MONTESQUIEU
 
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Supongamos que las urnas las carga el diablo. Supongamos que una vez, por casualidad, sale electo de ellas un gilipollas integral. Supongamos que, encima, es un egomaníaco absoluto. ¿Qué hacer?

Supongamos que este incompetente infinito se empeña en hacer su nefasta voluntad. Supongamos que para lograrlo se rodea de un plantel de inútiles consumados. Supongamos que, por ende, es un inmoral infame. ¿Qué hacer?

Si no hacemos nada, habremos dejado la puerta abierta a que el caso se repita.

Si damos un escarmiento, el gilipollas, por muy integral que sea, se dirá "¡Tate, cuidado que muerde!". ¿Venganza? ¡No: preservación o supervivencia nacional! Un país no puede sr gestionado por los vaivenes de una mentalidad de pipiolo iluminado. Pollito del mismo plumaje se lo pensará dos veces antes de dejar volar su imaginación con el coste, para el pueblo, de millones de parados, recesiones, inmoralidades, abusos, tropelías y hasta chapuceos gasolineros.

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Ahora, pasemos a otro asunto: un Jefe de Gobierno que por H o por B se haya metido al poder judicial en el bolsillo, ¿puede hacer lo que le venga en gana?

¡Por supuesto que sí! ¿Quién se lo va a impedir? El único freno que podría poner coto a sus caprichos es la propia Judicatura; anulada esta, tiene vía libre para actuar con total impunidad.

O sea, el mayor garante de la Democracia, el baluarte contra la Dictadura, la defensa contra el nepotismo y el chalaneo, ¡la Judicatura!

Dicho de otra manera: Montesquieu no se puede ir de vacaciones ni en agosto. Cuánto menos, ausentarse de un país. Y quien diga que ha acabado con él (con Mostesquieu) es un infame liberticida, ¿te enteras, Arfonsito, hermano de Juan?

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Otro asunto: antes existía un cuerpo de interventores del Estado en cuyas manos estaba la fiscalización de la Administración. ¿Qué ha sido de ellos? ¿Quién cumple las tareas por las que ellos velaban?

Desde luego, quien lo haga lo está realizando francamente mal, con toda desidia a juzgar por la inmensa proliferación de fraudes, estafas, malversaciones, etc., que afloran sin cesar en las cuentas públicas. ¿Cómo dice? ¡Que no hay quien realice tal función? ¡Ostras, Pedrín: así vamos!

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No, si yo lo que digo es que lo que ahora nos presten tenemos que devolverlo en el futuro; con intereses, ¿saben?

Si una familia gasta más de lo que ingresa, antes o después se verá abocada a la bancarrota. ¿Acaso un país es diferente?

Por lo que he visto en nuestra reciente Democracia, los gobiernos socialistas se han aplicado a entramparse a conciencia; como consecuencia llegó el momento en que hubo que parar el carro. Esto lo hicieron gobiernos populares, el segundo de los cuales es muy probable que tenga que hacer frente a una tarea mucho más austera y arriesgada que los del señor del bigotito.

Consecuencia: las izquierdas, en la oposición y bien lejos del dinero; las derechas, con la llave de la caja y bajo la vigilancia de los primeros. Todos, bajo el imperio de la Judicatura.

Vale

 

 
05-XI-11