MÁS CORRUPCIÓN
 
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Lo último en ser contaminado, los sindicatos. Por ahora.

El sistema, el mismo que han venido utilizando exitosamente, o sea, hacer uso de dinero y prebendas para cambiar su razón de ser social, su funcionalidad específica, y sustituirla por otra diferente y acorde a los intereses del caprichoso del partido. Que es lo que han hecho con la Justicia, con el PER, con la banca, con la enseñanza, por poner pocos ejemplos de entre muchos.

La técnica, estrategia lo llaman ellos, ha sido así: conforme intuyen que los sindicatos pueden plantearles serios problemas a su política de sumisión de potestades dictatoriales, recurren al vil metal, que tanto denostan; ingentes sumas de dinero salen de las arcas públicas y se dirigen en chorreo incesante hacia las sedes sindicales. Una vez alcanzadas las cuentas de las centrales, el control de las sumas citadas se pierde y difumina en una contabilidad desconocida.

—Oye, Pepe Luis, que estamos llegando a los dos millones de parados —anuncia el famoso líder.

Pepe Luis entiende y, con su clarividencia acostumbrada, ordena más chorreo sobre la contabilidad desconocida. Llega el riego fermoso y las sonrisas de beneplácito y cordialidad vuelven a aflorar en los piquitos de los líderes famosos.

Al poco se escuchan noticias de que el paro alcanza los tres millones de angustias; las noticias corren por la bien engrasada correa de transmisión que les enlaza con el gobierno. Allí está Pepe Luis al quite: más chorreo a la contabilidad desconocida y vengan cursos y vayan chorradas. Los liberados, sacando pecho, florean como jilguerillos de los campos; hasta que se llega a los cuatro millones. Entonces se empiezan a escuchar rumores sobre...

Ahora vamos tocando los cinco millones; en algunas autonomías, entre ellas la andaluza, el tanto porcentual de paro supera el 27 %. Pero, claro, los sindicatos, ni pío; sus sueldos están bien al abrigo de cualesquiera tempestades; sus puestos de trabajo, o de descanso, resguardados por la gracia de Undivé, que es el Patrón de los gitanos. ¿A qué se van a mover si tienen de todo lo que precisan para ser felices?

Sí.

¿Con que autoridad nos piden sacrificios, ellos, que ninguno hacen?

¿Con qué cara nos miran tras cinco años de no resolver problema alguno que sea de beneficio a los trabajadores?

¿Quiénes les paga para que hagan lo que están haciendo? ¡Ay, Dios mío, que no sé ni lo que me digo!

Lo último ha sido el pacto entre empleado y amo: no me hagas la huelga general antes de que acabe el semestre español de Presidencia europea; además, la reforma del mercado del trabajo mejor la sacamos el día que empiece el mundial de fútbol.

Otra: ¡Seiscientos mil euros a cada uno de los millonarios de la selección si ganan el campeonato del mundo! ¡Cien millones de pesetas por 23 más el entrenador! ¡Vaya un despilfarro! Y se lo dan a unos señores, que tienen más que pesan, para que cumplan con su trabajo, ni más ni menos. Y les damos más que nadie.

Bueno.

A ver si se mira cuidadosamente quién acude a Sud-África de gañote. O sea, por la cara. Como hizo el Monteseirín viajando en avión y mandando su lujoso móvil por carretera para que cuando él llegase a Barcelona ya estuviese su oficial esperándole a pie de la escalerilla. Este pájaro, este Monteseirín, es el que está involucrado, además, en el caso Mercasevilla. ¡Dios, cómo apesta!

Pero, en fin, como el dinero que se tira no es de nadie, qué más da. Tantos millones para estos zánganos sindicales, cuando ninguno deberían recibir; tantos para la banca, cuando ninguno se les debería dar; tantos para los asesores a quien nadie hace puto caso porque lo que tienen que hacer es nada; que decir, menos.

