EL ALPISTE DEL CANARIO
 
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Recuerdo cuando este chaval, pleno de orgullo y con talante tan despótico como insensato, no atendía a razones: cogidos nos llevaba por el pescuezo, todos al matadero. Ahora estamos en él.

Dicen, quienes sufren la desdicha de su cercanía, que ahora por ahí anda, llorando por los rincones, medio consciente por tanta desgracia como ha sembrado, medio inconsciente a la espera de la absolución en un quimérico y optimista juicio futuro, medio queriendo que se olvide el papelón que en la comedia mundial ha tenido a bien ofrecer. De la nacional, ni digo.

Mi conmiseración ni apoyo tiene. ¡Ni con diez vidas que tuviera pagaría por todo el mal que ha esparcido a lo largo y ancho de la piel de toro! El que afronta la responsabilidad de dirigir un país no debe adoptar un talante tan pleno de soberbia como falto de comprensión y apertura al diálogo de la colaboración propia y ajena: quien quiso estar solo en el mando, que solo esté en la hora de la realización de la plenitud de su dislate.

¡Y viene su acolitillo, segundo en el mando y tan facedor de desventuras ¡o más! que él, y quiere convencernos de que no va a hacer lo que ya sí ha hecho con alevosía! ¡El colmo de la cara! En el caso, claro está, de que los españoles seamos lo suficientemente masocas y sádicos como para darle nuestra confianza.

El caso es que temo alguna sorpresa antes del final y volteo total; ya ha pasado; y se dice que quien hizo un cesto, hizo ciento. O doscientos.

Pero bueno, a lo que vamos: resulta que el señor Más anda que se las pela podando el estado del bienestar catalán; lo mismo la señora Cospedal respecto al manchego; lo mismo el Ayuntamiento de Vícar en su zona de influencia. Este último está tan a calzón quitado como el que más: dice que ya ha ahorrado 2000 euros en la factura del teléfono oficial.

¡Dos mil euros!

Un disparate.

El alpiste del canario.

Porque las partidas que realmente devoran el presupuesto público ¡ésas, ni tocarlas! O sea, el parque móvil, las tarjetitas, los viajes, los asesores, los más asesores, los gastos de protocolo, dispendios en fastos varios, etc. Un botón de muestra: el señor Más asegura que con las medidas tomadas en el colectivo sanitario se van a ahorrar más de un millón de euros; ¡y va el jodido y concede subvenciones para versionar peliculitas en catalán por un montante de un millón y medio de euros!

Menos hablar, señor Menos. Y más hacer, señor Más.

Por cierto, el último caso de la violencia doméstica ha tenido triste lugar y fin en Vícar. De momento, eso sí, nuestros legisladores ya han puesto el grito en el cielo (menos el consabido minuto de silencio a la puerta). Y digo yo, digo, ¿no sería mejor que calibraran las leyes para que fuesen más rígidas y exigentes con los que las violentan? En este caso, por ejemplo, el asesino saldrá dentro de unos pocos años a disfrutar de su total libertad con toda satisfacción y alegría; su víctima, de 42 años, jamás volverá a ver la luz en su encierro obligado y yermo.

Es que les sale baratísimo el muerto ¿Por qué no se lo encarecen un poco más, eh, señores legisladores?

Otrosí, en Ronda, tierra de rancio abolengo bandolero, han pillado al alcalde con las manos en el presunto cajón. ¿Se apuestan que no devuelve nada de lo mangado? ¿Se apuestan que dentro de nada está en la calle de copichuelas con el anterior? Ejemplos los hay: Juliancito Muñoz, el Nene de la Panto, por poner un ejemplo. El señor Correa, por poner otro. ¿La razón? Simple, sencilla y efectiva: no hay nada como los intereses creados, ¿verdad, Gasparito de Jaén?

Si no se lo creen, eso de los intereses creados, observen el asuntillo del hotel al que la Junta de Andalucía dio todas las bendiciones para contravenir la ley; ¿a que no saben quién va a pagar todos los gastos que su derribo conlleva, o sea, indemnizaciones, demolición, desescombro, etc? Ya de antemano les indico que no fue quien se benefició por el permiso indebido de la Junta de Andalucía. Venga, sugerencias.

Pues, sí señor, acertó: nosotros.

¡Y luego se quejan de que no les amamos! Los políticos, digo.

¡Que empiecen por ajustar sus jubilaciones a las de los demás, que den ejemplo de honradez y laboriosidad, que dejen de formar una casta superior, que cercenen sus privilegios, que se bajen al nivel de la calle, que vean cómo trabaja la gente común para ganar unas perras, que sientan sus miedos y esperanzas, que hagan unas leyes idóneas, que sean ellos los primeros en cumplirlas, que dejen en paz a la Justicia, único poder que les puede hacer caminar por la senda que deben, etc.!

Entonces, y así, se harán merecedores a un respeto igual, no superior, al de cualquier otra persona que cumple las leyes y trabaja con honradez.

La Edad Media, señores míos, acabó; la Moderna comenzará alguno de estos días. seguro. Aunque ustedes se empeñen en retardar su aparición por ver de mantenerse en el disfrute de su estado de privilegio. Seguro.

 

 
01-X-11