¡INTENTONA DE GOLPE DE ESTADO!
 
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         Estos pájaros de la siniestra ala están intentando alcanzar por las bravas lo que las urnas les denegaron por lo democrático: hacerse con el poder. ¿Para qué? ¡Ah, eso no se sabe! Pero desde el 22 % de paro hasta el 100 % hay un gran camino por deshacer y llenar la bolsa propia, que no la ajena.

         Se ve que lo desean.

         Dignos sucesores de aquellos impresentables de la década de los 30 del siglo pasado: el intrigante e inmoral Prieto, el inepto y redomado Caballero, el acomodaticio e ineficaz Azaña, etc.

         Bueno, pues una democracia no funciona así; una democracia supone la alternancia en el poder, la alternancia en la oposición; su aceptación y puesta en práctica. Lo cual, por supuesto, es totalmente opuesto a la política llevada a cabo la pasada semana por el PSOE, no sólo en Valencia sino en toda España.

         ¿Qué pretenden? ¿Es eso lo que para ellos significa la palabra oposición, tratar de mover la silla para aprovechar el descuido?

         No, señores, no es así. Oposición significa implicarse en los asuntos del bien común, colaborar hombro con hombro con el partido en el gobierno porque ahora es su oportunidad, aceptar que otros puedan tener éxito en llevar a cabo lo que tú has fallado. Y desde luego no significa limitarse a echar piedrecitas en la maquinaria; con ello sólo logran hacernos más y más pobres.

         No ejerciten más alguna de las muchas variantes más o menos solapadas del golpe de estado a lo Chaves, a lo Lenin, a lo Mao, porque la coyuntura histórica es harto diferente: el pueblo necesita democracia y ustedes se la están coartando. El camino no es la calle; el camino ahora lo marcan otros y a ustedes les corresponde seguirlos. Y abstenerse de apedrearlos porque las piedras que arrojan lo hacen sobre las cabezas, los brazos y los estómagos de la mayoría del pueblo español que, en fecha de noviembre pasado, dictaminó su deseo.

         Claro está que la culpa total no la tienen ustedes: la tienen quienes se niegan a entregar la poltrona de un partido en la que permanecen como si les perteneciera de por vida; tal vez por ello algunos hasta han llegado a hacer obras mayores en ella: creen que nadie les pedirá cuentas por sus nefastas acciones. Y tienen razón sólo a medias: la investigación histórica tiene el paso largo, cansado, sometido como está a los vaivenes y veleidades de los poderosos; pero a la larga es seguro que se las apañará para recorrer el trecho suficiente para dejar a cada uno en su lugar, en el que en realidad les corresponde, el que se ha ganado a pulso por sus actos. Ha pasado con gente tan poderosa como Felipe II, Kissinger o Stalin; ¿creen, acaso, que sus merecimientos (de ustedes) son inferiores o distintos a los suyos (de ellos)?

         Tengan por seguro que el tiempo destapará tanto las vergüenzas tanto de Bárcenas como de Bono. Y así les hemos de ver, en pelota picada. Al menos, quien viva lo suficiente para ello.

         Aunque quienes estén aquí sólo para lo material y presente, los que presumen del que-me-quiten-lo-bailirobao, quienes se meten en política para medrar porque para otra cosa no valen, seguro que tendrán su consuelo sabiendo que nada de lo que tienen se llevarán con ellos a tal parte de donde no se regresa.

         Eso sí: dejarán aquí fama duradera y, a la larga, exacta de su paso por nuestro suelo.

Vale.

 

 
24-II-12