Luego viene el señor Alavedra, sale en la prensa, tiene pinta de potentado y cualquiera lo tomaría por uno. Cuando lo es. No sé cuántos millones de euros han pasado por su radio de acción y han acabado donde no debieran. ¡Ah, pero es un señor, un auténtico político, una mente privilegiada! Su señora, otra. Y mientras: ¿dónde está el dinero?, ¿por qué no hacen que lo devuelva?, ¿quién impide que la Justicia actúe contra él como contra cualquier ladrón que se ha apoderado de lo que no es suyo?

Pero, si es igual. ¿Qué más da que lo devuelva al Alavedra, o como se llame, si otros cuarenta mil más no lo van a hacer? ¿Por qué no obligan a los ministros que desplazaron 3 aviones del ejército para personarse en Bruselas ¡el mismo día!, por que no los obligan, digo, a que devuelvan el gasto correspondiente a dos de ellos?

Nos están hundiendo en la ruina más negra. Muchos de nosotros ya lo estamos. ¿A quién van a rendir cuentas los responsables de esta situación?, ¿a nadie? Seguramente. Se excusarán con aquello de la exención de responsabilidad civil.

Luego pasa lo que pasa. Revientan las turbas y arrancan cabezas y corazones para clavarlos en picas. Los de aquellos que pillan, porque la mayor parte ya se han apresurado a huir a un comodísimo exilio extranjero preparado ex profeso como nidito de pájaro en años de bienestar.

Otrosí, se le está pidiendo a la tercera autoridad del Estado que rinda cuenta de la adquisición honorable de su patrimonio. Bueno, ¿y por qué no? Es un cargo público y como tal debe estar a disposición de quien lo demande; ¿qué menos que saber a quién confiamos nuestras vidas y caudales? Entonces, ¿a qué viene tanta reticencia, tanta renuencia? Con ello no hace sino que acrecentar el recelo que siente quien está bajo su administración, en la actualidad, todos los españoles.

Mire usted, si tiene algo que ocultar, váyase y rinda cuentas a los tribunales; pero váyase porque gente corrupta nos sobra. Si, por el contrario, no tiene nada que ocultar, exponga sus cuentas con toda claridad y déjese de tantas exquisiteces, señor mío.

Además, claro de la corrupción por omisión de deber, ¿eh?, que esa es otra. ¡Qué mal apesta!

La corrupción es una consustancialidad de la autoridad; cuando ésta es de izquierdas, hay que echarse a temblar. Acuda a nuestra memoria la última legislatura de FG; cuando me acuerdo se me aterrorizan hasta los pelillos: no había día que no saltara algún escándalo a las primeras páginas de los periódicos. Por ello, cuando veo al personaje dando consejos sobre esto y sobre lo otro, no puedo por menos que maravillarme en cuán estupenda es el alma humana. Digo estupenda porque sí. Estupenda, eso. Eso.

Y la luz. Va a subir un seis por ciento, es decir, 6%. No para las rentas más altas, no: para todos menos ellas. Y hace nada que la subieron dicen que un cuatro por ciento, 4%; para mí que les concedieron libertad de..., de..., no encuentro la palabra, no. No es atraco, en absoluto; pero no encuentro la palabra.

Eso sí: quedan exentos de esta subida los grandes consumidores. ¿Usted, por ejemplo? No. ¿Yo? Menos. ¿Quién, entonces? ¡Ah!

Y el caso es que aún no sé para qué quieren imponer la dictadura socialista en nuestro país. Ya se está viendo lo que sucede en Venezuela. Ni acordarme quiero de lo ocurrido en Cuba. En la Rusia de Stalin y Beria, ¿qué podemos decir? Entonces, ¿a que preclaro sistema socialista quieren reverdecer y, a lo mejor, recrear? No será el de Hítler, ¿verdad?

Por si acaso piensan en nuestra Patria les he de decir que, en las actuales circunstancias, casi no les merece la pena: es un país que actualmente ya es pobre, está considerado como el payaso de Europa, y no creo que quede mucho que sacar de aquí.

¿Por qué no la dejan en paz?

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