MI AMIGO BALDOMERO
 
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        Nací con esta tierra, Andalucía, bajo la férula de una Dictadura tremenda; hoy, bastantes años después, pienso que voy a morir bajo férula similar. La primera fortalecía su ego con tal lema, triunfalista y autocomplaciente, como era "30 años de paz"; ésta otra puede con toda justicia enarbolar estandarte vergonzoso en el que presuma de su mayor logro: "30 % de paro".

No es el único motivo que tienen para sacar pecho; hay más: educación, sanidad y justicia en niveles de deterioro muy superiores a los del franquismo; corrupción sensiblemente más generalizada que nunca desde la Guerra Civil; monopolio cómplice de los medios de comunicación similar a los de la posguerra; de la monstruosidad administrativa mejor no hablar.

Esto lo han logrado en 30 años de política grandilocuente y vacía, absurda hasta el despropósito y egoísta hasta el más allá, plena de deshonestidad y de un recalcitrante y descarado clientelismo: quien se mueva no sale en la foto. ¡Todos quietos! Y así, quietos, inmóviles, impasible el ademán, hemos estado contemplando cómo una Junta (presuntamente) de todos los andaluces se aplicaba a satisfacer caprichos, amparar trepas, derrochar dineros; hemos visto desfilar EREs, Cartujas 92, Olleros y otros Directores generales, Consejeros, asesores, etc. que se iban sucediendo en un empredrado inacabable de escándalos y trapicheos que aún sigue bajo la dirección competente de José Antonio.

Volcados todos hacia la peseta, el dólar, ahora el euro, con una crudeza desbocada, con un arrebato frenético, con una deshumanización esperpéntica.

Tomándonos, ellos, tomándonos por tontos que tragaban con todo.

Tragando, nosotros, tragando con todo y votándoles encima.

Así estamos hoy, a la cola de Europa en todo lo positivo, a la cabeza en lo negativo. Con nuestro pan nos lo vamos a comer.

Dice mi amigo Baldomero, dice, dice: "¡Prepárate, fíjate los que van a entrar!"

Lo pienso y tiemblo: van a entrar quienes se han pasado 30 años contemplando, piquito cerrado, cómo se iba desplumando la gallina. Tiemblo, sí. Sin embargo, tiemblo más sólo de pensar que no entren: estos pollos, que ojalá ahora salgan, nos han dejado a la gallinita en pelota viva, muy bien esquilmada y en peligro de extinción.

Sin embargo, el invierno que encaramos va a ser tremendamente frío, extremadamente riguroso; sólo nos queda rogar al Dios (¡que tamaño despojo ha permitido!) que infunda una pizca de sentido de estado, de sensatez, de honradez y responsabilidad a quienes hasta ahora han asistido a este expolio insensato y frenético como mudos e inoperantes espectadores. Amén.

¡Ah, y que devuelvan lo afanao!

¿Qué otra cosa podemos esperar, eh?

 

 
29-X-11