DE JUECES Y POLÍTICOS
 
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Ya estamos metidos en cinco!

¡Alegría y sursum corda!

¡Esto se arregla solo!

Sí, amigos, sí: esto se arregla solo, o sea, sólo con que se muera el perro.

Porque si no, ni con el plan Felipe.

¿Que cuál? Ése de que el tiempo los madura, luego los pudre, luego vienen los gusanos y, por último, desaparecen. A los problemas me refiero.

No caerá esa breva.

Pero, mientras, ahí están los jefazos de las cocos y su cándido coleguilla haciendo todo lo que en sus manos está por lograr que nos metamos en seis.

O sea, NADA. O sea, MENOS AÚN: defendiendo un único puesto de trabajo: el de un juez.

¡Hombre, que hay cuatro millones y medio que lo tiene ya confirmado! El paro, digo. Como a ellos les da igual: ¡todos los meses cobran! ¡Maravilloso! ¡A vivir, que son dos días!

Y si por lo menos se estuviesen quietecitos; pero, no. No pueden. Tienen que hacer algo.

¿Qué?

¡Ah!

Pues desde aquí les queremos decir a los señores Toxo y Cándido que con:

(Letanía airada:)

(Coro:)

   
una guerra civil tuvimos bastante;
los paraísos venezo-cubanos tenemos bastante;
Azaña, Franco, Mola, Prieto, Largo, Negrín, Queipo, etc tuvimos bastante
Enciso, Conde, Muñoz, Costa, Rubio, Juanito, Roldán, Bárcenas, Pantoja, etc tenemos bastante

 

Por consiguiente, y si se demuestra que se lo llevó calentito, don Baltasar, digo, pues de botines al talego.

Si no se lo llevó, para eso están los mismos juez y tribunales que enviaron a la cárcel a Vera y Barrionuevo.

Claro, ustedes pueden pensar:

—¡Sí, don Baltasar los mandó al talego, pero ni fueron todos los que debían ni devolvieron nada de lo que cogieron! —A lo que se les contesta:

—No conviene mezclar churras con merinas: cierto que se les escapó una X, pero ¿qué es una letra en el océano de los despropósitos?

De todas formas y maneras, todos SABEMOS quién es esa X y, como por sus acciones le hemos conocido, pues ya sabemos de qué paño está hecho el saco: un capitán que ve a los suyos condenados y carece del valor preciso para dar el paso al frente, los abandona y deja que apechuguen solos y él escapa como conejo sin dignidad ni respeto por sí mismo.

Como de costumbre es el pájaro en cuestión el menos idóneo para dar lecciones y el primero que sale a darlas.

Por poner un ejemplo: la Esteban, que no es nombre de prostituta pese al artículo determinado, no tiene la menor vacilación a la hora de indicar a los demás cuál ha de ser el comportamiento adecuado en cada momento y circunstancia; pues este señor (¿), esta X acobardada e indigna, tampoco duda a la hora de ponerse
él como ejemplo de digna responsabilidad y honradez sin dejar aflorar ni el mínimo síntoma de sonrojo.

Cara de político.

Hablando de otra cosa: hay materiales duros como el granito; hay otros aún más duros, el acero, por mencionar alguno. Pues bien, hay otro todavía más duro: aquél del que está hecho el rostro de quien provoca vergüenza ajena. No me imagino cómo puede haber sido tan poco íntegro y tener la poca vergüenza de no esconderse en el último sitio del último lugar del último rincón en donde no lo conozcan y allí, si puede, acabar sus días en silencio y humillación. Al menos.

Volviendo a hablar de otra cosa, es de lo más divertido el espectáculo que están dando muchos de los que hacían más de lo que debían para descorazonar a don Baltasar cuando éste intentaba meter en el talego a cierta X de mala memoria y peor recuerdo; hablaban de él pestes y argüían que si obraba de tal manera o cual otra era por ansia de venganza ocasionada por el ridículo mayúsculo a que la falta de palabra de otro alguien de cuyo nombre no me acuerdo, llamémosle x, le había forzado a representar.

Ahora, en cambio, recogen firmas, abogan en periódicos, fuerzan tertulias, agotan teles y encrespan al país alabando el pundonor, buen nombre y mejor hacer del buen Baltasar.

Pero, hombre, vamos, digo yo, o es un juez excelente o un absoluto desastre o una cosa intermedia.

Trabajador, increíble, tremendo, absoluto. Que es por lo que se le escapan algunos cuesquecillos.

Jurista excelente. También lo creo.

Pero tiene algunos pecadillos; a saber: su mostrada y demostrada debilidad hacia la izquierda; su presunta y aún no demostrada convincentemente debilidad hacia don Din; su tremenda vanidad y concienzuda egolatría; su ansia de venganza, que en cualquier persona es sólo flaqueza pero que en él es ilicitud con presunción de ilegitimidad.

Todo esto, en su conjunto, ¿qué viene a expresarnos? Presuntamente, claro está; algunas facetas más presuntamente que otras, pero todas presuntas.

Pues nos dice que don Baltasar es un hombre fuera de lo corriente, con sus pros y sus contras, con sus debilidades y sus grandezas. O sea, un hombre. Sólo eso.

¿Qué efecto tiene un hombre así sobre la comunidad que formamos la nación?

Teniendo en cuenta que los intérpretes de la Ley deben ser ejemplo en el que se miren los demás ciudadanos; ecuánimes, ponderados, imparciales, asépticos en lo que a la aplicación de la Ley se refiere; honrados de por sí y en apariencia

FALLAMOS que el total de su actuación es muy negativa y

CONDENAMOS a don Baltasar a una reclusión de por vida en salón comodísimo y profusamente iluminado con bombillas sebastianas, en el que se hayan dispuesto espejos en los lugares que habitualmente ocupan techo, suelo y paredes para que disfrute de su egregia estampa por los años de los años y viva feliz y narcisamente al objeto de que se olvide de los españoles por los siglos de los siglos amén.

 

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