SOBRE EL GOBIERNO DE UN PAÍS
 
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         Vienen queriendo atribuirse la posesión del único, el verdadero, el exacto conocimiento de cómo gobernar nuestro país: son los salvapatrias que, desde la insensatez y el oportunismo, la demagogia y el apego a la poltrona nos llevan al abismo. Cada vez que estos pollos han ejercido el gobierno el resultado ha sido “malo”, por quedarme corto: en la década de los 30 del siglo pasado, la mucha ligereza, imprudencia, majadería de sus dirigentes políticos así como la insolvencia moral de los sindicalistas (ambas pendientes de una revisión histórica seria) contribuyeron en muy gran medida al desencadenamiento de la Guerra Civil. En el arranque de la época felipista, la izquierda de este país llevaba el mayor bagaje de ilusión y crédito que nadie ha llevado después, bagaje que, dicho sea, dilapidaron con rapidez ejemplar entre chanchullos, escándalos y robos descarados a escala multimillonaria. De la época zapatera, ¿qué les voy a decir?

         Pues, miren, sí, les diré algo: se ratificaron en el chanchulleo y el amiguismo, en el escándalo y el robo disfrazado de pseudo-subvención hasta alcanzar cimas difícilmente soportables por un pueblo instruido; claro está que para lograrlo, desmantelaron la Instrucción pública, entre otros puntales de la nación, léase sanidad, justicia y economía.

         Y ahora, cuando el pueblo los ha desalojado de donde nunca debieron estar, cuando han encajado la mayor derrota en las urnas de la reciente democracia, ahora se empeñan en exigir al actual gobierno que hagan lo que ellos no hicieron. ¡Se permiten el summum del despropósito: indicar al actual gobierno cómo ha de gobernar!

         Oye, y otrosí tan malo o peor: conforme se van destapando sus vergüenzas, se atreven incluso a dar unas explicaciones que son ofensivas para el común de los contribuyentes porque rayan en la tomadura de pelo y la impudicia más absoluta.

         No me callo. Sólo una cosa a Mariano, que en lo hecho hasta ahora apunta maneras: si estos insensatos a cuyo frente se encuentra el eterno ministro de Felipe sacan a la calle dos o tres millones de estómagos antaño agradecidos y hoy encajonados, vosotros sacasteis a las urnas una mayoría absoluta con una función muy clara, que salvéis al país. Así pues, tomad las medidas de emergencia a que os han forzado; la primera, anulad las subvenciones a unos sindicatos inoperantes y totalmente vendidos a sus intereses, a las subvenciones y al desgobierno de antes. Que los sostengan sus afiliados: de esta forma es más probable que los intereses que defiendan serán los de los obreros.

         Y caso de que no, que los emplumen; han hecho méritos sobrados para eso y muchísimo más.

Vale.

 

 
20-II-12