EL TIO DE LA BICI
 
11
 

 

Acabo de leer un maravilloso artículo escrito por el Excelentísimo Señor don Juan Carlos Usero, que es el Presidente de la Excelentísima Diputación Provincial de una provincia española. Me he quedado de piedra. ¡Vaya un tío, perdón, un señor excelentísimamente cabal y mirado por la peseta pública, perdón, por el euro público! Con tíos así, perdón, con personalidades así no me logro explicar cómo vamos con la economía hecha una mierda, perdón, unos zorros.

Se tira el pájaro, perdón, el tío, perdón, el señor Usero, un amplio espacio periodístico, que amabilísima y generosamente le cede una Vozdesuamo, dándonos cuenta de cómo y lo bien que mira por la sostenibilidad del bolsillo y el medio ambiente del contribuyente eterno: ¡Ha dotado de un servicio gratuito de bicicletas a los trabajadores de la Institución! Así, con mayúscula: la Institución. Supongo que la tal Institución será la Diputación de marras. ¡Ah, y también ha colocado aparcabicis en todos los centros de trabajo!

Si es que este tío, perdón, este Excelentísimo piensa en todo.

Bueno, pues yo me voy a intentar colocar en el aparcabicis de la Diputa como gorrilla. No, no piensen ustedes que es por el dinero, que por supuesto que sí, sino, sobre todo, por el morbo de ver llegar al señor Usero caballero a la jineta, en su bici, corredor:

—Excelentísimo, ¿me permite? —mientras hago por echarle uñas al cacharro. De momento:— ¡Buenos días, Excelentísimo! —y se lo aparco. A continuación:— ¡Me cago en el PP, Excelentísimo! —Para acabar:— ¿La voluntad, Excelentísimo? —en tanto que le paso un pañito por al manillar sudado de sudor honrado y excelentísimo.

¡Sólo de pensarlo, lloro de emoción!

Y digo yo, digo, ¿se imaginan al señor Usero cuando llegue hecho una sopica porque está lloviendo?:

—Excelentísimo, ¿me permite? —mientras le pongo el paraguas sobre su testa empapada. De momento:— ¡Buenos días, Excelentísimo! —A continuación:— ¡Esto es cosa de Aznar, Excelentísimo, el tiempo, digo, la lluvia, vamos! —Para acabar:— ¡No, no, Excelentísimo, hoy no acepto la voluntad porque para mí es suficiente con el ejemplo de entrega y sacrificio sostenible que me da al acudir a su sillón y a su calefacción en día tal como el que el PP ha propiciado para que Su Excelentísimo se ensope, me cago en el PP!

Sí, señor. Ejemplo a seguir por todas las Diputas del país, creo.

Porque es que, encima, está el inmenso ahorro que va a experimentar el presupuesto de la Diputa cuando se cercenen los gastos inmensos que conlleva el parque automovilístico: ¡Va a sobrar dinero a mantas! A lo mejor hasta hay para que sometan a terapia reparadora algunos caminos y carreteras que ya, ya.

O, no, ¡mejor todavía!, PARA CONTRATAR ALGUNOS ASESORES MÁS. Sociatas o PALmeros, claro. ¡Eso! Porque, ahora que caigo, don Diego López, el Cervecitas, se podría quedar en el paro si el parque automovilístico se inmoviliza. ¿Se imaginan a don Diego mirando y mirando y venga a mirar por ver de trabajar en alguno de los vehículos a su cargo, rabiando por sudar trabajo honrado, y el vehículo que no aparece? ¡Se lo habrá bebido!, incluso podrían decir los malpensados. Y don Juan Carlos Usero que sale al quite:

—¡NI HABLAR, NI HABLAR, ES QUE ES ASESOR OTRA VEZ!

Con lo cual, al saberlo, todos respiramos aliviados: España está jodida, pero, al menos, don Diego López trabaja. De nuevo es asesor de la Diputa. ¡Gracias sean dadas a Marx que con tan eficiente mano de obra nos provee!

—No, no —nos aclara don Juan Carlos Usero—, ahora no tiene que ver con el extinto parque automovilístico de la Diputa; ahora es nuestro asesor en tomas de vídeo y experto en relaciones con Intereconomía.

Don Diego venga a sonreír con esa cara que Dios le ha dado. El Dios de los ateos, por supuesto.

Vale