ESPAÑA SÍ ES GRECIA
 
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Rara es la radio, televisión, periódico o revista que no haya incorporado al acervo de su vocabulario, no ya habitual, empachoso se diría, la frasecita descubierta últimamente, ésa de España no es Grecia. La sueltan, venga o no a cuento, y con ello parece que el panorama se ha calmado, podemos relajar los nervios y, como de costumbre, seguir haciendo el avestruz.

Digo el avestruz por no decir el tonto el haba.

Digo el tonto el haba por no decir el imbécil.

Digo el imbécil porque no encuentro otra palabra que defina mejor el concepto de ultra-mega-poli-giga-IDIOTA

Para que ustedes se hagan una idea, observen:

 

1) CÓMO SE DERROCHA:

 

La Constitución establece que el idioma común de todos los españoles es el español. Claro, ¿no? Bueno, pues tenemos una Alta institución que no nos sirve para NADA y ahora nos sirve para menos: nos contrasirve. Allí van a dormir, rumiar o morir los jarrones chinos de la política (que diría Felipito). De vez en cuando, cuando en la calle, dicen algo así como “Oiga, ¿es que no sabe con quién está usted hablando?”, cuando en su despacho, algo así como “¡Eso está hecho! ¿Y yo qué me llevo?”, cuando en el bar, algo así como “Lo de siempre, Juanito, y tráeme el Marca”, cuando en la cama, con su señora, algo así como “¿Polvo dices? ¡Cariño, YO estoy hecho polvo! ¿Tú sabes cómo cansa trabajar para el bienestar de los españoles?”, cuando en la cama, con su no señora, “¿Treinta mil para tu mamá? Bueno, mi amor, ahora te doy veinte mil que llevo encima; mañana, el resto... Pues claro que lo sé: ¡Tu repichitita de tu alma!”. Más o menos. Claro está, yo no puedo decir el nombre de esta Alta institución porque no sería sena, quiero decir, sano para mí; pero ahí está, como ejemplo de inutilidad y cara en todos los sentidos.

Como estamos tan boyantes, ¿a que no aciertan que se les ha ocurrido a estos figuras para echarnos una mano a superar esta crisis haciendo uso del sistema tan conocido de derrochar a manos llenas los recursos del Estado, esos que declaramos cada año a esa Hacienda que somos todos los inocentes que pagamos?

Pues se lo voy a decir: gastarse más de un millón de eurillos (de los dieciséis supuestamente ahorrados, digo yo) nada más que para poner en servicio un ídem de traducción simultánea.

Dirán ustedes, dirán, bono, quiero decir, bueno, ¿y qué tiene de malo que contraten ese servicio? ¡Ah, ahí está el detalle! No es para que traduzcan de otros idiomas al español, no; está contratado para que traduzcan al español ¡todas esas jergas regionales que los nacionalistas han instituido como idiomas oficiales en sus respectivas comunidades autónomas, como las llaman!

—¡Pero si todos hablamos español!

—Ya.

—¡Pero si son ellos quienes más deben velar por el idioma oficial!

—Ya.

—¡Pero si eso es tirar el dinero, derrochar, malgastar!

—Ya.

—Bono, quiero decir, bueno.

—Ya.

—¿Cómo se dice Me cago en sus señoras madres en bable?

—Ni idea. ¿Quiere que lo pregunte?

—Por favor.

—¡Oiga, oiga, es esa Alta institución...? Sí, sí, mire una pregunta: ¿cómo se dice Me cago en sus señoras madres en bable? Sí, es un dialecto asturiano, sí...¡Ah..., ya..., ya! Bueno, perdón, bueno, bueno, perdón otra vez y gracias. Adiós.

—¿Qué dicen? ¿Cómo es?

—Que lo sienten muchísimo pero no me lo pueden decir: el servicio de traducción simultánea es para uso exclusivo de la Alta institución; no para beneficio del ciudadano corriente.

—Ya.

—Sí; no veas la que me han echado. Pero, no obstante, creo recordar de mis tiempos de EGB que se decía algo así como Ego cagarsum in proxenetrixes vostris, meoribus señoriabus cornipetorum.

—¡No me digas! ¡A mí eso me suena a latín!

