EL CHARNEGO ERRANTE
 
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Se le ha ocurrido al charnego insigne, donde los haya, y tocayo de Zapatero, José Luis Carod-Rovira, crear un mini-ministerio de asuntos exteriores de Cataluña; o sea, éramos pocos y parió el abuelete. Ya hace que le viene dando vueltas a la genialidad y gastándose los dineros de los catalanes y no catalanes en sus proyectos pretenciosos; se ve que al chaval se le queda pequeña Cataluña y, por ello, ha dado en correr y recorrer el mundo con su catalanismo almodovariano y casposo, para una mayor honra y lustre de su región de adopción. Que es Cataluña, con eñe de España.

Desde mi perspectiva no es, por supuesto, el tipejo más adecuado para ello: un señor a quien no le duelen prendas a la hora de reírse de las creencias religiosas de una gran parte de sus compatriotas, no es muy presentable para tal función. Además, le tengo por persona carente de lo que en la mili se le suponía a la inmensa mayoría de los que la sufrimos: valor; si no, que dé una muestra del suyo poniendo en práctica payasada similar a la representada en Jerusalén pero con la figura de Mahoma en el papel protagonista: al fin y al cabo, el islam tiene las mismas connotaciones negativas que el cristianismo, sólo que acentuadas y retrasadas seis o siete siglos por lo menos, ¿no, Pepe Luis?; si no me equivoco, ellos andan allá por el año 1300 y pico, o así, ¿no, Carod?

Eso sí, no se le puede negar que es un hombre de mundo: con nuestro dinero, sin reparar en gasto alguno (en contra de la fama reinante sobre los que en su región de adopción vieron la luz) este buen (¿) señor tira con pólvora del rey y en los tres últimos años ha realizado viajes por Israel, Jordania, Mozambique, Cuba, Costa Rica, Francia, Estados Unidos, Alemania, India, Ecuador, Reino Unido, etc. ¿Qué les parece? Y no piensen ustedes que no rinde cuentas: cuando se le pregunta por el coste de alguna de sus genialidades responde “Esto cuesta lo que tiene que costar”. De nuevo, ¿qué les parece?

Pasa que todo se le consiente, por eso de la bisagra, ¿saben? Que en romance normal y corriente significa: las minorías proponen, disponen, ordenan y mandan; todo ello como consecuencia del sistema electoral español. Miren ustedes, en muchos países de los más adelantados del planeta no se da el caso risible que un grupo político minoritario se erija en el arbitro y juez de las contiendas entre los grandes representantes de la soberanía democrática española. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque tienen un sistema electoral de doble vuelta y sale un solo conejo de la chistera. Que es el que manda durante el periodo legislativo correspondiente.

No sé si aquí, dadas las características de nuestra idiosincrasia, daría resultado este procedimiento; sí sé que el otro no lo da: el Gobierno de la nación está constantemente sometido a las veleidades, chantajes y exigencias continuas de las minorías; cualquier iniciativa, todo lo razonable y beneficiosa que se quiera para la nación, ha de contar con la cooperación interesada de los grupos minoritarios, siempre que no se cuente con la mayoría absoluta en el Congreso; si se cuenta, es lo mismo: venden sus intereses al mejor postor y encuentran su acomodo arropando a quien más le ofrezca.

Bueno, las putas son personas que venden su cuerpo por ventajas de orden material; la mayor parte de ellas lo hacen porque no han encontrado otro sistema mejor para ganarse la vida honradamente. También hay putas que lo hacen por el gusto al sexo, pero éstas no lo disimulan con excusas vanas ni van por la vida como si fueran las redentoras del género humano: son putas, lo saben, les gusta, y a mucha honra y mayor alegría para quienes de ello disfrutan.

La solución, pues, la tiene un pequeño ajuste en nuestro actual sistema constitucional: un referéndum al año, no hace daño; uno a los treinta años, menos. ¿No?

Vale

 

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