NEPOTISMO
 
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—¡Ándate con ojo, don pájaro, ándate con ojo, que sé quien eres!

¡Sí, señor! ¡Exacto! ¡Cómo lo han adivinado? Es increíble.

Además, no cesaba en su señalar que los derechos de los alumnos son derechos inviolables: lo tienen a todo. ¿Por qué? ¡Pero si está claro: porque se lo merecen! ¡Ellos se lo merecen! Lo dicen por la tele a todas horas: tienes derecho a esto, a lo otro, a lo de más allá. ¿Por qué? ¡Pues porque tú te lo mereces! ¿Por qué? ¡Ah, pues por eso!

Luego vendrá la bruja Manola con las rebajas. Caerán en la cuenta de que, en realidad, únicamente se lo merece quien tiene caudales, bien por herencia, bien por trabajo. Por suerte lo tienen muy pocos. ¿Y entonces?

—¿Qué?

—Lo dicho, chaval; que eres muy bueno bailando y que cantas un rap graciosísimo y muy cojonudo, pero aquí nos hace falta otra cosa.

—¿Quieres decir que me echas? —Su exempresario:

—¡No, hombre, no! ¿Echarte? ¡Por Dios! Sólo que no te renuevo el contrato basura ese que se sacaron de la manga y te vas al paro, ¿comprendes?, y vete a reclamar a tu santo Patrón en los cielos, San Felipito Tacatún.

—¡Pero si me dijeron que yo tenía derecho porque me lo merecía! —Su exempresario:

—¡Pero si es eso, exactamente lo que te estoy diciendo: que te vas al paro porque tú te lo mereces!

Con tal razonamiento no cabe recurso de alzada ni de reposición ni de súplica, siquiera. Si fueras político sí que lo tendrías: categoría de aforado, que la experiencia nos muestra que quiere decir que si robas o haces trastada similar hay que sudar tinta para que se te juzgue; y, aún así, no tienes que devolver nada normalmente: Santa Rita, Santa Rita, lo robado no se quita.

—¡Pues me meto a político! —decides en un arrebato y en plan amenaza. También porque ves que es trabajo que se adapta a tu currículum: titulación ninguna, preparación menos, moral la indispensable y moldeable, dominio de la palabrería hueca y dilatada en el espacio y en el tiempo, cara de político, o sea, cara de político, y, finalmente, ambición sana y honrada de enriquecerte rápidamente. De manera que allá que te vas:— Quiero ser político.

El partido, no es que dé igual, que esto quede bien claro, pero lo cierto es que te debe dar lo mismo. De manera que te presentas en la sede del primero que te encuentres por el camino:

—Muy buenas. ¿Qué desea? —Tú:

—Hola, titi, quiero ser político. —La rubia:

—¿Estudios? —Tú:

—Primaria. Lo que mejor se me daba era el parchís, la gimnasia, el rap y el recreo. —La titi rubia:

—¿Tienes ideas propias? —Tú:

—Ni una. ¿Es que hacen falta? —La titi:

—¡No, por Dios: al revés! ¡Perfecto! ¿Sabes obedecer? —Tú:

—¿Cómo? —Ella:

—Que si te mueves cuando te van a hacer una foto? —Tú:

—Sólo lo justo para ponerle los cuernos al de delante. —En un arrebato de genialidad, añades:— Que siempre es uno del otro partido. —La rubia:

—Firma aquí.

Luego, el resto es fácil: sólo tienes que no decir nada salvo cuando te hagan hablar en público, en cuyo caso tienes que decir menos todavía pero con más palabras; por lo demás, hablar siempre bien de los demás, cuando presentes, y mal, cuando ausentes; adquirir dominio suficiente del facazo rejoneao administrado con preferencia por la espalda; ejercitar las tragaderas y adiestrar el gracejo y el sentido de la oportunidad. Tú:

—¿Ya está? —La titi:

—No; hay más: olvidar siempre lo que acabas de decir en cada instante para así poder hacer lo que te salga sin tener que mentir; porque, eso sí, un político nunca miente pero siempre dice la verdad de lo contrario de lo que ha dicho hace nada. ¡Político que engaña a sus electores es político amortizado!

—¿Ya está? — La titi:

—No, hay más: nunca te jactes de que no haces nada porque fíjate lo que le pasó a Diego López el Cervecitas.

—¡Hombre, quiero decir, mujer, tampoco es para tanto! De todas formas a Diego López no le pasó nada: sigue tan ancho y tan pancho. —La titi rubia:

—Tan ancho, sí; eso no se puede negar porque le seguimos dando para que se cebe y más. Tan pancho, no: ha tenido que estar callado y sin enredar demasiado durante la tira.

Luego, cuando ha pasado algún tiempo, te das cuenta de que no todo es un camino de rosas: hay mucho personal aspirante; algunos con unas facultades increíbles y un padrinazgo de agárrate y no te menees.

Por ejemplo, mira a Diego, no el Cervecitas sino el otro: borrico como él solo; embustero que no dice verdad a sabiendas; aficionado a las virtudes cercanas al delirium tremens; amigo de sí mismo y tan sólo; dominador como pocos del arte de la puñalada trapera cuando menos te lo esperas; con una habilidad crematística que no se pué aguantar ni el dinero resistir; amoral más que hijo de Judas y Lucrecia; sinvergüenza a machamartillo, etc., en resumen, porvenir: increíble.

Claro, ves casos así y sabes que es muy difícil que te logres abrir paso; de manera que has de hacer lo que nunca pensarías tener que hacer para poder asomar cabeza un tanto y que alguien se fije en ti. Aún así, no tienes recorrido todo el camino, ¡ni mucho menos! Conozco el caso de una mujer que si no es por su padrino jamás habría salido de Unicaja, y mírala dónde la tienes, ¿eh? O sea, desde el mismo momento de tu ingreso en el partido has de estar ojo avizor en busca de padrino: lengua presta para alabar o lamer; mano abierta siempre para pulsar lomo ajeno; risa a punto para reír gracias aunque no la tengan; mirada de pavo enamorado para cuando sea menester.

Por último, un rosario para rezar a tu santo favorito (cuando no te vea nadie, si eres de izquierdas; a todas horas y a lo ostensible, si de derechas).

Aún así, y aplicándote con toda tu alma, tampoco se te garantiza que ocupes escaño. Para acabar, está de la más rabiosa actualidad y da muchas posibilidades a tu favor en universos progresistas, hacer uso de vocabulario constructivo, por ejemplo: gran arquitecto, compás, el triángulo, etc. En los mismos tampoco se ve mal escupir en el suelo y hacer pelotitas con sustancias procedentes de orificios nasales propios.

¡Ah, que tiempos los de Maricastaña! No peores que éstos, ¿eh?, eso de seguro; sólo que la dictadura era de derechas. Aunque si te pones a pensar, ¿qué más da de izquierdas o derechas, eh?

¿Dictadura?

No, gracias.

¿Nepotismo?

Tampoco. Y los sindicatos, o que trabajen o que desaparezcan: políticos tenemos ya de sobra.

Engañabobos, más.

Vale