EL CASTIGO DE LAS URNAS
 
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Bueno, bueno, bueno, menuda me ha caído por el articulito de ayer, éste que aún pueden leer más abajo. Todo porque, en la sabia discreción de los lectores, ustedes, mezclé indebidamente churras con merinas. No fue mi intención.

Veamos: el discurso de Su Majestad estuvo bien; pero, según pienso, en la práctica no tiene trascendencia alguna. Ha significado el comportamiento presuntamente indebido de su yerno; bueno, ¿y qué? Lo sabe España entera. No nos ha dicho nada nuevo; hasta han hecho el traslado de su horrenda efigie fuera del entorno de la Familia Real en el Museo de Cera y todo.

¿Que también ha hecho mención a la igualdad de la Justicia para todos? Bien, decirlo no cuesta nada; pero en la realidad quien tiene dinero se procura una buena defensa que le saca las castañas del fuego; lo que no pasa al ciudadano corriente que no disfruta de las mismas oportunidades: un mismo delito puede tener desenlaces totalmente diferentes según inversión pecuniaria del infractor. En mi criterio, habría sido más exacto decir que la Justicia es proporcional a los medios económicos del individuo; pero, bueno, sucede en la mayoría de los aspectos de la vida y no es cosa de hilar tan fino.

Sin embargo, los medios de comunicación han dado a conocer múltiples casos en los que el recto juicio de los jueces ha creado más de una polémica. ¿Por no ser tan recto? ¡Ah, eso no lo puedo afirmar! Aunque sí confirmo la existencia de tales casos afectados por variables políticas de distinta índole, verificables por cualquiera que desee consultar las hermerotecas. Más de una vez he llegado a creer en la existencia aquí de lo que denomino la impunidad política de facto; aunque, claro está y repito, es sólo una suposición mía cuya existencia real no sustancio ni comparto con nadie.

De modo que sí que existe un escenario en el que hay que situar el artículito de marras: palabras, palabras, palabras y más palabras en medio de una jungla de casos de corrupción política, en donde se han dilapidado millones de euros en los proyectos más extravagantes y disparatados con el único objeto de sacar tajada. Hay quien ha aducido en su descargo, cuando lo han pillado, que su fin era el Partido; aunque luego, como es lógico, en la intimidad del reparto había hecho de mangas capirotes. ¡Pero con tal defensa hasta ha escapado sin un rasguño en su hacienda!

¡Y ellos son, los políticos, quienes han de dar ejemplo al personal! Ejemplo de honradez, de honestidad, de sensatez, de veracidad.

¡Qué quieren que les diga! Que sí, que me parece muy bien que el Rey confirme ahora, en 2011, que su yerno ha venido teniendo una conducta inadecuada desde 2006. Sin embargo, no me parece muy bien que como recompensa a tal conducta se le dé un trabajo de príncipe; a su señora, un trabajo de princesa; y se les pague el alquiler de la casona americana. Lo haga La Caixa, Telefónica o el INEM. Creo que no habrían logrado tales empleos si no fuesen quienes son; dicho de otra manera: se están beneficiando de su status siendo, presuntamente, pajaritos de cuenta.

Tampoco me parece bien, ni muchísimo menos, que aquellos políticos que han llenado sus bolsas a base de vaciar las públicas; que han emprendido proyectos faraónicos con una sola idea en la mente, sacar el mayor provecho propio; que han propiciado disparates como aeropuertos, palacios (recuerden San Telmo), AVEs, y otros muchísimos y muy sustanciosos etcéteras, allá que ahora aducen que han recibido el castigo de las urnas y ¡allá que se nos van de rositas y riéndose a mandíbula batiente a disfrutar su botín!

Pues no, señor. Las urnas no castigan; las urnas repelen, expulsan o echan. El castigo ha de venir de la Justicia cuya obligación es la de investigar los multiples derroches, expoliaciones, corrupciones, chanchullos y similares y, ¡sobre todo, recuperar la parte de la Hacienda Pública que aún sea recuperable!

Y los responsables, a la sombra. No como castigo, que eso también, sino como medida ejemplificante y previsora. ¡Ah, y a la cabeza, su máximo responsable, aquél que ha permitido que las cosas lleguen a tales extremos que hasta aquí nos han traído! Anteponiendo, para más INRI, sus intereses particulares y partidistas a los nacionales.

¡Si al menos hubiese convocado elecciones generales seis meses antes...!

 

Vale

 

 
27-XII-11