UNA DECEPCIÓN ANUNCIADA
 
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Hay días en que uno no sabé qué decir; hoy es uno. Aunque al menos, claro está, siempre queda el recurso de dar gracias al Dios de los ateos por el hecho de estar vivo; algo es algo y, en sí, una paradoja.

¿Qué hacías, Ignacio, mezclándote con esa gentuza? Y me refiero a Camps, Matas y Torres. Ellos no tenían nada que perder, ni siquiera dignidad; tú, sí. Tu familia, más. Tu país, ¡qué te voy a decir!

Claro está que lo que ayer aquí se señaló para Blanco es igualmente aplicable a ti. Con agravantes; porque ellos son políticos, tú eras árbol de hoja perenne y tronco recio. Y en estos tiempos no está el pueblo para servir a nadie; ni nadie para servirse del pueblo. El daño estuvo hecho, el remedio no se puso, el ventilador en marcha está; veremos en qué queda y hasta dónde puede ahondar la decepción en las personas.

Ahora que caigo, tenemos un motivo más por el que dar gracias: ¡se acaba la zapatiesta! Como es consustancial con la naturaleza humana, cuando está el cadáver casi presente, justo es que cantemos sus alabanzas. O alabanza, que de otra no me acuerdo: la ley anti-tabaco. No sin su pero, pues está claro que no la iban a hacer limpia: la torpeza de su desarrollo. Y no sin dejar otro reconocimiento: a la oposición, que no se opuso.

Por cierto, en estas semanas en que el barco está sometido al salvaje vaivén de las arremetidas mundiales, ¿dónde está el timonel? Pregunto: ¿para esto retrasó la convocatoria de elecciones? ¡Unos días ahora pueden significar la diferencia entre una prima de riesgo desbocada y unos mercados a los que se pueda embridar!

¡Irresponsable hasta el fin!

¡Y va a ser Consejero de Estado! ¡De por vida!

¡Pero qué va a aconsejar este tío!

¡Vaya una manera de derrochar el dinero público!

No que los otros (Aznar y Felipe, millonarios consejeros que son de las empresas esas que tantísimo nos hacen sufrir con sus facturas) nos sirvan para algo: de eso, nada. Bueno, sí: para derrochar más dinero público por culpa de una Constitución hecha a medida por unos sastres que cuidaron muy bien, y en primer lugar, de adjudicarse ropajes de alto copete.

Que, como es lógico, les pagamos.

 

 
13-XI-11