CUESTIÓN DE CABEZAS
 
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Ésta ha de ser la primera cualidad que hemos de valorar en un gobernante; el que no la tenga, a la puta calle (que diría mi amigo Arturo).

Y es la honradez.

Pero es curioso: somos muy puntillosos, melindrosos y exigentes cuando se trata de proveer puestos en la administración; algunos creen que en exceso; por ejemplo, para ejercer de jardinero uno tiene que aprenderse los puntos de no sé qué ideología de la comunidad de la cual se trate, dialecto, trajes regionales, bailes o comidas típicas, estatutos de autontería y otros. SIN EMBARGO, para aquellos puestos que son los realmente claves, los puestos de gobierno, ¿a quién elegimos?

Veamos el PP valenciano: mientras el partido intenta cerrar filas en un congreso extraordinariamente tomapelo y autobombo, el pájaro electo (en lista cerrada) más egomaníaco y mejor vestido ha volado. ¿Adónde? ¡Ah, pues a lucirse con Ferrari! Y vestido de punta en blanco, claro. ¡Qué guapo iba al mando del cochazo!

Veamos el PSOE andaluz: tras toda una dictatocracia de veintitantos años, más de un millón de parados. A la cabeza. ¿Y la cabeza? Pues en Madrid, defendiéndose de un presunto trato de favor hacia la empresa de su hija; no, no piensen ustedes mal, nada del otro mundo: diez millones de euros tan sólo. ¿Y el candidato? ¡Ah, pues en estado de esperanza! ¡Qué bueno es!

¿Cómo es posible que permitamos que dos ejemplos tan perversos de lo que no debe ser un gobernante sigan estando a la cabeza de sus respectivos? Pues, según mi amigo Arturo (el de alaputacalle, ya saben), la culpa la tiene Franco. Sí, verán: según él, Franco castró la iniciativa a dos generaciones; con ello se llevó también el orgullo que tenía la gente de inmediatamente después de la Guerra (de la de Cuba); a cambio nos dejó anulados para adaptarnos a los nuevos tiempos, o sea, hemos adquirido el hábito de aguantamos y aguantamos y aguantamos por coacción intrínseca a hacer algo: el ridículo nos espanta, la vergüenza nos cohíbe. Por ello, ni el amor hacemos (que antes llamábamos follar).

Tan ridícula y esperpéntica es la postura de don Rajoy, haciendo como que aquí no pasa nada (en lugar de echar alaputacalle al Camps) como la de don Zapatero, bajando triunfalmente, como César en el Circo Máximo, a reunirse con sus palmeros (en lugar de echar alaputacalle a la cabeza muy visible de ellos). Más aún si tenemos en cuenta que ninguno de los dos está haciendo nada en lo de apretarse el cinturón: para mí que Camps no sabe que tal prenda de vestir existe; y que la cabeza no sabe que pueda utilizarse para otra cosa que para dar zurriagazos a quienes no comparten sus ideas burguesas de la “Andalucía Imparable”,“Andalucía a la cabeza”, o “La nuestra”.

Otra cosa es que elijamos (cuando llegue la hora de que elijamos, si es que éste demuestra ser el camino a recorrer, y si es que se encuentra medio para ilustrar al pueblo, pues el de comprarlo ya se ha encontrado, puesto en práctica y visto a dónde nos lleva) como cabeza a un san Francisco, personaje, a lo que dicen, de lo más pacífico, ingenuo y pasmado que te puedas imaginar. Esto de pasmado lo deduzco porque dicen que creía hablar con los pájaros, cuando todo el mundo sabe que los pájaros no hablan sino que pían; bueno, al menos, los de pluma y sin pelo, pues lo otros, los de pluma y con pelo, o los de pelo y sin pluma, ya sabemos que más que hablar, graznan (recuérdese el pájaro de tan triste memoria Gil y Gil, fallecido treintipico años después de los tenderos de SPAR y familiares que murieron en Los Ángeles de San Rafael como resultado de su codicia).

Un san Francisco será muy bueno como santo; como cabeza de un gobierno entiendo que sería un desastre. Cualquier Costa le diría: “Mira, mira lo que hay allí” y, mientras el otro miraba, se llevaría la tira de millones sin darle nada a cambio. O cualquier hija suya le diría “Papi, papi, pasta”, y él le daría una cantidad espeluznante de euros de los nuestros, diez millones o más. De manera que, como cabeza, desastroso. Entonces, dirán ustedes, ¿qué? Los pillines que charlatanean como sirenitas no te gustan; los santos buenos de puro tontos, tampoco; ¿qué andas buscando? ¿O es que eres un incordio que solamente pretendes cargarte la Democracia, tío?

Pues miren ustedes, sí: soy tan ingenuo como iluso. Busco como cabeza a persona humana que sea:

Honrado para el pueblo al que guía, ejemplar en su comportamiento hacia este pueblo, claro en sus costumbres y transparente en su economía, prudente en sus amistades y tajante con los que a él no sirven porque no sirven al pueblo sino a ellos. Que, además, dé a Caritas los regalos que a él den; sea borde como piojo y trabajador como hormiguita, en lo que a la defensa exterior del negocio público se refiere. Y, por supuesto, saber que él es el ÚLTIMO CIUDADANO, no el primero: Éste, el primero, ha de ser aquél a cuyo servicio está.

¿Lo ha hecho Rajoy con Camps? ¡NO!

¿Lo ha hecho Zapatero con el otro? ¡Ah, pero es que había que hacer algo?

¿Por qué? ¿Por qué se lo permitimos?

Pero es que aquí, en nuestra cercanía, también cuecen habas. Los de El Ejido, cabreados. Pero no porque tengan que dirigir sus instancias, oficios y otros documentos oficiales para su alcalde al pabellón nº 2 de la prisión de El Acebuche, no: lo están porque al pobre (con perdón) lo han pillado con la masa en las manos. Dicen, y a saber si tienen o no razón, que en otro sitio no lejano hay otros más y mejores. O peores, según se mire. ¿Por qué a este Juanito? ¿Por qué no al otro? ¿Qué tiene nuestro Juanito que no tenga el otro?

Pues bien, en nuestro afán de ilustrar al pueblo, en este caso, al bonito, laborioso y ejemplar pueblo de El Ejido, nosotros le indicamos cuatro razones que vienen a justificar, según nuestro parecer, la elección prioritaria de su Juanito frente al otro:

1) el otro Juanito es más guapo;
2) el otro Juanito es más guapo;
3) el otro Juanito es más guapo;
4) el otro Juanito es más guapo.

No dudamos que, además de estos cuatro motivos, ya de por sí más que suficientes para argumentar la nominación de su Juanito como apto para tal prueba, habrá otros muchos. Tampoco dudamos que ustedes, listos como son, ya han dado con ellos. Envíenlos con su comentario a este su sitio web y para nosotros será una satisfacción enorme enumerarlos. Se respetará el anonimato de quien así lo exprese.

Vale