SEVILLA, LUCES Y SOMBRAS
 
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         Cuando Franco era Franco y España esclava de sus caprichos (algunos de ellos, buenos), Sevilla presumía de ser joya de su corona: en ningún sitio se le aclamaba con más fervor patriótico que allí; los más franquistas, los sevillanos; los más falangistas, los sevillanos también. Lo digo porque lo he vivido gracias, principalmente, a los años que tengo.

         Vino la democracia y, de repente, Sevilla era la más demócrata de toda España: graciosamente había renunciado a su tradición derechona y se nos presentaba con la cara amable de Felipe González y la más adusta de Guerra y su pasada por la izquierda. Allí mamaron y crecieron figuras señeras de la nueva aristocracia sevillana, entre ellos los de la saga de los Guerra con Juanito a la cabeza, y la de los Chaves, con Ivanito y Paula.

         En ambas situaciones históricas, eso sí, Sevilla seguía siendo la más graciosa, la más chistosa, la de más salero no ya de España, ¡del Universo Mundo y sus estrellas!

         Pues bien, si yo no pago la luz, mi amiga de toda la vida, Sevillana, me la corta. No me da opción. Me la corta. La luz, quiero decir.

         Sin embargo, al Ayuntamiento sevillano le ha permitido que le llegue a adeudar una cantidad muy cercana a los confines del Universo Mundo y sus estrellas: ¡cuatro millones y medio de eurazos!

         ¿Que por qué se los debe? ¡Pues por qué va a ser: porque el Ayuntamiento ese, tan donoso, chispeante y sandunguero, ha consumido el equivalente a esa cantidad!

         —Pero bueno, si yo no pago lo que consumo, Sevillana me corta la luz ipso facto, que quiere decir de momento. No me deja ni respirar. Y luego, encima, si quiero tener de nuevo luz, tendré antes que pagar una cantidad, que ellos llaman acometida, y que significa que me la cobran por no hacer nada. Nada, claro, salvo haberme cortado la luz por no pagar.

         —Sevillana, no.

         —¡Cómo que no?

         —Sevillana, no; ahora se llama Endesa.

         Empiezo a intuir que me está tomando el pelo, claro; sólo que yo tengo más paciencia que él:

         —Bueno, pues Endesa.

         —Y la luz, no.

         —¡Ah, no?

         —No, la luz no: la energía eléctrica.

         Ahora estoy seguro. Pero yo tengo más paciencia que él:

         —Bueno, pues la energía eléctrica. —Ahora sí, ahora cargo a pecho desenvainado y espada en ristre:— ¿Por qué Endesa ha permitido que el Ayuntamiento sevillano le adeude esa cantidad y no le ha cortado la energía eléctrica?

         ¡Ahí! Pa que se joda.

         —No le ha cortado la energía eléctrica. —Y antes de que pueda decirle quién me parece que es su padre:— La energía eléctrica no se puede cortar: se corta su suministro.

         —Ya. —Y yo venga a mirarle.

         —Debe de ser porque ha llegado a algún entendimiento con el Ayuntamiento sevillano.

         —¡Ah, ya comprendo! O sea, tú no me pagas la luz…

         —La energía eléctrica.

         —…y yo, a cambio de que no me la cortes…

         —Su suministro.

         —…te doy tal o cual prebenda.

         —Eso es.

         Claro, eso me parece un delito: ocultación, a la luz y taquígrafos, de chanchullo en ciernes. Y se lo digo:

         —Pero la democracia se creó para impedir este tipo de asuntos, ¿no?

         —Claro. Pero ¿quién le ha dicho que estemos viviendo una democracia?

         —¡Ah, no?

         —No. Si estuviéramos viviendo una democracia, ya estaría el fiscal general del Estado o algún equivalente autonómico huroneando por aquí y por allá para ver de meter en la cárcel a Monteseirín.

         —¿Por qué?

         —¿Cómo que por qué? ¡Pues por haberse gastado los dineros públicos en otras negocios no reflejados en los presupuestos!

         —Hombre, ahora que lo dice, en tal caso tendría que ir a sacarlo de la cárcel por el asuntillo de los EREs, por el cual ya tenía que estar dentro desde que se descubrió.

         —Presuntamente, amigo, presuntamente. Recuerde que estamos en una democracia.

         —Ya. Pues por eso, me acojo a la libertad de expresión y ¿sabe lo que le digo?

         —¡No me diga!

         —Que el responsable de Sevillana que permitió tal…

         — Endesa.

         —…desmadre debía estar allí antes que él.

         —A la sombra los dos.

         —Y sin tele.

         —Presuntamente; todo eso, presuntamente. No vaya a ser que alguien o alguno se pique.

         —Vaya por Dios         

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30-IX-11