¡A QUE LES SUENA?
 
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En el gobierno griego la corrupción ha sido una constante durante los últimos años. Un país que tiene la tercera parte de la población española ha asistido sin reaccionar, perplejo, al despojo de la nación por unos cuantos.

¿A que les suena?

La situación ha llegado hasta tal extremo de falta de recursos que el Gobierno ha tenido que adoptar un plan de austeridad impuesto por los gobiernos extranjeros que tienen gran cantidad de moneda invertida en su deuda.

¿A que les suena?

Las medidas incluyen subir el IVA, congelar pensiones, bajar salarios públicos, subir impuestos a carburantes, alcohol y tabaco. Es un sentimiento generalizado en el pueblo heleno que sólo la gente común paga, no aquéllos que son responsables de haber llegado a estos extremos.

¿A que les suena?

Se preguntan por qué no hacen que devuelvan el dinero los que robaron, por qué no están en la cárcel, y piensan que el Gobierno no tendrá éxito con estas medidas que califican de duras e injustas.

¿A que les suena?

Leire Pajín está que se sale: ha expresado su compromiso de que los primeros en dar ejemplo serán los cargos públicos en todas las administraciones públicas, los cuales van a bajarse su sueldo más que los funcionarios a los que más se les aplique. Suponiendo que doña Leire se baje el diez % del suyo de, digamos, 20.000 euros al mes, cobrará tan sólo 20.000 – 2.000 = 18.000 euros al mes. Tres millones de las antiguas pesetas cada mes.

¿A qué les suena?

Lo van a hacer todos los altos cargos del Gobierno central, de los autonómicos, los representantes del Congreso, los del Senado, los de los 17 (¿o 19?) parlamentos autonómicos, los de las Diputaciones y, por último, alcaldes y concejales.

¿A qué les suena?

No ha mencionado a los asesores varios, que son una buena pandilla con unos buenos sueldos; por poner un ejemplo, y como es público y sabido, un asesor de Diputación en capital de provincias cobra más de 3.000.euros al mes (que se sepa); si le quitamos un 10 %, le quedan 2.700 euros al mes de retribución que se le concede por su leal pertenencia a un partido político, no por hacer algo u otro mérito demostrado.

¿A qué les suena?

Tampoco dice nada de aquellas retribuciones extra-oficiales y vox-populi (o sea, regalitos, tarjetitas crédito, cochecito oficial, dietitas, gastitos alojamiento, gastitos libre disposición, gastitos representación, beneficitos fiscales, viajecitos de gañotito, indemnizacionitas varias, etc., etc.,) ni las ocultas (comisiones, más regalitos, puestos a familiares, etc.).

¿A qué les suena?

Eso sin contar que yo, en concreto, aún no sé qué coño asesoran. Bueno, sí, a partir de las palabras del ínclito Diego López en el papel protagonista de su memorable actuación filmada, sí me lo puedo imaginas. Es más, me lo imagino. Creo que ustedes también.

¿A que sí?

Ni, afinando aún más, sé cuáles son exactamente las distintas competencias entre las múltiples administraciones. A decir verdad, para mí que ni ellos mismos lo saben. Llamas a tal oficina de tal administración y lo primero que te sueltan, antes de terminar de indicar qué coño preguntas, es que allí no es sino en la otra y, a continuación, de seguido, que por supuesto que allí no es sino en la otra.

¿A que sí?

El Senado es cosa aparte, sí. Sirve para muchas cosas. Por ejemplo, sirve para..., espera, espera, déjame que lo piense..., ¿No hubo una vez alguien que ventoseó muy ruidosamente en él...? O, ¿fue en el Congreso? No, para mí que fue en el Senado.

¿A que sí?

Las autonomías, ¡ah, amigo mío, ahí sí que me ha pillado! Veamos, las autonomías sirven para aligerar, ¿no?, y agilizar, ¿no?, y prestidigitar, ¿no?, la administración y estudiar, ¿no?, y replantear, ¿no?, y postular soluciones, ¿no?, a los problemas que crean las..., ¿cómo se llaman...?, las..., bueno, ésas, las autonosécuantas, unas que sólo hablan el español y les hace falta intérpretes y eso.

¿A que sí?

Lo primero que yo hacía en los años de la Dictadurísima era, nada más levantarme, cagar, al tiempo que pensaba en Franco y en mis asuntillos, como por ejemplo, rezar para que le viniera alguna cosa o algo, aunque fuera rápido, y cascara; luego, ¡llegó la democracia!

¡Por fin!

Los asuntos del Estado iban a empezar a caminar por la senda constitucional de la mano del Gobierno y entre los aplausos y bendiciones de los administrados y la admiración y loas hacia sus administradores.

¡Por fin!

¡Se erradicaría el nepotismo, el clientelismo, el amiguismo y entrarían cabalgando triunfales y elegantes el premio al esfuerzo, la seriedad y el bien hacer, el trabajo alegre y recompensado adecuadamente, la honradez y la confianza, vamos, el imperio de la Ley!

¡Por fin!

¡Nuestros políticos nos darían ejemplo de lo que debe ser el ciudadano de la democracia, iríamos por el mundo con la cabeza levantada, ningún europeo nos consideraría ciudadano de segunda, nadie se reiría más de nosotros, África no empezaría en los Pirineos!

¡Por fin!

Pues eso, que ahora me sigo levantando y lo primero que hago es lo mismo que hacía. Sólo que he dejado a Franco en paz y bien enmierdado. La verdad, ni me acuerdo de él. ¡Qué bromitas te gasta la vida! ¡Quién me lo iba a decir!

Bueno.

Me dedico, eso sí, como deporte a medias entre lo mental y lo somático, a mis cosillas y a ellas me aplico. De un tiempo acá me ha dado por reinar en la figura de nuestro competentísimo Presidente del Gobierno. El de la ceja, ¿saben? Cuanto más pienso en el más me deprimo. Cuanto más me deprimo, más me acongojo. Y cago más. Es una ventaja.

Bueno.

Pasa que cuando dejo de pensar, en un revoleo o algo me viene a la cabeza la figura de la Maleni y entonces, ¡zas!, vuelta a pensar y pensar y, como por asociación de imágenes, ¡allá que me acuerdo del Bermejo!, y ¡zas!, vuelta a pensar y a pensar. Es lo que hay.

Bueno.

A veces he de concentrarme en no pensar porque, si no, divago y acabo cayendo en Unicaja y la Aído. Cuando me pasa esto me entran unas ganas locas de no parar de pensar que apenas si me puedo levantar, como le pasaba al de Mecano. Sí.

Bueno.

No obstante, optimista de por sí como soy, creo que ahora estoy muchísimo mejor que con la Dictadurísima: antes había poco donde elegir; ahora, sobran. Hay días que salgo llorando del cuarto de baño. De risa, claro. Entonces me acuerdo de que si no estoy conforme, vote a otro, me da otro ataque de risa y vuelta a entrar.

Bueno, la verdad, si llego a saber que la Democracia iba a ser esto...

 

Nota del redactor: A todo esto, un abrazo queridos amigos Consuelo y Joaquín; personas como vosotros dan, ciertamente, sentido a la vida de los demás. Vale.

Vale