POLÍTICOS VIEJOS Y DESACREDITADOS
 
96

 

        Me gustaría saber qué habría pasado si la doctrina Parot hubiese sido producto made in Germany en lugar de genuinamente español. La verdad es que no puedo dejar de imaginármelo, de ansiar que lo es. Quiero decir, de soñar que España habría podido ser Alemania.

        No lo es, por supuesto.

        Recuerdo que ciertos pajaritos desnortados y muy molestos a los que se les ocurrió aparecer por allí (por el país de Beethoven, Goethe y, también, claro está, de Hítler), pues de la noche a la mañana me los suicidaron: aparecieron ahorcados o baleados en sus celdas, nadie sabía explicarse cómo, nadie se tomó la molestia oficial de preguntar cómo, así que suicidados y aquí paz y allá gloria. Y amén.

        Por supuesto, nada de chapuceros del GAL: eficiencia alemana y ya está.

        Hoy día, está claro, este recurso que ha presentado el Gobierno español en defensa de la doctrina Parot, no habría sido necesario si hubiésemos seguido la doctrina germana de resolución de problemas (en su momento conocida como solución Baader-Meinhof, y que es una variante de la solución final, más apabullante ésta pero igual y genuinamente alemana). También es incuestionable que, gracias al acierto de la aplicación de Parot y su doctrina, aquí, en España, ha descendido el número de asesinos asicariados etarras y de víctimas de tan nefanda asociación criminal. Más todavía habría descendido de no haber sido por las trapacerías de un Tribunal Constitucional que no es otra cosa que un instrumento en manos de políticos tan lamentables y de tan nefasta memoria como Zapatero; pero, bueno, claro está, cada pueblo tiene lo que se merece.

        Aunque, eso sí, me da la risa cuando pienso que una cuestión interna de Alemania, cual es su política penitenciaria, pudiera alguna vez haber llegado al Tribunal de Estrasburgo: todos los juececitos aquellos llamando por teléfono a la vez a doña Angelita para preguntarle qué deseaba Su Señoría que se hiciera con tal regalo. Nerviositos como pollos ante la Navidad, todos ellos. ¡Ay, Dios, qué espectáculo!

        Doña Angelita diciendo: "¡Perrro serrr girdipollas orrr querrr?". Ellos:

        "Sí, doña Ángeles, sí, exactamente se dice gilipollas, sí; perrro ¿qué hacemos?"

        Y ella: "¡Puesss irrrse a la..., so girdipollas!". Ellos:

        "Sí, sí, doña Ángeles, perrrro, ¿qué..!"

        Por supuesto, esto no se dará con España, no. Los señores, muy seriecitos ellos, allá, en su Estrasburgo de la puñeta, examinándose sus puñetitas y, además, los pros y los contras y venga a mirar y vuelta. Luego, ¡hala!, a argumentar cualquier tontería que nada tiene que ver con un país del que nada saben, que aún les importa menos y que, para más INRI, se tragó millones y millones de eurrros alemanes en enriquecer una piara política autóctona por medio de un sistema tan desprestigiado como es el del mangoneo, trabucazo y hodeté.

        Así no se nos puede tomar en serio. No se nos puede tomar en serio mientras quienes nos representen sean figuras de la vieja guardia vestidas todos ellas con los perifollos de la corrupción y las sospechas del enriquecimiento ilícito. ¿Cómo aspira a representar un país un pollo al que acucian las sombras del GAL, los mensajes del 11-M, y al que, ¡encima!, apodan El Faisán?

        Más lamentable es que quien lo representa tenga su nombre inscrito en listas que, por decir poco, son sospechosas de algo muy sospechoso. ¿Se lo imaginan? Don Gran M atravesando los pasillos recargados y rococós por entremedias de sombras muy históricas y tal; y los murmullos tras su paso, "Ése es, ése es!", de ujieres y pollastres y con referencia a los sobresueldos y lindezas somilares.

        No.

        No, señor.

        No lo estará.

        Nuestro país.

        Quiero decir que no estará dignamente representado hasta que todos estos vejestorios demodé y lamentablemente etiquetados hayan asumido su responsabilidad política (sea esto lo que sea) y se larguen con sus cuentos y chorradas a disfrutar una jubilación que no se merecen pero que, como la votaron ellos mismos para ellos mismos, pues, legalmente, la van a disfrutar; moralmente, y cara al pueblo: ¡la cara se les debía caer de vergüenza por ello! ¡Ja, así nos han puesto las cosas!

         Así nos las han dejado.

    

 
21-III-13