zagal) ¡Chist, nene, eso no se dice! (A Alberto) ¿Ves a qué me refiero? ¡No nos dejan en paz! ¡No respetan ni a la familia ya, ni al sagrado descanso del guerrero! (A Iván) ¿Por qué dices esa cosa tan fea, nene?

         I: Porque tite Rodrigo me ha dicho que lo soy y me ha dado unos eurillos.

         M: ¡Nada más que por eso?

         I: Nada más.

         M: (A Al) ¿Ves? ¿Qué más pruebas quieres, eh?

         Al: (sereno) ¡Denúncialos al Tribunal de la Constitución! Haz lo que te digo porque ellos hacen lo que yo les digo y les diré que los jodan.

         I: ¿Los vas a castigar, tite Al?

         Al: (rotundo) ¡Los vamos a castigar, Ivanito!

         (Suenan clarines fuera; entra Zp con parafernalia)

         Zp: ...pues ya que la Alianza de las Civilizaciones es el mayor descubrimiento de todos los tiempos, algo que supone un avance en la salvaguarda del derecho de los trabajadores equiparable al de Lenin y Stalin juntos y... (pausa)

         I: ¡Hostia, la Alianza de Civilizaciones!

        M: (urgente) ¡Chiss...! ¡No distraigas a la cabeza más capacitada de todo el universo mundo, hijo mío, sino escucha en reverencia!

         I: Papi, cabeza como la tuya no hay.

         M: ¡Chist!

         Zp: ...es un salto cualitativo en lo que al bienestar del proletariado se refiere que con tan sólo...

         (Entra Mnd1)

         Mnd1: ¡Señor, señor, la crisis!

         Zp: (interrumpiéndose y encarándose con Mnd1) ¿Crisis? ¿Qué crisis es ésa, zagal?

         Mnd1: (indignado) ¡No soy un zagal, señor, que yo antes tenía un buen negocio y ha llegado la crisis y me he quedado en pelota, sin medios y sin esperanza!

         Zp: (Alza una mano en ademán imperioso) ¡Alto ahí! (Pausa) ¡No hay crisis! (Pausa) ¡Es todo una burda mentira de la derechona!

         (Entra la Mona, o sea, la Mona)

         MTFV: ¡Majestad! (Inclina la cerviz ante Zp) ¡Señor, vengo a plantear ingente reclamación!

         Zp: ¡Mi muy ilustre señora, aderezad vuestra queja y aviemos en comandita!

         MTFV: (perpleja, confusa) ¿Cómo?

         Al: Quiere decir, insigne señora, que presentéis vuestra queja y os la resolverá al instante.

         MTFV: (agradece a Al con graciosa inclinación de cabeza) Mil gracias, gentil caballero. (A Zp) Quiero significar, majestad, que la suma de mis pensiones no alcanza los doscientos mil euros mensuales.

         Zp: (incrédulo) ¡Pero qué me decís, señora?

         MTFV: (enfebrecida por la indignación) ¡Pero hay más!

         Zp: (más incrédulo) ¡Hay más?

         MTFV: ¡Hay más, caballero!

         Al: ¡Por favor, por favor, el trato de cortesía, señora, exige majestad!

         MTFV: (avergonzada) ¡Uy, perdón, majestad!

         Zp: ¡Excusas aceptadas! (Silencio) ¿Hay algo más, decís?

         MTFV: ¡Sí, majestad! ¡La comunidad valenciana no me quiere dar subvención a fondo perdido para adecentar mi chalecito de vacaciones!

         Zp: ¡Por Dios!

         Al: ¡Majestad!

         Zp: Quiero decir, ¡leches!

         Mnd1: (humilde) Majestad, señor, la crisis.

         Zp: ¡No hay crisis, buen zagal, no hay crisis! Además (señala a MTFV), observa cómo estamos incursos en materia de mayor importancia.

         Al: Inmersos, majestad.

         Zp: Ah, sí, eso es, incursos, gracias Alberto.

         Al: Un placer, señor.

         (Entra Mrt carraca en mano y se pasea por la escena sin cesar en su cantinela mientras los demás miran)

         Mrt: ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra, ra! ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra...!

