INDIGNADOS
 
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Vayan por delante mis más sinceras explicaciones: jamás se me ocurrió que poner la bandera nacional como fondo del soneto lamentable CIX: Nunca mais (lo cual puede ser consultado en la sección "Hojas de ayer") me iba a traer tanta crítica. La puse porque soy español, estoy orgulloso de mis antepasados, y respeto sus símbolos.

Pero no: no soy facha. Lo afirmo y me reafirmo. Tampoco soy de izquierdas. Lo afirmo y me reafirmo. Es más: estoy firmemente convencido de que quien asegura ser de izquierdas o de derechas "de toda la vida y por encima de todo" es, simplemente, un cándido palomo y presa fácil de aquellos grajos que tienen en la política su forma de trepar.

Yo sólo soy de quien lo hace bien y a él daré mi voto.

Mi voto democrático.

Porque ésta es otra: ¿Qué sistema político pretender implantar los indignados?

Es que, antes de prestar mi apoyo a alguien, tengo que estar bien informado de a quién se lo doy y, sobre todo, del porqué, por supuesto.

¿Quiénes son los indignados?

Hartos. Que están hartos.

¿Hartos? ¿Los indignados?

¡Y yo más! ¡Toda mi vida he estado harto! ¡Harto de la dictadura, harto de las trapacerías democráticas, harto de quienes se han aprovechado de un puestecillo para medrar, para imponer su cerrazón y su soberbia! ¡Harto! ¡Harto de desengaños, de políticos corruptos, de ladrones y de chanchullos! ¡Harto de decisiones jurídicas impuestas por jueces impuestos! ¡Harto de quienes miran más por lo suyo que por lo común! ¡Harto de EREs y Zaplanas! ¡Harto!

Harto de que me manejen. Harto de que cualquier dedo de cualquier puestecillo me lo meta por el ojo (es un decir) porque no le gusta mi cara y él es así de arrogante. Harto de padecer hambre y sed de Justicia.

¡Harto!

Por ello, por esta hartura, por este aprovecharse de mi buena fe y de mi candidez, por este transitar como borrico con orejeras toda una vida, no pienso prestar a los indignados el grano de arena de mi comprensión (que ninguna falta les hace, por supuesto).

Aunque reconozco que sí tienen mi interés por ese anhelo que parecen mostrar en la regeneración de la vida pública. Que, por otra parte, antes o después nos habrá de venir impuesto, creo y espero, como se le está imponiendo a Grecia. ¡Ojalá que nuestros nietos no tengan que sufrir las consecuencias que una política desgraciada está haciendo padecer a nuestros hijos! Y, de pleno y de rebote, a nosotros. Que el Dios de los ateos (y el de los creyentes igualmente, por supuesto) nos proteja de las dentelladas de los lobos. De los corderos también. Amén. Pues mucho me temo que estos corderos terminen su andadura, asímismo, en lobos. Y de un rebaño cuya calaña no conozco.

Otra cosa, y para responder a los que critican mi referencia al nunca mais y a Aznalcóllar: los que lo vivimos sabemos la que liaron los que la liaron, con el asunto del Prestige. ¡Y la que NO liaron los que NO la liaron, con el asunto de Boliden y las marismas del Guadalquivir! Pues bien: ¡eso es manipulación vergonzosa! Tan infame fue el vertido del barco como el de la presa de residuos; pero mucho más infame fue la ocultación que se hizo de éste segundo suceso. Y no digo ya de cómo la Junta de Andalucía lo "resolvió" porque esto pertenece a uno de los episodios más nefastos de la Historia andaluza. Que alguna vez habrá de ver la luz y los taquígrafos la verán. Ojalá nosotros también.

 

Vale

 

   
20-VI-11