EL CONEJO DE LA CHISTERA
 
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La Política, como toda buena ciencia, rabia por encontrar su terminología característica; ello, según es mi opinión, ayuda a que los políticos se reafirmen en su propia salsa y, de paso, los que les pagamos nos los tomemos en serio y, por consiguiente, les respetemos; esto es aplicable, sobre todo, a los de pacotilla, políticos de pacotilla, vividores de la política, adoradores del ego y del euro. Que son mayoría en nuestro desgraciado país y tiempo actual.

Agarran estos pájaritos una palabra, le adjudican significado nuevo o en desuso, y, vestida con este ropaje flamante, allá que me la lanzan al ruedo político para que el ciudadano medio la sufra por medio de la media. Porque, claro, el que más y el que menos sabe de qué va esto y de que color es el plumaje de los tales pajaritos. Pero es así; como prueba fíjense en una de las penúltimas: sostenibilidad. Antes no se usaba; ahora nos la tenemos que tragar hasta en la sopa: todo es o tiene que ser sostenible; lo que no lo es, no se sostiene y va a basurero de la actual basura política.

Bien, pues vayamos a una, algo anterior pero tan en boga como la citada: protocolo.

Cuando el término saltó al ruedo fue, en mi caso, con la novela "El cuarto protocolo"; antes había escuchado el término en frases como "los gastos de protocolo se han desbordado más allá de todo entendimiento lógico", o "el Jefe de Protocolo se ha liado con la Jefa de Libranzas y han acabado en el Caribe".

De repente, no: todo era protocolo y de todo había que tener un protocolo: que te daba un bitango: a seguir el protocolo; que se veía humo en un cerro: a aplicar el protocolo; que un piloto avistaba un pletillo volante durante un vuelo: al protocolo de marras y concreto y amén.

Yo, al principio, pensaba en el pobre señor del bitango al que, en medio de su crisis, se le presentaba otro señor, éste vestido de punta en blanco y con unos modales exquisitos, que le informaba:

—Muy buenos días tenga usted, don fulanito. Suy su protocolo.

A partir de ese momento había vía libre para empezar a tomar medidas para retenerlo en este barrio y que no se fuera para el otro.

Lo mismo, o parecido, debería suceder en los demás casos. Por ejemplo, en el del monte que empezaba a arder, pues se llamaba por teléfono y se explicaba que había humo en tal monte; al instante se echaban a buscar al protocolo por todos lados; luego, cuando al cabo del rato no había aparecido, alguien, algún escribiente o algo, aclararía:

—Se ha ido de montería a una finquita en Toledo y ha dejado dicho que no se le moleste.

Y el monte venga a arder con todo prestigio. En el caso del piloto y el platillo volante, igual: le daba a un botoncito del cuadro de mandos y allá que te aparecía junto a copiloto el señor protocolo que, con voz suave, hacía por serenarle:

—Tranquilo, capitán, tranquilo. Ceda los mandos al copiloto y vaya a echarse un sueñecito en alguno de los asientos de primera clase. Pero solo, ¿eh?, la azafata se queda aquí. Y deje de pellizcarle el culo, puñeta. Perdón.

Así.

Estaba totalmente equivocado: el tal protocolo no era un señor o señora, no, ¡qué va! Era un conjunto de acciones a seguir ante una coyuntura determinada. Una serie de medidas, vamos, escritas en papel y ya está. Entonces empece a comprender de qué iba la cosa. Por ejemplo:

Coyuntura: político pillado en robo o similar. Protocolo: 1) recuperar inmediatamente lo robado al pueblo hsta el último céntimo de euro; 2) imponerle una multa equivalente al total de lo robado; 3) inhabilitación in aeternum; 4) al talego con él.

Todo lo anterior viene a cuento del Protocolo que está estudiando nuestra no paisana por poco, la ministra Chacón (la señorita Carmencita, para Arfonsito), referente a la forma de evitar abucheos al Excelentísimo ZP por parte del pueblo que lo eligió. Dicen. Pues, por eso, para facilitarle el trabajo a nuestra no paisana por poco y no charneguita por poco, desde aquí se le envía este Borrador de Protocolo por si le sirve:

Coyuntura: Abucheos repetitivo-anuales al Presidente Zapatero durante la celebración del desfile previo al regalo de piquito a costa del contribuyente en el día de la Hispanidad. Protocolo: cambio de ubicación de la citada celebración y traslado del desfile de marras al municipio de Rodiezno (León).

Así, con toda seguridad, los abucheos cambiarán a loas y aleluyas por el público local.

Seguro.

Vale.

 
     
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