         (Hace mutis por el foro)

         Al: ¿Pero no habíamos encerrado a este tonto la picha? ¿No habíamos quedado en que lo íbamos a encerrar?

         Zp: (pillado en falta) Eh..., ah..., esto..., la verdad, Alberto, se me echó a llorar y no tuve corazón.

         Al: (suave y conciliador) Por supuesto, majestad, por supuesto, lo entiendo.

         Zp: (a MTFV) Idos y descansad tranquila, mi buena señora, que vuestros asuntos están en buenas manos y vuestras cuitas en la antesala del arreglo total.

         MTFV: Mil gracias, majestad.

         Zp: No descansaré hasta que las injusticias que se os han inferido sean reparadas convenientemente.

         MTFV: Otras mil gracias más, majestad. Y podéis tomar todas las gracias que queráis porque no me cuestan dinero.

         (Se inclina ante Zp y hace mutis por el foro)

         Zp: (perplejo a Al) ¿Qué gracias querrá que tome cuando no tiene ninguna? Por cierto, Manolo, ¿qué hay de aquella cría que tanto te interesaba, eh? (guiña un ojo cómplice a M) Ya sabes, aquella que estaba tan buena...

         M: (violento, volteando el cabezón hacia I) Señor, está aquí mi hijo.

         Zp: ¡Uy!

         Al: Iván, ve y dile a Rodrigo que te dé otra comisioncita, que lo ha dicho su majestad.

         I: (contento) ¿De verdad? ¿Otra?

         M: ¡Sí, hijo, corre y díselo!

         I: ¡Voy a por otra más!

         (Hace mutis a todo correr)

         M: Majestad, a la Bibi, que tal es el nombre de la zagala, la hemos mandado a Ginebra.

         Zp: ¿Ginebra?

         Al: Ejem, majestad, si se me permite.

         Zp: Pues claro, Alberto.

         Al: Verá, majestad, Manolo me comunicó el mucho interés que tiene en la zagala y le hemos comprado un puestecito en Ginebra.

         Zp: Ah. Pues muy bien. Muy bien hecho. (Titubea y se decide) Pero, digo yo, la chavalita se me antojó, claro que yo la traté poco tiempo, pero se me antojó miajita..., ¿cómo te diría?

         Al: ¿Tonta del culo?

         Zp: (aliviado) ¡Pues mira, sí! (Se desahoga) No quería decirlo por la querencia que sé que le tiene Manolo, pero lo evidente no se puede negar. Claro, a ver si la habéis mandado a un sitio clave y somos el hazmerreír de todo bicho. Con las ocurrencias de la nena, quiero decir.

         Al: No hay peligro, majestad. Le hemos comprado un puesto en el que no tiene que hacer nada sino acudir a fiestas y cobrar la pasta gansa.

         M: Es cierto. Además, majestad, quiero expresar lo muy agradecido que le estoy a Al por el trato; es que nada más que en dinero no le ha importado gastarse un millón de euros sino que...

         Al: (humilde) No tiene importancia, el dinero es de la Hacienda pública.

         M: Sí, sí lo tiene y nunca te agradeceré bastante, amigo Al, el mucho tiempo y esfuerzos que has aplicado a este asunto.

         Al: (más humilde) No las merece, de verdad.

         (Entra Mnd2, se coloca junto a Mnd1 y corean:)

         Mnd 1 y 2: ¡Majestad, la crisis!

         Zp: (les mira) Pero bueno, ¿no os he dicho que no hay crisis?

         Mnd 1 y 2: ¡Sí la hay! ¡Sí la hay!

         Zp: Haz el favor, Alberto, de abrirles los ojos a estos pollos y convencerlos de que no hay crisis.

         Al: (a Mnd1 y 2) Podéis decir lo que os salga, que su majestad dice que no hay crisis y, por consiguiente, ¡no la hay!

         Mnd 1 y 2: (asertivos) ¡Hay, hay, hay! (Cambian a lamentosos) ¡Ay, ay, ay!

         Zp: (a Mnd1 y 2) ¿Veis como no?

         M: Majestad, si acaso oís algo acerca de un dinerillo que la derechona dice que me he llevado, sabed que no ha sido así.

