SOCIALISMO VENDIBLE
 
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En materia de deterioro social cada uno de los dos gobiernos socialistas (a saber, frustrante el González, penoso el Zp) han seguido sendas paralelas: un primer mandato más o menos soportable, un segundo totalmente ejemplar. Ejemplar del pelotazo, los escándalos, el despilfarro, el saqueo sistemático de lo público, la degradación moral, la indignidad administrativa y el cachondeo justiciero; todo ello, claro está, orquestado y dirigido por unos políticos de cuarta regional. Con dos incompetentes (uno mucho más que el otro) al frente del cotarro.

En la segunda etapa González no había día en que no apareciese un nuevo escándalo; lo mismo sucede ahora, potenciado, con este presidente desastroso que, inexplicablemente, salió vencedor en las urnas hace tres larguísimos años. En la segunda etapa González el paro subió y subió hasta cotas difícilmente soportables para cualquier nación; otro tanto, aumentado, es el panorama actual.

No parece muy desatinado inducir que, presuntamente, tales caos están ligados al derroche de la hacienda pública, a su mala administración, al expolio a que la han sometido.

No es que ésto sea una característica exclusiva de la política española en la era contemporánea: en todos los países en que se ha impuesto la dictadura socialista ha sucedido otro tanto; recordemos la China de Mao, la Cuba de Castro, la URSS de Stalin, y hay más ejemplos fácilmente expulgables en la Historia reciente: no son únicos o casos puntuales, quede esto bien claro; más bien parecen expresiones coincidentes que vienen a ratificar un sistema ideológico que, en la práctica, es funesto.

Aquí y ahora hemos llegado al límite: la explotación del ciudadano por todo poder establecido.

Pues todas las capas están impregnadas por la corrupción:

a) la izquierda, desde casos menudos y conocidos en ámbitos reducidos, hasta la misma cúpula del Gobierno (el último, el amigo Blanco, ¿eh?). A veces estos casos locales alcanzan notoriedad temporal y llegan, incluso, al ámbito nacional, como en el caso del famoso putañero de Valverde.

b) la derecha, con muestras continuadas y muy destacables en las provincias de Tarragona (Fabra el pollo, no el Presidente de la comunidad) y Alicante, entre otras muchas.

c) el caso Urdangarín, tan problemático y, seguramente, el más desmoralizador por cuanto cuestiona una pésima gestión por parte de quien debería haber tomado cartas más tempranas en el asunto.

El caso es que ahora los señores tienen la cara de plantarse ante nosotros y soltarnos:

Es que habéis estado viviendo por encima de vuestras posibilidades.

¡Pero habráse visto cara!

¡Pues no señoritos: es que habéis estado robando por encima de lo que nuestro país, cualquier país, puede soportar!

¡Es que habéis estado mal-administrando mucho peor de lo que nuestro país, cualquier país, puede soportar!

Para colmo ahora, ¡precisamente ahora!, que en Castilla la Nueva se empieza a gobernar con cierta dosis de realismo ¡ahora se les ocurre a los sindicatos emprender la defensa de los derechos conquistados en el estado de bienestar! Y, lo más gracioso, ¡los responsables del desaguisado se ponen a la cabeza de las reivindicaciones! Se ve que para rematar faena.

O sea: quienes no han dicho ni pío mientras las cifras de paro se elevaban por encima del 20 % y los cinco millones, ahora salen a protestar a grito pelado, sí, ahora que ven cómo se les acaban las subvenciones. Lo menos que se me ocurre es: miren ustedes, estos sindicatos necesitan unos líderes más... me callo.

Y quienes defienden una ideología de izquierdas, cosa en principio respetable, han de pensar que el fin de todo buen gobierno es el bien común y no el partidista. Y también, que el fin de cualquier mandato democrático lo establecen las urnas; contra esto no cabe otra revolución que la del sometimiento a la voluntad popular.

Háganlo. Al menos, por una vez: ésta. Estamos en una emergencia nacional a la que nos ha traído, en muy gran medida, su irresponsabilidad, su necedad y su, ¿por qué no decirlo?, falta de patriotismo. O sentido comunitario de país, por decirlo de otra forma.

Vale.

 

 
04-XII-11