DE EMPLEOS Y DESEMPLEOS
 
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        Ya estamos. Pidiendo la república y venga a pedir. Como si un Presidente de República fuese, por la gracia del Espíritu Santo, el bálsamo de Fierabrás o cualquier entidad cuasi divina ubicada por encima del bien y el mal universal, la perfección perenne, el no-va-más eterno, ¡la releche! Cuando, a la hora de la verdad, la Historia nos muestra que los tales son tan de carne y pecado como los demás mortales que por aquí bullimos: comen por el mismo sitio que los demás hacemos, y por el mismo sitio también hablan.

         Tiempo. Eso es lo que hay que darle, al Rey y a la Justicia: tiempo. Si en un plazo prudencial y no prescribible no han sentado el trasero Urdanpillado en el banquillo, no hará falta suspirar por la implantación de la República: ¡nosotros pidiéndola y sin darnos cuenta de que ya la teníamos aquí! Bananera, además.

         Porque nuestra fe en las instituciones se va debilitando a marchas forzadas conforme mayores se van haciendo las frustraciones y enfados que con su mal funcionamiento nos proporcionan: el cachondeo de Marbella, del cual el pueblo sabe más de lo que a los políticos de la Junta andaluza (y del ex-gobierno central) les gustaría; el desfalco de El Ejido, sin un euro devuelto ni un alma encerrada; Blanco el Gasolinero, tan campante y rico él; Griñán y sus secuaces, con su bolsa de EREs a las costillas y su jueza tras ellos y ellos que no devuelven y nadie en el talego; la cuadrilla de los Chaves, de matsoicas subvenciones e ivánicas tomaduras de pelo y ellos por la calle y los euros en su bolsillo y que no farte-de-na-ni-ná; el Tripartito y sus derroches rumbosos y dónde está el dinero y el Carod cobrando de gañote del erario público por no...

         Conforme se van forrando, ¿saben?, conforme se van forrando, digo, ¡allá que se pierden por los vericuetos laberínticos de las empresas públicas, semipúblicas y la Biblia en pasta, que entre ellos disponen como si suyas fuesen y para su provecho y honra allí estuviesen: los pollo- peras no aparecen ya sino para asistir a la boda de algún fulanito de alto rango, trajeados ellos como gangsters y empingorotados como putas de copete elevado. Ahora que me acuerdo, ayer salió en las noticias Zaplana, ¿ustedes recuerdan?, sí, hombre, sí, aquel que aseguraba que él se había metido en política para enriquecerse. Buen político que ha debido de ser, ¡vive Dios!, pues está forrado y lustroso que da gloria verle, Santa Gadea le guarde muchos años para desgracia del ente paciente de su digna presidencia, Telefónica. ¿Que si cobra mucho, dices? ¡Bah, poco, en realidad, una minucia: 600.000 euros al año! Pero, en realidad, ¿qué es eso si el dinero no es de nadie, no? Sí, en la boda del hijo de Aznar salió.

         Pues a don Ignacio y esposa les encontraron acomodo dos empresas españolas: Telefónica y Caixa. Lo que más me jode es que parte de su sueldo sale de mi bolsillo; la otra parte sale del deficiente servicio que estas empresas nos prestan a todos debido a lo que les chupan determinadas saguijuelas. ¡No, ¡por Belcebú!, no me refiero a don Eduardo, ¡voto a bríos!, ni a don Ignacio, ¡ostras, Pedrín!, ni a la señora de marras, ¡vive Diossss!, no...!

         ¡Y yo qué sé a quién me refiero, cómo quiere usted que lo sepa, hombre de Dios!

      Por cierto, y hablando de otra cosa, ¿han visto qué casa más chuli tienen en Washington? ¿Sí? Viven más a gustito allí...; y son más felices... Pues se la pagamos nosotros, los paganos de Telefónica, perdón, los clientes de Telefónica, quiero decir.

Vale

 

 
18-XII-11