¡YA NO HAY CORRUPCIÓN EN ESPAÑA!
 
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¡Sí, amigos, sí: se acabó la corrupción! ¡Como lo oyen: en España ya no la hay! ¿Que cómo lo sé? ¡Pues muy sencillo: leo periódicos! Por eso. Leo periódicos.

Y desde las últimas elecciones, aquéllas en que los andaluces votaron con los pies, al ruedo no ha salido ningún corrupto más para ser debidamente lidiado, banderilleado, picado y, finalmente, devuelto a los corrales con toda su pasta indemne.

¿Que por qué no hay? ¡Hombre, pues por qué va a ser: porque ya no hay! Corrupción, digo.

¿Que sí que la hay? ¡No, mire usted, no; eso sí que no! ¿En qué cabeza cabe que los periodistas van a ser unos meros mercenarios que hacen lo que los políticos les dictan: ahora hay corrupción porque tenemos elecciones, ahora no, porque tenemos componendas? ¡Ay, que me dan los sofocos sólo de pensarlo! ¡Un..., un..., ¿cómo se llama ese locutor tan..., tan...?, bueno, como sea, que no, ya está: que no!

Miren, vamos a pensar con tranquilidad: antes de las elecciones había tantísimos casos de corrupción porque sucedió una de esas coincidencias que siempre están pasando, día sí, día también; luego se han acabado tan de repente también, no porque los partidos estén con sus componendas para terminar de tomarnos a los ciudadanos por el pito del sereno, sino porque ¡otra coincidencia, ven?

Además, lo contrario sería pensar que los profesionales de los medios están haciendo con la información un uso para satisfacer los anhelos y fines de los políticos; no para mantenernos a todos informados sino, fíjense qué grave, ¡para manipularnos! Empresas tan nobles como es Onda Cero, la Cope, la Ser, Radiotelevisiones de diverso plumaje, ¿ustedes creen?, todas tomándonos como si nosotros fuéramos la puta de su corral, no, no puede ser.

Como mucho estimo posible que nos tomen por el objeto de sus fines y de sus intereses todas las empresas y empresarios que nos asaltan a cada instante y rincón para convencernos de que compremos esto a aquello que a ellos les acomoda. ¿Qué vamos a hacerle? Es el impuesto o gravamen que hemos de abonar por vivir en esta época. Pero, ¡los periodistas?

No. Que no, vaya. Un señor con tal peso específico que sólo con oírle ya le tienes respeto..., ¿tú crees? ¡Sería como pensar que ni las religiones están exentas! ¡Todo reducido a una miserable lucha de intereses con nosotros de sufridos paganos: no, imposible! ¿Y qué si se les antoja a los líderes de los partidos que tal o cual política es buena, siendo en realidad nefanda, eh? ¡Pues allá me tienes a los periodistas convenciéndonos de que eso es lo correcto, óptimo y deseable!

Cierto que, en muchos casos, los profesionales de la tertulia vienen impuestos por los partidos políticos; pero de ahí a decir que los tertulianos son sucedáneos de los portavoces de los partidos..., no. Vaya, ¡que no! Que si usted se lo cree, mejor; y si no, pues a escupir a la puta calle y apunta pa' arriba, que decía mi amiga Lola Flores (q.e.p.d.): la corrupción, en España, se acabó.

Y amén.

Joder.

Vale.

 

 
11-IV-12