LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA
 
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         Se nos van de rositas, amigos. Lo que leen: de puras y guapas rositas.

        O sea, se aprovechan de nuestra buena fe; nos arruinan; nos putean; nos esclavizan; y ahora se van y santaspascuas. Algunos de ellos, a sus retiros dorados. Muchos, a seguir viviendo del cuento. El cuento con ellos: responsabilidades políticas. ¡Vaya por Dios, cómo se ríen de nosotros!

        Fíjense, como muestra, lo que han hecho con la Seguridad Social. Fíjense:

        Se emperran en que acojamos a mesa y mantel a todo hijo de vecino que quiera venir a vivir del cuento a este país de gilipollas. Decía Zapatero, se empeñaba, vamos, en que "¡papeles para todos!". Los indígenas que aquí éramos, y que habíamos costeado la susodicha SS con nuestros impuestos de toda una vida laboral, señalábamos "¡Por Dios, para todos, no! ¡Sólo para los que vengan a tabajar! ¡Y que vengan sólo los que necesitemos!". El nefasto gilipollas en presidente: "¡No, no, para todos, para todos!". Y venga a legalizar a toda la escoria que acudía (entre una minoría que nos era necesaria presuntamente y que sí venía a trabajar y a ganarse la vida).

         Los primeros síntomas se advirtieron cuando la superabundancia de pacientes del norte de África y de Sud-América se hizo más que muy notoria: ibas a la SS y veías unas colas de moros y moras viejos y viejas como pasos y pasas, callados todos y como si no quisieran hablar porque no supieran español (que, claro está, no sabían). Hasta que te llegaba el turno de entrar a la consulta; entonces sí, entonces saltaban a grito pelado los moros jovencitos que les acompañaban, airados y exigentes ellos:

         —¡Tuyo torno, no, paisa! ¡Ser torno mío! —Entonces, de seguido, como tú intentaras hacerle ver que era tu turno y no el de su pasa, ellos:— ¡Ser torno mío! —y:— ¡Tú ser racista! ¡Tú querer colarte a morito bueno! ¡Tú, racista, mocho racista! —corrido como mona, tú; riéndose como puta, él; entrando en la consulta él; avergonzado y furioso tú.

         Entonces, y a modo de información y consuelo, los indígenas del entorno te ponen al día:

        —Es que cuando alguien de su parentela se pone malo allá, en Marruecos, se lo traen.

        —Sí. Mientras quede alguno de éstos —señalando al espulgueo morado del contorno— no piense usted que va a entrar: hasta que no pase el último de los infieles, no les toca a los cristianos.

        —Consuélese, hoy hay pocos.

        Así y todo da tiempo para que me pongan al día: nuestra SS es ya más de Marruecos que nuestra; se pone un morito malo y en un dos por tres ya lo tenemos encamado y sometido a toda suerte de tratamientos caros en nuestros sanatorios de la SS. Que a ellos ni les discuten ni escatiman, claro, para que no les tachen de racistas y, también, porque es muy progre.

         Mientras, claro, el rey de Marruecos partido de risa.

         Y el gilipollas de aquí, supervisando nubes y jodiendo paisanos.

         Así hasta llegar al punto en que nos encontramos ahora: cortando servicios, reduciendo tratamientos, alargando plazos, planteándose el copago, etc.

         Pregunto yo, pregunto: ¿Ha sido ésta una administración responsable y seria de los bienes que les habían confiado los ciudadanos?

         ¡Ay, que me da la risa!

         El de la guitarra:

         —Hay que exigirles responsabilidades políticas.

         Y digo yo, ¿y eso qué es? ¿Responsabilidades políticas? ¡Menuda gilipollez!

         ¡Responsabilidades penales! ¡Responsabilidades criminales! ¡Eso es lo que hay que exigirles! ¡Sí, porque más de uno y más de dos que estuvieron cotizando toda su vida para poder ser atendido en la vejez ahora se ve a la intemperie por la mala cabeza, la pésima administración y la gilipollez supina de estos progres que nos han desgobernado!

         Claro, como estos señoritos no han dado un palo al agua en su vida, como no se han esforzado para lograr lo que tan cínicamente han disfrutado, no saben dar el justo valor a lo que teníamos y que, con tanta alegría, dilapidaron.

         Sin embargo, amigo mío, el otro día estuve viendo cómo acudían a sus despachos y ¡válganme los cielos! ¡Qué lujo de coches! ¡Qué suntuosidad más..., más..., más...! ¡Maldita sea!

 

 
22-XI-11