DE ETARRAS Y OTRAS BESTIAS
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Acaban de morir dos muchachos asesinados en un pueblecito de las Baleares. Dos más de las y pico calaveras que llevan engastadas en sus culatas gloriosas estos comandos de ETA.

¿Comandos? ¿Y a mí que esta palabra me trae connotaciones militares? Diré más: heroicas. Evoco la palabra y de momento me vuela el pensamiento a los tiempos en que hombres imbuidos por motivaciones inherentes a su propia entidad, cuando menos, arriesgaban sus vidas; así lo hacían por defender a sus hijos, esposas, padres y demás seres queridos; sus propiedades e, incluso, creencias. Por ello exponían su vida y muchos la perdieron; el recuerdo de algunos sobrevivió, suele pasar; otros muchos se fueron y de ellos nada queda. Salvo, eso sí, el resultado de su entrega.

Bueno, pues resulta que, aunque pacifista convencido, creo que llamar comandos a estos asesinos es ultrajar tal memoria. Por ello propongo, esto es, humildemente propongo cambiar el vocablo comando para designarles gava (plural: gavas), por grupo asesino vasco, o sea: conjunto de bestias que, amparadas por un atavismo trasnochado de origen racista con tintes religiosos, se gana la vida matando a traición y cobardemente a personas que intentan conseguir de forma honrada sustento para ellos y sus familias. Aunque la realidad es peor aún: no asesinan sólo a estos trabajadores, no, asesinan a niños, embarazadas, ancianos y a quienes tengan la mala suerte de ponérseles a tiro, trabajen o no.

Otra cosa: ¿izquierda abertzale? ¡Por favor, algo de respeto para la izquierda! En ella hay y ha habido personas que no dejarán de sentirse ofendidas al etiquetárseles con la misma fórmula que a estos asesinos desalmados. Llámenle abertzales si quieren y los propios vascos aceptan tal adjetivo, y dejen en paz a la tendencia política de Besteiro, Antonio Machado, o don Melchor Rodríguez.

No soy partidario, pienso que nunca lo seré, de tratar a los etarras de forma distinta a lo que son: asesinos que cobran por matar no por ideología sino porque es su medio de ganarse la vida. Han delinquido: caiga el peso de la ley, sin ninguna benevolencia, sobre ellos. Sus víctimas lo demandan: todas, muertas bajo tierra y muertos sobre ella, claman con el derecho que les da sus esperanzas truncadas de modo tan vil, alevoso y cobarde. ¿A qué condenarles a miles de años si se sabe a ciencia cierta que no van a cumplir más allá de los que la naturaleza permite? Y, por otra parte, ¿para qué, para dejarlos en libertad al poco tiempo y que sigan ofendiendo a sus víctimas con su chulería y a los ciudadanos corrientes con la burla a la Justicia que todo ello implica? No, hombre, no: Que se les condene a cuarenta años, por ejemplo, y si estamos en 2009 que no salgan hasta el 2049. Lo sepan ellos, sus familias y colegas: no van a salir hasta que pase todo el tiempo de su condena. Sus víctimas no van a salir jamás.

¿A que andar con miramientos en tanto que cumplen sus penas? ¿A qué tienen miedo los organismos competentes al proporcionarles facilidades que los demás internos no disfrutan? ¿Es que temen que les vayan a agujerear el culo o qué? No, hombre, no: Que cumplan sus respectivas condenas en las cárceles habilitadas para que en ellas purguen maldades los peores desechos de nuestra sociedad. Y nada de aislamiento en zonas más o menos especiales, teles, champán, comilonas ni vis-a-vises otros que los que establezca la ley para los demás asesinos.

Nunca perdonaré al gobierno la salida de prisión de un canalla de la talla de Josu Ternera. Ni dejar sin respuesta tanta bravuconería y falta de respeto a unos tribunales que, aunque ellos no los acepten, son los que van a y tienen que juzgar sus fechorías porque ésta es la nación en donde las han cometido.

¿Redimirlos? ¿Odia el delito y compadece al delincuente? No, señor, no: odia el delito y compadece a la víctima. Y ayuda a sus familiares a superar el atropello cometido contra ellos: rediman ustedes, señores del gobierno, a las víctimas y sus familiares que son los que en verdad han sufrido. ¡Ah, y señores de la Iglesia, ahora es el momento de obrar, de actuar con rectitud cristiana! No vengan luego, cuando hayan pasado la tira de años y todos estemos más pelados que el huevo de Colón (siempre creí que tenía dos, aunque esto no viene al caso) a pedir perdón por el comportamiento y la actitud de determinados jerarcas y representantes de Dios en la Tierra para con estas alimañas. Su petición entonces no dejará de ser lo que por aquí, por el sur, llamamos un brindis al sol.

¿Negociación? ¿Pero qué van a negociar? ¿Qué hay que negociar?¿Saben lo que en verdad habría que negociar, señores del gobierno? Pues se lo voy a proponer: convoquen un referendum para la implantación de la cadena perpetua de cuarenta años o, si me apuran, de la pena de muerte por garrote vil para los que maten a un inocente cobrando de eta. Por más que este inocente sea un niño. O una embarazada. O un anciano aunque éste, al fin y al cabo, da casi igual: lo que tenía que ver, ya lo ha visto; lo que tragar, ya ha tragado; lo que perder, ya ha perdido. Hasta la esperanza.

Vale