REPÚBLICAS Y REPUBLICANOS
 
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¿Por qué intentamos ser tan inconformistas los españoles?

Con la actual monarquía llevamos más de 30 años de paz, ¡paz!; de libertad, ¡sostenible!; de crecimiento económico y social.

Entonces salen los inconformistas: queremos República. O sea: ¿no hemos tenido suficiente con dos experiencias a cuál más nefasta?; ¿creemos que una sede presidencial republicana nos va a salir más barata, objetiva, honrada y representativa que una Casa Real?; ¿estimamos que la actual Casa del Rey no ha realizado su función con cierta decencia, honestidad, oportunidad, valor, honradez y, sobre todo, respeto a todas las tendencias?

La primera experiencia republicana, 4 presidentes en 4 años, no fue modelo de estabilidad ni mucho menos; sino que vino a poner de manifiesto la poca operatividad de este sistema para la idiosincrasia del espíritu español. No obstante, y por si quedaban dudas, ahí está la segunda, aún más nefasta que la primera: preludio de una guerra fratricida alimentada en gran parte por los odios y diferencias enervados a lo largo de sus seis años de vivencia agónica. ¿Qué queréis, una tercera y todavía peor experiencia? Porque para ser burro con tropezar dos veces en la misma piedra tienes carnet de 1ª garantizado, sostenible y estratégico.

Si echamos un vistazo a las naciones con régimen republicano en la actualidad, es discernible que hay un cambio en la representatividad institucional del Estado; sin embargo, este cambio no significa necesariamente que haya sido a mejor si comparamos con lo que en nuestra patria significa la realeza personificada en la persona de don Juan Carlos I. Ello no obsta para que se renueve a diario esta valoración y se proceda a debate si y cuando se den los factores objetivos que así lo demanden.

Hasta ahora, en mi criterio, estos factores no se han dado: el rey ha ejercido una representatividad discreta, responsable, barata, honesta y bastante decorosa. ¿A qué, pues, cuestionar una entidad que funciona comparativamente bien a como lo hacen otras muchas instituciones del Estado? ¿O es que vamos a culpar al Rey de los males que actualmente se ceban en nuestro país como consecuencia de una pésima administración efectiva del poder?

De lo que no hay duda es de que cualquier Casa Presidencial conllevará unos dispendios partidistas que habremos de soportar entre todos: y aún más los sanguijuelados que las mismas sanguijuelas. ¿Se imaginan ustedes a un Carod- Rovira (ese impresentable que, merced a unos pocos votos, lleva a sus hijos al Liceo Francés de Cataluña, impone la enseñanza y el rotulado en catalán, reparte subvenciones y obsequios a sus amigotes con total impunidad, y gasta el dinero con una carencia total de humanidad hacia cuatro millones de necesitados) de Presidente de la República? A mí, en concreto, se me espeluzna el pellejo sólo de pensarlo.

Claro, pasa que yo entiendo el catolicismo como una fábula; el Rey, no. Carod-Rovira, sí. Yo, también. Y, por supuesto, prefiero al Rey y al catolicismo actual si la otra elección es lo desconocido, el islamismo o la masonería: el Rey respeta mi libertad y mi agnosticismo como nadie hasta ahora lo había hecho.

Luego viene el asuntillo ese de la pela es la pela. Estoy sencillamente conforme con que el Rey tenga la partida que en los presupuestos generales se le asigna. Con lo que no estoy conforme es con otras muchas partidas que considero inútiles y auténticos dispendios vergonzosos. Si hay que ahorrar, ¿por qué no empezar por lo verdaderamente necesario? Ya no voy a decir lo que es del dominio público referente a los Ministerios fantasmas, sino que echemos un vistazo a las actividades de los políticos profesionales:

Nos piden que arrimemos el hombro: ¿y ellos? Pues asegurándose un sueldo de primera; sumando subida tras subida del mismo; excluyéndose del sistema general de acceso a las pensiones públicas para asignarse otro a su medida; escapando a una ley que no les puede agarrar por los cojoncillos porque la han hecho ellos; viviendo en un mundo propio, feliz y ajeno totalmente al país que desatienden; no resolviendo los problemas de los ciudadanos; postergando a la fauna votante autóctona en favor de la importada; dilapidando a manos llenas lo que no tenemos; haciendo por convencernos de que van a curar una enfermedad de 4 millones por medio de palabrería inútil de charlatanes ambulantes; desencuadernando una Constitución consensuada (véanse los casos de la libertad del hijoputa Juana Chaos, de la asfixia del castellano en Cataluña, ultraje de los derechos esenciales en el País Vasco); falta de idoneidad en la concepción y redacción de las leyes.

Ah, y otra cosa antes de que me olvide: Pienso que Suárez fue, ya lo he expresado en alguna de mis editoriales, un gran Presidente del Gobierno, un excelente caballero y un hombre de valor probado; con cada recuerdo que tengo de aquellos años en que nos dirigió está unido mi respeto y admiración hacia su persona. González, en cambio, me causó una de las decepciones más grandes y comenzó a socavar mi respeto hacia los políticos y su clase; permitió la corrupción más generalizada, abandonó la problemática nacional para dedicarse con casi exclusividad a la política de altas miras universales; y, por último, dejó que una persona más valiente y responsable que él, Barrionuevo, fuese a la cárcel en la soledad del miedo (a Vera no lo cuento porque más vale solo que...). Aznar no fue mal Presidente ni mucho menos; enrevesado, eso sí, pero puso toda su cabeza en el bien de España y tomó decisiones más que razonables: desde luego prefiero sus amigos (el Presidente USA y el del Reino Unido) a otros (Evo, Castro, Chaves etc...) que toman el pelo a nuestro actual Zapatero.

De éste, ni hablo.

Vale