—¡Ay, perdón, me creo que llevas razón! Es que con el hambre que tengo no sé ni lo que me digo.


2) CÓMO SE DA EJEMPLO:


Antes, en la Segunda Dictadura (la Dictadurísima), pensaba que los altos cargos se aprovechaban de su posición y riqueza; que los políticos robaban (rapiñaban) cuanto podían; que los afectos al régimen ocultaban las injusticias, errores y chanchullos de éste. Esperaba que la democracia por la que tanto suspirábamos nos evitaría estas tropelías y canalladas que suelen ejecutar los más fuertes sobre los más débiles.

¡Ay, inocente de mí, infelice soy pues cándido era!

Hoy, pasados los años, cambiado el régimen nominalmente, lleno yo de años y arrugas, pienso igual de este sistema que han confabulado entre todos (pero lo pienso nada más, ¿eh?; como hacía entonces, no se me ocurrirá decirlo). Con algunas diferencias:

*La Iglesia era un cooperador necesario. Hoy creo que no.

*Antes los líos no se publicaban, pocos sabían, muchos intuíamos, todos callábamos. Hoy se publican, todos sabemos, algunos intuyen, muchos callan.

Claro, después de haber sido puteado a lo largo de toda una vida, observando aquí, escuchando allá, callando siempre, he aprendido algo. Por ejemplo:

** Que los que se proclaman de derechas o izquierdas de toda la vida no son sino o tontos o aprovechados de toda la vida.

** Que los que se proclaman de izquierdas sirven para gastar los posibles que haya; los de derechas, para ganarlos.

** Que cuanto menos se tiene, menos hay que dar.

** Que meter en casa a tu enemigo no te trae sino problemas.

** Que los que más arriba están, mejor ejemplo han de dar porque sus hechos son más vistos, emulados y
establecidos como normas.

** Que cuanto peor está la situación, mejor te la quieren pintar los irresponsables que han dado lugar a ella.

** Que cuanto peor es una medida a tomar por la administración, más probable es que la tome.

** Que habituarse a lo malo lleva poco tiempo; deshabituarse, mucho.

** Que cuanto de menor relevancia y soldada es un empleo, más te exigen para adjudicarlo.

—Vamos, no me diga usted eso. ¿Cómo es posible que disparate así?

—Perdone, es que estaba pensando en el Papa y en el Presidente del Gobierno.

—¿Qué tiene usted contra el Papa?

—Nada. Estamos en país católico, ya sabe.

—¿Y contra el Presidente del Gobierno?

—Mucho.

—¡Pero qué dice, con lo bueno que es!

—Habla muy bien: no dice una a derechas.

—¡Hombre, qué espera siendo de izquierdas él?

—¡Pero es que tampoco las da!

—¿Ejemplo?

—El efecto llamada de la inmigración. Se lo avisamos.

—¡Cuántos más seamos, más fuertes nos sentiremos!

—Si yo no digo que no; sólo que se nos ha colado toda la flor y nata de los sin-ley; ahora la nata se ha ido, porque no hay empleo, y se nos ha quedado cada flor que ya, ya.

—El jardín mejor huele cuanto más poblado está de flores y más variadas son éstas.

—De acuerdo, de acuerdo, como usted quiera. Pero es que, además, nos hemos echado unos amiguitos que son más dictadores que Hítler.

—¿Ejemplo?

—Los Hermanos Dalt..., perdón, Castro, Chávez el Hugo, Evo, algunos líderes africanos y callo.

—¡Héroes son de la izquierda y libertadores son de sus pueblos!

—Si yo no digo que no los liberen; lo que digo es que no los liberen a costa de robarnos a nosotros para enriquecerse ellos, no para esclavizar a sus pueblos, ¿eh?

—Tendrán su castigo si tal hacen; recuerde, amigo mío, que más difícil es que entre un rico en el paraíso que que...

—Bueno, me consuela muchísimo usted, pero no da de comer a los cinco millones de parados que tenemos aquí.

—¡No sólo de pan...!

