SESEÑA
 
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Poco importa una vida hoy: una nena tira a otra nena enemiga suya a un pozo y ella se va a jugar al parchís. O a las damas. O tal vez se haya sentado a cavilar sobre la mejor manera de ejercer su futuro derecho al voto a la izquierda que tal le permite. O a la derecha, que tal no enmienda. A la niña de Seseña me refiero. No a la víctima, sino a la otra.

Acaba de terminar la exteriorización de la religiosidad española, Semana Santa, una muestra que se extiende de norte a sur y de este a oeste, pasando por las islas; acaba de terminar, digo, y una vez más se ha visto que al PSOE le va a costar trabajo eliminar de España todo rastro de cristianismo. No hago alusión a la calidad del cristianismo: allá cada cual con su alma o su cerebro, con sus experiencias e intuiciones, con su vida.

Aludo, ahora sí, a la manera infame en que intentan esta eliminación: se quita la religión en las escuelas, con lo que estoy de completo acuerdo ya que la institución que se debe encargar de su enseñanza es la Iglesia, el Islam o quien se haya de beneficiar de su práctica. Pero, y aquí mi completa repulsa, se sustituye su enseñanza por el aprendizaje y práctica de las damas, el parchís y no sé qué idiotez más.

Esto es ganas de ofender gratuitamente a una gran parte de la sociedad española, no sólo a los católicos practicantes. Yo no lo soy y me siento insultado, afrentado, humillado y avergonzado por esta injuria de nuevo rico.

¿No hay otros contenidos didácticos para habilitar en el poco tiempo que la religión deja disponible dentro del horario escolar y que no sean las damas y el parchís? Miren ustedes, señores fugitivos de la tiza y dictadores desde la poltrona: sí los hay. Les voy a enumerar algunos:


-establecimiento de una escala de valores con el respeto a la vida como el primero de ellos;

-inculcar en los alumnos sentimientos de responsabilidad, respeto por los valores ajenos, concienciación del deber, aceptación de y respeto hacia la desigualdad, empatía ante el dolor del alter, sensatez, valor, amistad, rechazo a sentimientos negativos (antipatía, odio, rencor, venganza, etc.), desarrollo de los positivos.

-formación del sentido común para no ser demasiado engañado por los políticos de turno;

-desarrollar hábitos de convivencia, respeto hacia el sexo opuesto (no centrarse enfermizamente en las técnicas del follisqueo), urbanidad, limpieza, aseo personal, etc.

 

La enseñanza aséptica de los sistemas políticos es, desde mi experiencia, una utopía: ¿qué docente no muestra su simpatía o aborrecimiento por un determinado sistema?

A lo largo de mi vida he enseñado las bondades de la dictadura, luego su maldad intrínseca, luego las bondades de la izquierda, luego mi frustración ante la deriva que por estos derroteros adquirió España; y, antes y ahora, la decepción engendrada por la práctica que unos y otros hacen, el uso privativo y provechoso que los actuales políticos realizan, y mi convencimiento de que, caso de adoctrinar en algo a los alumnos, debería ser en esto principalmente: no dejarse engañar, embaucar por promesas y palabrería vana y ególatra.

Uno de los excesos más lamentables que han propiciado los nacionalismos, y al que no se le ha puesto coto ni freno, ha sido el haber dejado en sus manos ávidas la enseñanza: las nuevas generaciones están cada vez más alejadas del sentido de nación que debería conformar nuestra fuerza.

Y, fíjense amigos, sí han cuidado de expandir por toda la atmósfera patria el virus maligno de la televisión: personajes y personajillos aparecen y desaparecen en un continuo festival de elogios a lo que no debe ser una formación sensata de nuestra juventud. Una impresentable aparece gritando a lo que da que ella, la impresentable, por su hija mata. ¡Vaya por Dios! ¡Pues la aplauden! ¡Y la presentan como un ejemplo de triunfadora nata en esta sociedad de desatinos. Otro, un tal J.J., es otra de las estrellas más rutilantes de la pequeña y sucia pantalla: no tiene sentimiento alguno que ande encarrilado hacia lo que uno supone que debería ser válido en una sociedad normal.

Bueno, pues este jodido J.J. y sus auxiliadores forman la caterva más dañina y letal para que unos jóvenes, que los observan como a auténticos triunfadores, aprendan todo lo que no deben en cuanto a modos positivos de convivencia.

Se llega al extremo verosímil y kafkiano de estar los periodistas a la puerta de las cárceles del país para traerse a entrevistas provechosas a delincuentes que han esquilmado las arcas públicas: Mario Conde, Julián Muñoz, Maite Zaldívar, etc.

Allí me los tienes, presumiendo unos de que consumen drogas y afirmando otros con todo descaro que esconden el dinero en bolsas de basura: ¡personajuelos a los que se presenta como auténticos paradigmasm del éxito: salen en la tele y todo!

No, si lo que no entiendo es cómo aún hay jóvenes que intuyen que un macro-botellón no es beneficioso, que hacer carreras de coches es peligroso o que hay que currar para salir adelante en la vida. Y que hay otras salidas profesionales que no son el fútbol, el canto o el ser famoso.

Inocente de mí, que creo en la pedagogía del esfuerzo y la superación por el trabajo.

Vale