EL HOMBRE QUE VINO PORQUE NO VINO
 
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        —Yo soy Cayo —dice— y vengo a decir que no vengo.

        Coro de rojos enlutados y sobrecogidos repentinamente:

        —¡Cayo es Cayo y ha venido a decir que no viene!

        Mujer dentuda llamada Belén, reivindicativa ella, volante de coche ensangrentado en mano manoteadora mientras arenga:

        —¡Loor al Cayo que ha venido a decir que no viene! ¡Loor al loor de la Patria paria!

        Todos:

        —¡Cayo al Cayo y loor al loor!

        Mujer dentuda llamada Belén, sin soltar el volante de coche ensangrentado:

        —¡Oigamos a Cayo que ha venido a decir que no viene!

       Cayo, solemne la voz, contenido el ademán, pomposo y lapidario en la expresión:

        —Cayo soy y a decir que no vengo he venido. —Mira en derredor, derrama ojos que agarran el instante, lo amasan con grave dignidad y, cuidadosamente, lo instalan en el estante de los momentos cumbres de la Historia de la Humanidad. El coro prorrumpe en lamentos histéricos:

        —¡Cayo ha venido y llegado es; pero no viene sino a hacernos saber que no viene!

        Bruja vieja llamada la Bardema:

        —¡Horror, horror!

        Pajina muy rica y reputada:

        —¡El cataclismo de la conjunción planetaria ha acechado, tocado fondo y ahora nos cubre con toda la magnitud de su tremenda magnificencia: alabados sean nuestros cielos ateos!

        Espectador Desinteresado Uno:

        —¿Qué dice esta gilipilla?

        Espectador Desinteresado Dos:

        —Sus cosas y sus sueldos.

        Espectador Desinteresado Tres:

        —La madre que la parió.

        Espectador Desinteresado Cuatro:

        —También es rica. —Aunque apunta a renglón seguido:— No tanto como la gilipilla, pero rica, sí.

        Coro robusto de los cuatro Espectadores Desinteresados:

        —¡Me parece que sabemos quiénes aquí son los gilipollas!

        En este instante, Cayo rompe en alegato exortativo, manos a las alturas, ademán imprecatorio:

        —¡Id y exhortar a vuestros directores para que acepten que extendáis la buena nueva por la faz entera de la Tierra toda: Cayo ha venido para decir que no ha venido!

        Todos a grito pelado:

        —¡Amén! ¡Amén!

        Cayo, emocionado, llora.

Vale

 

 
04-XII-11