—Ya, ya, ya. Pero cuando haya que tomar las medidas que ahora se están tomando en Grecia, ¿que nos dirá a todos estos que ahora vemos cómo se derrocha el dinero público, ese dinero que luego habrá que reponer a costa de los sacrificios de los que asistimos impotentes al espectáculo que se está representando en el Gran Teatro Piel De Toro, el de “¿A que no sabes dónde se hace uno rico más rápido?”, con un plantel de artistas de primer orden?

—Perdón, me he perdido; ¿puede repetir?

—Vale. ¡Mozo, llena de nuevo que paga el amigo!


3) CÓMO SE OBRA:


—¿Cómo vamos a prohibir los regalos a los políticos? ¡Tiene usted unas cosas!

Pues mire usted, se prohíben y ya está; es bien fácil de hacer. Ni regalos idóneos ni puñetas, ¡todos a donde picoteaba el pollo! Quien quiera ser político que sepa que si se le pilla con un regalo aceptado por él o por su entorno familiar, se le desposeerá de su acta y que se gane vida y regalos como los demás de los comunes. Ahora bien, si es que le quiere usted buscar imposibilidades a esta medida, le ofrezco otra opción: que todo regalo recibido por político o ámbito familiar sea ingresado en una sección responsable de hacerlos llegar a las capas humildes y más necesitadas de la población.

—¿Que los partidos lleven listas abiertas a las elecciones? ¡Pero, hombre, por Dios, así puede suceder que me quede sin escaño!

Lo que realmente puede suceder es que los ciudadanos votemos a quien verdaderamente queremos votar; no al sinvergüenza que se ha colado en las listas y todos sabemos de sus hazañas y milagros y que nos tenemos que tragar porque va en las listas. ¡Luego, cuando traicione y para más cachondeo, saldrá diciendo que él está legitimado a no devolver su acta porque el pueblo le votó! ¿Sabe lo que le digo, eh? Pues le digo que, ¡Ja, ja! Y aún le diré más: ¡Ja, coño, ja!

—¿Dos vueltas? ¿Elecciones a dos vueltas? Pero, ¿usted sabe lo que está diciendo?

Pues, mire usted, sí: estoy diciendo de acabar con la dictadura de los partidos bisagra, de aquellas minorías que hacen valer su poder artificialmente cebado para desmembrar el país, sacar tajada de donde no hay, y actuar ilegítimamente con toda impunidad.

Mire, si se instauran las elecciones a doble vuelta, el partido que salga de la segunda de ellas formará gobierno y gobernará tomando decisiones que atañan al bienestar común durante el periodo de su legislatura sin tener que ceder ante el chantaje de los partidos minoritarios: no hará falta ninguna clase de mayoría para que se implanten leyes. La oposición habrá de esperar a su oportunidad para llevar a cabo las reformas que estime cuando las urnas se lo concedan.

—¿Y por que se me haya olvidado mencionar este pequeño detalle voy a quedar invalidado de por vida para ejercer la política?

¡Pequeño detalle! ¡Pequeño detalle? ¿Llama usted pequeño detalle a esto que equivale en euros a más de lo que puede obtener por un mes de trabajo honrado y duro cualquier pescador, cualquier basurero, cualquier albañil, cualquier médico?

¡Vamos, señor político: lo que en otros sería falta, en usted es delito!

Vea, un ejemplo: ¿qué me diría si la cabeza del Opus Dei se revelara como uno de los mayores sinvergüenzas del siglo, eh...? Perdón, ¿cómo dice? ¡Ah , que no ha sido del Opus Dei? ¿Los Legionarios de Cristo? Vaya por Dios, perdón, me he equivocado; he querido decir el fundador de Los Legionarios de Cristo; pido humildemente perdón a los seguidores de don José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y admirador de doña Concha Piquer por la absurda e innecesaria cita de más arriba: don José María fue una excelente persona, si bien que con gustos musicales un tanto ramplones.

—Déjese de perdones y contésteme a esto: ¿acaso no es meritoria la obra del fundador de Los Legionarios aunque su vida fuera un desastre?

Razón sí lleva: ¿cuántas personas no encuentran la paz interior y descubren el bien a los demás al entrar en esta Legión? Ya en más de una ocasión he tenido oportunidad de expresar mi admiración por el buen hacer, mi convencimiento de la necesidad, mi envidia por no pertenecer, mi negativa a entrar en alguna de estas organizaciones católicas (y no quiero dejar sin mencionar a Cáritas Diocesana); ahora me reitero en ello.

