LA PEDAGOGÍA DEL ESFUERZO
 
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Amigos, ya va siendo hora de que se diga en voz alta: ¡la televisión que tenemos es la que tenemos! Así de claro y así de alto. Lo contrario, falso de toda falsedad. Y no me importa cacarearlo a los cuatro vientos y que todo el mundo se entere.

Pues bien, en esta televisión que digo, no es raro encontrarse un anuncio que parece estar pensado por alguno de nuestros actuales comisarios políticos de materia educativa; me refiero a ése en el que, tras presentar consumibles de los que deslumbran y despatarran a nuestros adolescentes, una voz muy convincente afirma, sin rubor y sin vergüenza alguna, que procede la posesión inmediata del bien en cuestión porque él/ella se lo merece.

Van, el anuncio y actitudes similares, van creando un poso de culto a la dejadez, a la indolencia, muy del gusto de nuestros escolares. También del de los comisarios políticos esos que dije. Buitres del voto, que es lo que en el fondo son y buscan con esta táctica: "¡Éstos son los nuestros! ¡La vida son dos días! ¡Vamos a votarlos!", dicen las criaturitas. Y eso es lo que hacen: votarlos. En cuanto tienen edad, que no criterio.

No niego que hay ocasiones en las que suena la flauta: un zagalón de mi vecindad, antaño zonguero impenitente, hogaño cantarín archimillonario. Pero éstas son las menos: por cada futbolista de primera, miles de parados de tercera. Regional.

"¡Dejadme que me equivoque!", dicen los pollitos.

"Dejadles que se equivoquen", dicen los comisarios y adláteres.

¿Y ahora?, pregunto yo. ¿Qué hacemos ahora que se han equivocado bien, la cosa tiene mal remedio, y la vida son más de dos días, eh? ¿Qué hago ahora con mis equivocados, señores comisarios políticos?

Les dan de todo: libros, permiso para faltar a clase, id. para faltar al educador, ¡ordenadores!, consentimiento para aprobar sin saber ni cómo, ¡imposibilidad práctica de suspender!

¡Ay, Señor, Señor! ¿Cómo no van a votarles los angelitos, con lo buenos que son y las de cosas que les dan y permiten?

Mientras: padres cada vez más angustiados ante el comportamiento filial; frustración juvenil que engendra una problemática que ya me gustaría, ya, que ahora supiesen resolver entre el cúmulo y disparate de desgobiernos que tenemos; falta de formación profesional; falta de formación personal; inválidos y minusválidos morales, ¡y yo qué sé qué más!

Lo más florido de nuestra esencia tirada por esos botellones, meándose entre sus vomiteras, follando entre los coches.

¿Satisfechos, señores defensores del porque-tú-te-lo-mereces? O del es-que-mi-hijo-es-muy-sensible. O del los-padres-siempre-tienen-razón, don Paco, los-padres-siempre-tienen-razón, que en aciaga ocasión me soltó un indeseable, comisario político educativo, también, cuando llamé la atención a unos gitanillos por faltar asíduamente al colegio para irse a ayudar a su papi a vender ¡en 1º de eso! Vamos, vamos, vamos.

¡Sacad el voto fuera de la escuela! ¡Sacad vuestros intereses políticos espurios fuera del ámbito de mis hijos! ¡Dejad a los niños en paz!

Idos, señores comisarios políticos, en paz vosotros también.

 

(soneto ridículo LXXXVII: La pedagogía del esfuerzo)

Si digo “Porque tú te lo mereces”
implico que tienes derecho a algo.
Dices tú: “Y lo tengo porque valgo”,
lo cual es la mayor de las memeces.

Podrás tener derecho algunas veces,
pero salvo que seas un rico hidalgo
que correr tendrás mucho más que un galgo
para lograr aquello que apeteces.

Excepto en muy contadas ocasiones,
que el sino amparará tus pretensiones,
si quieres prosperar has de sudarlo

Y es que, como predican los mormones,
¡llénate bien de aire los pulmones
que tenemos a la vista Montecarlo!

 

Vale

 

   
12-V-11