LOS PADRES DE LA PATRIA
 
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La Asamblea de Ronda. La famosísima Asamblea de Ronda. La primordial Asamblea de Ronda. ¿Sabe usted, amigo mío, qué se gestó en la celebérrima Asamblea de Ronda? ¿No? ¿De verdad no lo sabe?

Pues no sabe usted lo que ignora.

Me da igual. Se lo voy a decir, mire usted, que me ha pillado hoy de buenas: en esa famosa Asamblea, el Partido Socialista Andaluz coló un gol al Partido Socialista Obrero Español y nombra a Blas Infante como Padre de la Patria Andaluza. Jugada maestra. ¡Menuda! Un partido socialista jugándosela a otro partido socialista, ¡dale caña, hezú!

Bien, pues no es mi Presidente.

Ni quiero que lo sea, ¡ea! No y no y no. No. Blas Infante, no. Jamás.

Jamás. jamás, jamás.

Y, además, no se me puede obligar ya que la Constitución me garantiza la libertad de pensamiento.

Miren ustedes, podría aceptar que fuese el Padre de la Patria Andaluza José María el Tempranillo; posee muchos de los valores que nos caracterizan a los andaluces de pro, por ejemplo: cuando erraba un tiro es fama que José María mascullaba entre dientes la conocida frase ¡La puta que lo parió!, lo cual encuentro muy acertado, adecuado y, por ende, muy andaluz; otro: es fama, también, que don José María tenía una mula, animal muy andaluz, y un caballo de trote brioso, más andaluz todavía; otrosí, cuando entraba en un bar muy de mañana, siempre pedía un carajillo con la archisabida exclamación ¡Veneno, Tomás!, siendo Tomás el mozo que servía en la tasca que frecuentaba; luego, desde otro punto de vista, don José María gozó en vida de una reconocida fama de laborioso y perfeccionista en su trabajo, por más que éste fuera el de bandolero, oficio, por otra parte, muy ligado al de nuestra hermosa tierra andaluza.

Podría aceptar, con cierto esfuerzo, eso sí, pero, en fin, podría aceptar que el Padre de la Patria Andaluza fuese don Antonio Chacón o, en su defecto, el Camarón de la Isla; ambos encierran en sí lo más hondo y señero de la esencia andaluza en su variante hacia lo artístico: garganta más sabia que la más sabia de Triana, que es como decir, la más sabia de Andalucía o, en un decir, del mundo entero; ambos, claro está, tienen el inconveniente de que no son sevillanos y, por consiguiente, no son verdaderamente andaluces en el sentido más ortodoxo del término, pero caso de llegar a ser nombrados Padres de la Patria Andaluza (o sea, PPA) podría presentarse una moción para que se defina y determine como lugar de su nacimiento Sevilla y ya está.

A unas malas, podría aceptar como PPA a don Julián Muñoz, el cual tiene sobre todos los anteriores una ventaja decisiva: está vivo. No sólo lo está sino que, además, lo es. ¿Quién duda que Andalucía, conducida por su mano diestra y firme, en muy poco tiempo rebasará todas las marcas en cuanto a enriquecimiento sin, por ello, perder ese puntito de romanticismo que es, en su esencia, de lo más característico del alma andaluza? Como es lógico, el hecho de su nacimiento extrarregional carece de importancia dada la capacidad de arreglo que tienen nuestros actuales políticos cuando se ponen.

No acepto a don Blas Infante. No.

Estoy abierto a sopesar otra candidatura amén de las propuestas aquí, pero a don Blas, con el debido respeto, no lo acepto.

—¿Razones, dice usted, amigo mío? Muy sencillo, don Blas es moro, o sea, su religión es la islámica.

—¿Está usted de coña? ¿Moro, don Blas?

—Sí señor, moro. Desde que el 15 de septiembre de 1924 abrazó la religión de Mahoma.

—¡Ande usted?

—Andando voy, andando vengo, don Blas fue moro y lo mantengo: en ceremonia a tal efecto, o Shahada, celebrada en una pequeña mezquita de Agmhat (Marruecos) en el día de la fecha citada. Testigos fueron Omar Dukali y uno de los Al-Ahmar. Tomó el nombre de Ahmad, o sea, el que actúa, en moro.

—¡Eso es gana de liar las cosas! ¡Don Blas convertido al Islam!

—¡Sí, señor! Ahora bien, si usted quiere ver lo blanco negro, puede usted hasta convencerse de que el acto de renegar de su cristiandad para incorporar el Islam a su ser fue un acto de visión intuitiva de la Historia por parte del gran líder que en vida fue.

—Ya. Y tururú. Aunque, bien visto, hay que reconocer que una parte de Andalucía, la que en tiempos de Franco era más franquista que el mismísimo Dictador, la misma que desde la implantación de la actual dictadura socialista es más socialista que el mismísimo Lenin, a no dudar le importa tres pepinillos que la tierra de María Santísima sea al mismo tiempo la del Padre de la Patria Andaluza, don Ahmad Infante Pérez, de los Beni-Pérez de Casares.

Lo importante es, ¡que no decaiga!

¡Y que no farte de ná!

¡Ea!

Vale