Razón sí llevo: lo que es intrascendente para ciertas coyunturas, ciudadanos, dedicaciones, oficios, empleos, pueden no serlo para otros. La locura, por ejemplo. ¿Qué importancia puede tener en el tonto del pueblo? No mucha; hasta le puede dar tipismo al mismo. Ahora bien, ¿se imaginan un Presidente de Gobierno loco? ¡Llevaría a su país al desastre! ¡Acuérdense de Hítler, de Stalin, de Castro, de Nerón o de Chávez!

De esto es de lo que hablamos: de la repercusión de su obra en los demás. Si el fundador de La Legión de Cristo no fue ejemplar en su vida propia, allá él; en la memoria de la Historia quedará. Si su obra es, en cambio, positiva para la convivencia y deseable por sus frutos, esta obra tendrá el respeto de quienes alientan el progreso de la Humanidad.

Si un político es mala persona y no ejemplar en su vida privada, allá él, con su pan se lo coma y aquí gloria y haya paz y amén. Ahora, si en el ejercicio de su profesión hace mal a sabiendas, ¡a la puta calle!, que decía mi amigo Arturo.

—¿Ganar un sueldo digno, dice? ¿Es que es acaso indigno el que nos ganamos?

Al decir ganar ¿implica que nosotros perdemos? Porque ganar su sueldo significaría resolver los problemas ciudadanos, hacer más placentera su vida, etc; ustedes, en cambio, crean problemas que se sacan de una chistera como los magos sus conejitos.

Y en cuanto a cuantía, para mí que ni ustedes mismos saben lo que ganan, de lo liado que se lo han sabido montar. Pero, ¿acaso es digno que EN ESTOS TIEMPOS una pajina como la hija gane un sueldecito averiguado de 20.000 euros/mes? ¡No, no, dígamelo, eh?

Que se sepa cuánto ganan y cómo lo ganan, qué tienen y cómo lo tienen. Todo ello para que puedan ustedes decir, como tan dignamente lo hace Bono, que son frutas sanas.


4) CÓMO NO SE OBRA:


Es uso conveniente para la buena salud de cuerpo y alma cuidar sobremanera los derechos ajenos; esto lleva, en ocasiones, a situaciones en que es preferible o, al menos, discutible, meternos en lo que no es asunto nuestro; por ejemplo, no denunciar al conductor que se salta un semáforo, por razones bien evidentes. Sin embargo, aquel que hace mal uso de la propiedad común, sí que debe ser denunciado porque a la corta o a la larga nos beneficiará.

Bien, pues es normal en la clase política no denunciar al político que es pillado con las manos en la masa; antes bien, le arropan y cierran filas en su torno y tergiversan la verdad y quedan como lo que son: cómplices por encubrimiento.

Claro, no es normal que paguen factura por hechos tan deleznables; por un lado, lo de la alternativa electoral no deja de ser un engañabobos en tanto persistan las actuales circunstancias; por otra parte, la proliferación generalizada del desmadre político por todos los partidos componentes del arco parlamentario hace todavía más inútil lo de las denuncias. Los políticos lo saben, como es lógico, y saben sacar partido de ello: pasta y déjame pastar que el dueño del pasto por mí no se ha de enterar.

Pero es que cuando un político saca renta ilegal de esta postura, a quien está engañando es a la comunidad entera; a su vecino, que lo desconoce tanto como a su colega que lo está viendo hacer y calla.

Además, siendo el gestor de la cosa pública, cuando un político calla los actos punibles de otro está perjudicando a la comunidad entera.


5) EN RESUMEN:


Es bien evidente: Al final terminan viviendo en una irrealidad tal que ni les molesta la conciencia más por ocho millones de muertos que lo podría hacer por cinco millones de parados. Esta aplicación a la irrealidad de la política, o síndrome de La Moncloa, es totalmente inaceptable para los gobernados, que han de sufrir las veleidades e inconsistencia de una mente individual que no tiene más conexión con la realidad que lo que le transmiten entidades interesadas que, simplemente, van a lo suyo.