ENTES INÚTILES
 
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Me ha costado entenderlo pero ya lo voy pillando; en realidad no es tan complicado, vean: en nuestra Europa hay un par de gobernantes que cuidan con cierta honestidad de aquello que sus ciudadanos les han confiado para que administren. En las razones de esta honradez no voy a meterme puesto que desconozco si es cuestión impuesta por convicción propia, les viene forzada por sus respectivos sistemas (más racionales que el nuestro) o existe otra motivación diferente. Como consecuencia de la buena administración, el desarrollo y bienestar de sus ciudadanos es bien evidente en estos países.

(inciso: no es el caso del nuestro, lleno de 5 millones de parados, de rebuscas de basura, de acechadores de sobras alimenticias, de señores del pelotazo, de esquivadores del talego, de nuevos ricos políticos, de analfabetos)

Bueno, pues estos gobernantes no quieren seguir dando carta blanca y dinero sonante a ciertos gobernantes malos, peores adeministradores, que preconizan derroches tan fantasiosos e ilusorios como, por ejemplo, entregar euros a manos llenas a los negritos bizcos de África para que compren gafas con las que supervisar nubes. Presuntamente.

¿Presuntamente?

Sí, claro, presuntamente.

—¿Y por qué presuntamente?

Pues, señor mío, en primer lugar, porque no hay pruebas de que el dinerito llegase a los negritos en cuestión. Mire, es más: creo que gran parte de esos fondos no salieron de ninguna parte, más bien se metieron en otra. ¿Qué quiere que le diga? ¡Con estos pollos, que dan tan poca importancia al dinero que ni se fijan en qué hacen con él...! Y claro, esto no hace gracia a los gobernantes decentes a que antes hacía referencia.

—¡Pero cómo se atreve! ¡Dudar de la honradez de quienes han sido elegidos por...!

En segundo lugar, y en el supuesto de que el dinero llegase incólume a destino, dudo aún más que allí se le diese otra finalidad que no fuese el salir de rebote hacia el paraíso fiscal donde el jefazón negrazo tuviese su cuenta numerada. Claro, a los gobernantes prudentes y honestos esto aún les hace menos gracia.

Por ello, finalmente, han decidido meter en vereda a colegas fantasmones, gilipollas y, sobre todo, aprovechados. ¿Cómo? Pues haciéndoles ver que si se quieren dar caprichitos pajineros, ¡se los costeen ellos! Ni Francia ni Alemania aguantan más despilfarros estúpidos por parte de sus socios.

Aquí, en España, gracias a la política de nuestro presidente (exclusivamente suya, porque no ha hecho el más mínimo caso a cualquiera de sus cientos de asesores que cobraban sueldos millonarios por aconsejarle) ahora nos encontramos a la cola europeo-mundial de todo lo que da realce (educación, sanidad, seguridad, defensa, prestigio, amor propio, esfuerzo, etc.) y a la cabeza de todo lo que deshonra (paro, droga, incultura, inseguridad, degradación moral, indolencia, dejadez, etc.).

Como colaboradores directos de este Zopenco, gran parte de la culpa de nuestro lamentable estado actual la tienen quienes con su conducta deberían habernos dado ejemplo, con su buen hacer deberían habernos mostrado el camino: los políticos.

Y NO LO HAN HECHO.

Desde que se aposentaron en la poltrona se aplicaron a rodearse de lujos y a adjudicarse privilegios: coche oficial, tarjeta, sueldos de ensueño, dietas de película, teléfono, pensiones excepcionales, entorno laboral de país de hadas, transporte gratis, y Biblia en pasta.

¿PARA QUÉ?

Pues para, de vez en cuando (muy de vez en cuando) apretar un botoncito con su dedito según le indicara su jefe de grupo parlamentario.

Gesto, por si esto fuera poco, que por su sencillez han logrado establecer por poliplicado. O sea: con el gasto inútil y añadido de lo que ellos llaman SENADO; el de lo que nosotros denominamos DIPUTACIONES; el absurdo de las AUTONOMÍAS. En mi criterio, instituciones todas ellas carentes de razón de ser y simple cementerio de inútilidades, una, de rapaces hambrientas, otra, de lujo desbocado y sin sentido, las terceras.

Pero es que, encima, estos pollos nos están sometiendo al dictado de sus caprichos; se amparan, para ello, en el poder que, dicen, les otorgan los votos. Bueno, pero ¿a quiénes votamos? ¿a unos nombres en unas listas? ¿es que podíamos votar a otros? ¿qué sabíamos de las personas tras esos nombres? Y lo que es peor, de otras sabíamos demasiado y, pese a ello, ¡teníamos que votarlas! O, en su defecto, no votar.

Igualmente, estos charlatanes nos han vendido el cuento de las presuntas maravillas de esta Constitución ahora vigente. Pero ¿habrá disparate mayor que las autonomías? ¡Pero si es un derroche de locos en un país de gilipollas!

Pienso que el mayor perjuicio que Franco originó a su patria fue la de la emasculación de la voluntad determinante ante la arbitrariedad, el abuso y el atropello. Si es así, que así lo creo, que su Dios se lo demande allá donde le tenga. Si es que le tiene en algún sitio, claro.

Vale.

 

 
02-XI-11