SEÑOR ALCALDE
 
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Sírvase, señor Alcalde, aceptar nuestro primer saludo en este nuestro número inaugural.

www.elindependientedigital.es le desea tan larga vida como nos la deseamos a nosotros mismos.

Una vez cumplido este deber de cortesía, vayamos por partes.

Esta es la primera: Tenemos un bien público, o sea, un bien que pertenece a los que forman parte de una determinada comunidad. ¿Quiere esto decir que la propiedad pertenece a determinada persona? No, por supuesto; nadie en concreto puede atribuirse ser poseedor único de algo que es de todos. ¿Quiere esto decir que nadie puede hacer uso de ese bien por el mero hecho de que pertenece a todos? No, por supuesto; todo lo que es útil y conveniente debe ser aprovechado para el bien de la comunidad.

Bueno, pues ahora viene la segunda parte: ¿quién y cómo regula el uso de tal bien? Aquí caben varias soluciones dependiendo del tipo de gobierno instaurado en la comunidad de marras: si este sistema es una dictadura, de izquierdas o de derechas, pero dictadura, la cosa no admite dudas: se hace lo que yo digo y las reclamaciones al maestro armero; si el sistema es una democracia, tampoco debe haberla, duda, digo: los representantes democráticamente elegidos por los componentes de la comunidad son los encargados de hacerlo de la forma que ellos juzguen más conveniente para los intereses comunes. Se supone, que es mucho suponer, claro, que estos señores son sensatos, objetivos, responsables, y todas esas cualidades de las que con tanta frecuencia adolecen.

Pues esto es lo que pasa aquí. Y como nosotros, cuando nos ponemos, nos ponemos, pues así va la cosa, claro.

Sucede que, desde los años cincuenta del siglo pasado, la mucha pericia de nuestros politiquillos de turno ha ido haciendo tabla rasa de lo que era una ciudad preciosa; así pues, lo poco que ha escapado a su voracidad urbanística es tratado hoy día como bisabuelito en casa de chino. Los Aljibes Árabes no es que tengan nada de extraordinario y, en una ciudad con solera conscientemente conservada, se despacharían con no más de un par de rengloncitos en la guía turística; aquí, claro es, no.

El caso es que el ayuntamiento ha montado allí un chiringuito en el que una empleada desempeña su labor; no voy a entrar en el sistema de acceso al puesto y tampoco en la calidad del servicio que la dama en cuestión ofrece. Lo que sí voy a denunciar es: primero, la incompetencia (¿presunta?) del responsable municipal; segundo, la señora gorda, de cabello muy corto y, en apariencia, teñido a medias de plata y raro.

Vamos primero al organizador:

El ayuntamiento concede permiso a una asociación cultural, ADOJAL, para que organice una exposición allí y en horario de 19 a 21 horas; entonces, ¿por qué a las 20 horas de la tarde del viernes, 5 de marzo, alguien da órdenes para que la sala se desaloje y, acatando dicha orden, una azafata y una señora gorda echan a la calle a los que estábamos visitando la citada exposición? ¿Cómo dice?, ¿que iba a tener lugar un concierto? ¡Ah, ya! Y entonces, ¿quién ha sido el espabilado que programa un concierto a las 20 horas de ese día? ¿Cómo dice?, ¿que no era para las 20 horas, sino para las 21? Y entonces ¿por qué nos expulsaron de la sala a las 20 horas?, ¿qué o a quién molestaba que hubiera unas personas viendo unos cuadros y haciendo comentarios si el concierto no empezaba hasta la hora de finalizar la exposición?

De todas maneras, y como a continuación se constató de sobra, no era éste el sitio adecuado para la realización de un recital flamenco con dos figuras como Antonia López y Rocío Segura: hubo más gente de pie que sentada a lo largo del concierto; mucha más. Lo que ratifica la incompetencia del organizador.

Ahora vamos a la señora gorda de entre plata y raro:

Lo más humillante para los que fuimos expulsados de la exposición fueron los modales pésimos y dictatoriales con que se hizo. Lo más gracioso fue que, tras una espera de media hora en la calle, apareció la señora gorda y estuvo dándonos órdenes, no consejos, ¡órdenes!, sobre cómo comportarse en un concierto. ¡A nosotros, los socios de ADOJAL, es decir, a los docentes jubilados!

Me recordó muchísimo a aquellas solteronas maleducadas y ordenancistas de la Sección Femenina. Aunque, a decir verdad, la mayoría de aquéllas estaban delgadas; por lo menos, las que yo conocí. Ésta, no.Ésta señora tenía la pinta rechoncha y malencarada de cierto generalito a quién todavía hoy andan descabalgando del caballo sobre el que lució en las plazas de media España a lo largo de medio siglo: el tremendo Dictador de la Segunda Dictadura. La Dictadurísima.

¡Ea, señor Alcalde, pues a ver si toma más nota de esta crítica que lo ha hecho hasta ahora de las peticiones que la Asociación Cultural Julián Arcas, de Pulso y Púa tantas veces ha hecho a la corporación que preside para que le sea concedido un local en donde poder realizar ensayos! Aunque no tenga la calidad social de la Peña El Taranto, ¡en qué cabeza cabe!, le aseguro que la calidad musical de sus componentes, así como de la música que hacen, es también digna de alguna atención. Respeto.

Respeto, pues era la música que nuestros abuelos hacían en esta ciudad cuando usted, los suyos y los que no lo son, eran niños de teta, (con perdón por lo de teta, dicho es sin ánimo de ofender).

Atentamente, el equipo de redacción en pleno.

Vale.

 
     
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