POLÍTICOS (I)
 
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Han armado una muy catalana con eso de las esposas en las muñecas de unos sinvergüenzas, catalanes por más señas, de la gran burguesía, por más señas, ladrones de alto copete, por más señas, políticos, por supuesto, y presuntos, para acabar.

Resulta que no tenían que haberle puesto las esposas ni haberles obligado a cargar con ciertas bolsas de basura llenas, no de los acostumbrados fajos de 500 eurillos, sino de útiles y ricas pertenencias carcelarias.

Exigen responsabilidades al que se le ocurrió la idea de exponerles al escarnio público (!). En conjunto, según deduzco, parecen estimar que con tal afrenta como es ésta, ya han sufrido los pobrecitos presuntos más de lo que debían y han sido tratados, no como políticos, sino como presuntos delincuentes, que es lo que son. De haberse tratado de otros pajaritos no incorrectamente políticos, nada habría pasado.

Bueno, ¿y por qué han de ser tratados de manera distinta quienes tienen como primer deber y obligación primera dar ejemplo de conducta honesta al resto de los ciudadanos?

Quienes se dedican a la vida pública ya saben que su vida ha de ser límpida y transparente como el cristal; han de cumplir las leyes, que ellos redactaron, con un mayor escrúpulo que el resto de los que bajo esas leyes se rigen. Si se las saltan, están dando con ello un ejemplo incomparablemente peor al del bombero que es incendiario en su horario laboral, al del policía que se aprovecha de su placa para pasarse por la piedra a las extranjeras que llegan a determinada estación, al del maestro que hace uso de su posición para practicar la pederastia, o al del cura que aprovecha el secreto de confesionario para atesorar información de la que hacer uso infame: jamás deben quedar impunes. Es más, han de ser expuestos al conocimiento público. Iré más allá: al escarnio. Y si me apuran, añadiré que político que roba no tiene cien años de perdón sino el resto de su vida para no aplicarse a una dedicación tan importante para el bien común como es la política.

Para colmo, los tales presuntos no han robado a los ricos, no: han robado al pueblo que confió en ellos. Me lo han dejado en pelotas, lo cual es ya más grave en estos tiempos de crisis, cuando hay quien no tiene ni para dar cobijo decente a sus hijos. Algunos, ni para darles comida si no contaran con la ayuda de Cáritas (¡bendita sea!).

DESINTERESADA.

Otros pobres, ni aún así.

Ellos, a nadar en la abundancia robada. Quiero decir, presuntamente robada y ciertamente desaparecida.

Miren el ejemplo de uno de ellos: salía de su casa fastuosa en Barcelona y en su cochazo de lujazo y, al llegar a las cercanías del núcleo cuyo ayuntamiento presidía, antes de que la gente le viese, cambiaba prudentemente a un cochecito municipal y así arribaba a su alcaldía.

—¡Qué bueno nuestro alcalde! —clamaban sus administrados al paso de tan mínimo vehículo—. ¡Mirad en qué vehiculillo se desplaza! —confiados los pobrecitos en que no se estaba enriqueciendo a costa de la cosa pública—. ¡Loor y prez a nuestro alcalde!

Ahora, claro, se echan las manos a la cabeza por un trato tan inhumano para persona tan cívica. Presuntamente. Bien, pues a la vista de tales lamentos, quejas y reclamaciones, pregunto a usted, mi querido amigo, sí, sí, a usted: En su docta opinión, ¿qué tipo de trato habría sido merecedor para tal alcalde al objeto de no haber desatado las iras de tan culto pueblo? Elija, vamos, elija, que es de balde:

¿Tendrían que haberles

1) metido bajo palio y tocado a su paso la Marcha de Infantes, y así hasta la puerta del saco?

2) sacado a hombros por la escolta policial mientras el Orfeón Catalán interpreta el pasodoble “Los Segadores y al Bote”, del ilustre maestro Millet la Pela, y así hasta la puerta del saco?

3) organizado acto fastuoso en el curso del cual se les nombrara Hijos Predilectos de Cataluña, y a continuación al saco?

4) puesto una alfombra blau-grana modelo ÓSCAR e interpretar a su paso camino del saco las sevillanas de Juanito Guerra?

5) sacado abono directo y eterno para ver los partidos del Barça en la tele del Sevilla 2?

Las posibilidades, querido amigo, son infinitas; no obstante, sí que tengo una cosa clara y me reitero en ella, y disculpen mi pesadez:

 

DEVOLVEDNOS LO ROBADO, SO LADRONES


Y desde aquí, mi respeto a todos los que agarran a los ladrones, los llevan a la puerta de la trena, les dan su saco y los meten en el saco, aunque sólo sean presuntos, si es que son políticos. De profesión, quiero decir.


Vale.