         Zp: ¿Ah, no?

         M: No. En realidad, lo he repartido a los amigos.

         Zp: ¿Qué amigos? ¿Gente de la Alianza de Civilizaciones?

         M: ¡Por supuesto señor! Todos ellos muy honrados y muy de izquierdas, sindicalistas sobre todo.

         Zp: Ah, pues muy bien.

         Al: Además, majestad, no es cantidad como para echar las campanas al vuelo; se trata tan sólo de unos ochocientos millones de euros nada más.

         Zp: Ah, eso no tiene importancia. Yo, sin ir más lejos, el otro día decreté que enviaran doscientos a mi amigo Chávez, trescientos ochenta a mi amigo Castro y setecientos cuarenta y cinco para los negritos bizcos y maricones del África tropical. (Añade a modo de explicación:) Por la Alianza de Civilizaciones.

         (Entra M carraca en mano y se pasea por la escena sin cesar en su cantilena mientras los demás miran)

         Mrt: ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra, ra! ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra...!

         (Hace mutis por el foro)

         Mnd 1 y 2: ¡Majestad, la crisis, señor!

         Zp: Oye, Alberto, ¿has observado qué palizas, estos tíos?

         Al: (obsequioso) ¿Mando a los grises para que los ablanden?

         Zp: (piensa y al cabo decide) Mira, mejor no. ¿Sabes por qué?

         Al: ¿Por qué, majestad?

         Zp: ¿Y si luego quieres ser el candidato? (Queda Al pasmado por la mucha perspicacia de Zp)

         (Entra H1, Gerente plenipotenciario de Hacienda)

         H1: ¡A ver, quién se opone a los designios de mi señor?

         Zp: Nadie se opone sino que éstos descamisados andrajosos se han empeñado en que hay crisis.

         Al: He pensado darle una pasada por los grises...

         H1: ¡Nada de eso! Esto lo arreglo yo en un periquete. (Se vuelve a Mnd1 y 2) ¡A ver, quién dice que hay crisis? (Alzan la mano los Mnd) ¿Qué pruebas tenéis?

         Mnd1: ¡Antes tenía hermoso negocio; ahora mis hijos pasan hambre!

         H1: ¿Tú?

         Mnd2: Lo mismo y peor: la ciudad entera está así y lo dice.

         H1: (volviéndose hacia Zp) ¡Hay crisis, majestad!

         Al: (a gritos denuncia) ¡Traición, traición!

         Zp: (silencia a Al con el gesto y habla a H1) Tú dices que hay crisis; yo, que no. ¿Quién sabe más de economía?

         H1: ¡Yo, por supuesto, majestad!

         Zp: (sorprendido) ¿Ah, sí? (A Al) Échalo de aquí a patadas.

         (Al da de patadas a H1 hasta hacerle mutis)

         Zp: (Se acerca al foro y pregunta) ¿Quién quiere ser Gerente de Hacienda? (Aclara) ¡No hace falta que sepa de economía, que para eso estoy yo!

         H2: (Voz fuera) ¡Yo! ¡Me lo pido!

         (Entra H2)

         Zp: ¿Quién es el que más sabe de economía?

         H2: ¡Vos, majestad!

         Zp: ¡Ya eres Gerente plenipotenciaria de Hacienda!

         H2: (Da unos paseos por la escena luciendo talle lastimoso; mientras canta) ¡Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis; seis y dos son ocho y ocho dieciséis!

         Zp: ¡Ésta es mi niña! A ver, ven aquí. (H2 se queda ante él tal que perrillo lastimero y agradecido) Vamos a ver, convence a éstos (señala a los Mendigos) de que no hay crisis.

         H2: ¡Vosotros, venid aquí! (entrega a Mdg1 y 2 una moneda a cada) ¡Tened! ¡Largo y a callar!

        Mnd1 y 2: (al unísono) ¡Un euro, hoy comemos!

         (Mnd1 y 2 hacen mutis por el foro)

         H2: (A Zp, satisfecha) ¡Asunto arreglado, majestad: ya no hay crisis!

         Zp: (Solemne) ¡Me agrada, vive Dios que me agrada esa forma de arreglar problemas: es la mía!

