¡VÁLGAME DIOS !
 
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Con qué fuerza moral pueden exigirnos sacrificios, ellos, que sólo piensan en sus pequeñeces y en cómo dilapidar más inútilmente lo que tanto trabajo nos ha llevado ganar?

¿De quién tienen permiso para atribuirse sus tarjetas de crédito, sus desplazamientos inútiles, sus gastos suntuarios, sus teléfonos y dietas, todo con cargo al producto de nuestro trabajo?

Hecha la pregunta, viene el cachondeo; pues los muy desvergonzados tienen el descaro que hace falta para no sonrojarse mientras arguyen:

—Tenemos permiso nuestro, dado según manda la ley que hicimos para ello. Además, la pregunta es demagógica, retórica y de cara a la galería: el permiso nos lo disteis vosotros hace cuatro años, en las votaciones, ¿no recuerdas?

Pues, no, señor, no recuerdo.

Sí recuerdo que concedí permiso para que gestionaran nuestros asuntos a unos señores que me hicieron una serie de promesas de las que, al poco, se olvidaron o abjuraron de ellas. En cambio, mostraron enseguida sus dientes de lobo y, sin pausa y sí con prisa, se lanzaron sobre el pobre cordero que éramos los embaucados por sus palabras. Si es que alguno de nosotros se dejó embaucar, que sí que lo habrá y, sin duda, habrá de ser el que con más ahínco y brío se estará aplicando ahora a maldecirlos.

Nos muestran en qué consideración nos tienen hasta en las pequeñeces de la vida cotidiana: una boda, por ejemplo. ¿Una boda normal? ¡No, señor! Ha de ser una boda suntuosa, como corresponde a un miembro del Gobierno, sea Álvarez Cascos o la hija de Aznar. De modo que ¡a tirar con pólvora del rey! Y venga a cortar calles para el paso de la comitiva, y venga a cerrar monasterios para que el zascandil de turno alimente su ego. Seguridad privada? ¡Noooo! Policía municipal. Nosotros, venga a aguantar sus incomodidades y trapacerías.

No es que se detengan ahí, no. Les da lo mismo el día a día:

—¿Has visto que modelito más mono ha sacado hoy la vice-presidenta?

Por supuesto que sí. ¿Cómo no íbamos a verlo? Todas las televisiones han enfocado a la ilustre esmirriada por su lado más favorable. Y pese a la mucha sabiduría de técnicos y montadores, me sigue pareciendo tan mona como siempre. Todavía más. Porque, para elegante, elegante, elegante, Camps. ¡Vaya trajes! ¡Y cómo los viste! ¡Con qué empaque! No se puede decir que se haya tirado nuestro dinero en él.

¡Ay, Señor mío!

¿Graciosillos? Bueno, si es que ser gracioso equivale a malgastar nuestro dinero cuando hay quien se está muriendo de hambre en nuestro país, sí, lo son, ¿a qué negarlo? Cantidad. Mucho. Muchísimo. A espuertas.

¿Saben que uno de estos pajaritos, perfecto castellano-parlante, se empeñó en que se tirara nuestro dinero en contratar intérpretes para que tradujeran a la lengua oficial del estado lo que iba a decir en el Senado? Se empeñó el chavalín en hablar en los dialectos y lenguas minoritarísimas que en el reino son aunque allí todo quisque sabe español; su capricho se llevó más de seis mil euros de las arcas públicas, ésas que hay que cuidar y mimar como si no fuesen nuestras, que sí que lo son, saben? ¡Como si las palabras de un politiquillo de tercera regional y bachillerato en las costillas merecieran ser traducidas! ¡Vaya por Dios! Quedará como un colmo difícilmente superable en la antología del disparate dispendiador.

¡Y este pajarito, quiero decir, el honorable Montilla nacido en Córdoba y bachiller en estudios, gana la friolera de 200 euros reconocidos!

Sólo por crear problemas que, sin él, no existirían.

Y, por supuesto, por sus iniciativas señeras, dignas de los más cualificados falangistas y comisarios políticos del franquismo más radical, como es el hecho de vestir uniforme a los chóferes de la Generalidad de Cataluña.

Es otro más de los ejemplos que florecen por doquier de cómo nuestros malhadados gobernantes se aprietan el cinturón. De cómo miran por nuestros dineros. O sea, para que se note la prestancia que tiene el oficio que desempeñan, ahí están sus chóferes, de bonito y de estreno. Para que te enteres.

Ea.

Pero, bueno, no piensen ustedes mal, no: sus trajecitos de uniforme sólo nos cuestan, reconocidos, ¿eh?, reconocidos, unos 180 mil eurillos del ala. Traducido a pesetas, unos treinta milloncillos de nada. Y, en realidad, ¿qué es eso comparado con los miles de millones de euros que se llevan las fauces hambrientas de una administración triplemente incompetente?

¿Ve?

Si es que usted lo ve todo negativo. Cuando hay que considerarlo desde la óptica apropiada, desde su verdadera dimensión y no dejarse llevar por la demagogia esa.

Anoche estuve viendo un reportaje sobre el gobierno en Suiza. Sus políticos no cobran. Sus políticos rinden semanalmente cuentas a sus gobernados en reuniones llevadas a cabo, generalmente en las iglesias. Allí también se toman los acuerdos comunales en votaciones a mano alzada. Los estudiantes suizos, curtidos en la escuela del esfuerzo, el respeto y el deber, están a la cabeza.

¡Bah, valiente chorrada! ¡El esfuerzo, el respeto, bah! ¡Tonterías fascistonas! Mire usted, amigo, lo mejor es falsear los datos de éxito y fracaso escolar y asunto arreglado; en un plis-plas, de vuelta a la cabeza de Europa y nuestro sistema educativo es el mejor del mundo. Que se lo digo yo.

¡Y, si no, el sanitario! ¡Fíjese usted si será bueno nuestro sistema sanitario que acuden de toda Europa, ¡qué digo Europa: de todo el mundo!, para que se les atienda! ¡Qué mejor prueba de la calidad quiere?

¿Que vamos a tener que pagar una cantidad por ir al médico? ¡Rumores sin sentido! Se ha propuesto, eso sí, que se abra un estudio informativo sobre la idoneidad de que cada beneficiario de la SS realice una pequeñísima cantidad como aportación por visita realizada. ¡Pero de ahí a pagar una cantidad..., maldad pura, cosas de la derechona que no se corta a la hora de esparcir rumores para desacreditar al Gobierno legalmente salido de las urnas! Hay que entender que la sostenibilidad del sistema en su óptica de las actuales prestaciones a todos los que lo precisan, sin mirar si ha cotizado o no para establecer una base de discriminación, conlleva la realidad de una cooperación al esfuerzo de...

—¿Pero vamos a tener que pagar por ir al médico de la SS?

¡Pagar? ¡Pagar, dice? ¡En absoluto, ni una peseta! ¡Propaganda de los agentes infiltrados y confabulación judeo masónica para desacreditar al Gobierno, como todos saben! ¡Cooperación, colaboración, compromiso con el progreso, esa es la palabra!

—¿Quiere decir que vamos a tener que pagar una cantidad por visita al médico de la SS?

¡Ni hablar! ¡Ni se le ocurra pensarlo! Sin embargo, un crecimiento sostenible necesita una estrategia creíble de consolidación fiscal que...

—Ya.

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