¡¡¡TATATACHIIIIIN... PAJÌÌÌÌNNN!!!
 
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Lleva razón la señorita Pajín, como diría Alfonsito. O la señora Pajín, no se nos vaya a molestar nuestra flamante ministra de sanidad. Lleva toda la razón. Está claro que las familias españolas viven en mejores condiciones hoy día que en el 2004.

Bueno, por lo menos aquellas familias que vivan en mejores condiciones hoy que en el 2004.

Como la suya, claro. La de la señorita Pajín, quiero decir. La que está ubicada en Benidorm; esa JOYA de la costa alicantina.

El resto, menos unas pocas, no. Indudablemente, no.

Seguro que ni ellos mismos, los que no están en mejores condiciones, podían imaginarse que llegarían a esta situación.

Porque, puestos a imaginar, imagínense a un joven que llega a su casa tras un día de trabajo; abre la puerta de su casa; el pequeñuelo, dos o tres añillos, que se le tira a los brazos como si fuera su Dios; se pone a hacer la comida; llega su mujer, se sientan a comer, hablan, el niñillo que da la castaña..., ya saben: viven con honra.

Porque, puestos a imaginar, imagínense a una pareja en la cola; el hambre en los ojos, la vergüenza en los corazones; la desesperación que les llena; por doquier; la cola que avanza porque se ha abierto el comedor de CÁRITAS. A todo esto, el pequeñuelo que sigue su juego por la acera ajeno a la angustia de sus padres en la cola. Ya saben: comen con honra.

Viven con honra: de nada se tienen que avergonzar.

Por CÁRITAS.

La institución tan ninguneada por algunos. Que sí se tendrían que avergonzar.

No pueden.

¿Quién va a tener cara para decir algo contra una institución que en su seno alberga ese templo que es CÁRITAS? ¿Eh?

¡Nadie con corazón!

Bueno, sí: algún político.

Seguro.

De esos que niegan el pan y la sal a quienes ahora ayudan en esta época de vacas flacas. A la que hemos llegado, claro, por la lamentable avaricia de quienes han estado y siguen chupando de la teta a la vaca con tanta alegría como insensatez.

Vale.

 

     
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