         H2: ¡Pues entonces me voy a Zara a comprar ropita y bombones!

         Al: ¡Para los bombones puedes mandar al chófer!

         H2: ¿Sí? ¡Uy, qué alegría!

         (Cierra los puñitos para demostrar su alegría y hace mutis por el foro)

         Zp: (a Al en un aparte) Esta tía sabe un rato de economía.

         Al: Su majestad sabe más.

         Zp: ¡Por supuesto! Pero... no estaría de más refrescar mis conocimientos. Para no quedar mal ante ella, ¿comprendes?

         Al: Por supuesto, majestad.

         Zp: Tráeme al Solcha y que me ponga al día.

         Al: Al momento, majestad. (Se acerca al foro y llama) ¡Solcha, Solcha, su majestad te llama!

         S: (Fuera) ¡Una pela! ¡Hay una pela a ganar! (Entra) ¿Dónde está la pela? ¿Dónde? ¿Dónde?

         Al: Dale unas lecciones de economía a su majestad.

         S: (A Zp) A ver, repite conmigo: dos y dos, cuatro.

         Zp: Dos y dos, cuatro.

         S: ¡Perfecto, eso es todo, ya está adiós! ¿Dónde está la pela? ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde está la...?

         (S hace mutis mientras repite sin cesar la misma muletilla)

         Zp: ¡Fabuloso! ¡Yo ya sabía que yo era listo, pero no hasta qué punto! ¡Cómo en un periquete he pasado de no tener idea a saber de economía más que nadie! (Clava las cejas en el techo) ¡Y eso que soy de letras! (Las clava todavía más) A decir verdad, no sé de lo que soy, si es que soy de algo.

         Al: Listísimo, majestad, eres listísimo.

        Zp: Lo sé, lo sé, Alberto; pero, ¿qué le voy a hacer si soy así? (Pausa) Bueno, recapitulemos. Ya sólo nos queda el asuntillo de ETA para dejar el país a punto de caramelo. ¿Sabes, Alberto?

         Al: (atento siempre a las palabras de su amo) ¿Sí?

         Zp: Cuando veo la obra ingente que hemos ejecutado, ¡me maravillo! ¡Este es otro país!

         (Entra M carraca en mano y se pasea por la escena sin cesar en su cantilena mientras los demás miran)

         Mrt: ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra, ra! ¡La Alianza, ra, ra, ra! ¡De Civilizaciones, ra, ra...!

         (Hace mutis por el foro)

         Zp: (señala a Mrt que acaba de hacer mutis) ¿Ves lo que quiero decir?

         Al: Te comprendo, majestad, te comprendo y comparto tu maravilla y satisfacción.

         Zp: Creo, sinceramente creo, que no se podía hacer más en tan poco tiempo.

         Al: En efecto, señor.

         (Entra G, afectado, relamido, voz de pito)

         G: Majestad, Juana Chaos dice que se va a duchar con su novia.

         Zp: ¿Duchar?

         G: Sí; más que nada para echar un polvo y cachondearse un poco más de las asociaciones de víctimas de hijosdeputa.

         Zp: ¿Qué te parece, Alfredo?

         Al: Permiso concedido.

         Zp: ¿Así? ¿Por las buenas? ¿Sin preguntarme siquiera?

         Al: Es que el que manda ya soy yo, majestad.

         Zp: ¿Y yo? ¿Qué va a ser de mí?

         Al: Tranquilo, mi señor, tranquilo: te nombro Consejero del Reino y ¡a vivir del cuento!

         Zp: ¡Pero qué voy a aconsejar yo, Dios mío, si no sé ni donde tengo la mano derecha?

         Al: Tranqui, mi señor, tranqui: tú te limitas a aconsejar lo que creas que se debe hacer en cualquier circunstancia que se te demande.

         Zp: ¿Y?

         Al: Entonces se hace lo contrario y acertamos. Vas a ser el mejor Consejero del Reino, el que nunca nos va a fallar para señalarnos el rumbo correcto. ¡Por primera vez te vas a ganar lo que te paguemos, ea, alégrate!

         Zp: ¡Oh, qué bien! ¡Cuando se lo cuente a los de mi pueblo...!