SHERIFFS DE OK CORRAL
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23-II-11

 

Ciertos municipales de Almería
se tienen por sheriffs de O. K. Corral,
y han dado en tratar al personal
tal si fuera Judas y compañía.

Con una educación categoría
octava de tercera regional,
recorren la zona municipal
espantando con su bellaquería.

Se agostan los jardines, de terror;
los niños ya no crecen, por el susto;
a algunos viejos, debido al pavor,

el pelo se les torna un blanco adusto.
¿No es tiempo, mi señor corregidor,
de educar a este cuerpo tan vetusto?

 

Explicación del soneto:

Está claro que nos encontramos ante un soneto con clara intención crítico-literario-constructiva, ya que el primer componente del mismo es, sin lugar a dudas, el literario: si no lo fuese, no habría sido elegida la forma lírica y la estrofa soneto para la exposición del asunto o temática.

Comienza, pues, la composición incidiendo en el alcance cuantitativo de los afectados por el aspecto objeto de crítica: ciertos, dice el poeta, lo que es esencialmente opuesto a todos. ¿Quiere significar con ello que no extiende la crítica (en este caso, la falta de educación) a todos los integrantes del cuerpo de Policía Municipal? ¡Pues, claro que sí! ¿Quiere decir que los exculpa a todos? ¡Pues, claro que no! ¿Entonces? La respuesta es bien sencilla: se refiere a algunos, o sea, haberlos, haylos.

¿Quiénes son estos seres indefinidos en número y que con su mal hacer dañan la opinión total del cuerpo a los ojos de visitantes y ciudadanos? ¡Ah, amigo mío, qué quieres que te diga? No voy a especificar aquí nombres o números; no es mi función; para eso tiene el Ayuntamiento un muy amplio y escogido número de asesores a cualquiera de los cuales se le puede encomendar esta misión; y, fíjate, tengo la convicción de que lo hará con mucha más libertad y competencia de la que la Constitución me concede a mí como ciudadano libre. Curioso, ¿verdad?, pero, desgraciada y muy probablemente, cierto.

En el discurso de los dos primeros cuartetos el poeta presenta la problemática: mala educación en ciertos servidores municipales; y, aún va más allá, determina la tipología de la educación de marras a partir de un símil futbolítico: ¡octava categoría de tercera regional! No existe; a mi entender, tal categoría no existe; está fuera de toda mesura en la clasificación. Se sale del mapa, por así decirlo. Bien, pues tal es la educación de estos ciertos a criterio del poeta: muy inferior a ínfima. De todo ello deduzco que su educación corresponde a un nivel normalito de ESO, es decir, totalmente mala en urbanismo y modales. Como en lo demás, claro está.

De todo lo dicho, y a manera de ayuda voluntaria que se ofrece para la determinación de los sujetos, se puede deducir que éstos son jóvenes, ya que, al haber cursado ESO, han de serlo a la fuerza; totalmente iletrados, por la razón ESA ya indicada; de perfil matoncito tirando al hijoputilla de clase, con todo respeto y consideración hacia la citada familiar sea dicho; y, sobre todo, obtuso y zángano. Estos dos últimos puntos, claro está, aluden a su personalidad hace unos pocos de años, o sea, cuando zagalones. Ésta, la personalidad digo, puede haber cambiado de entonces acá. De hecho, estudios de Claparede referidos al tránsito del discente al pleno empleo, así lo determinan: "...y adquirir una leve pátina de cortesía que, a poco que rasques, te hará ver la opacidad de su incultura", en palabras del maestro.

En cuanto a los tercetos, el poeta hace uso de la hipérbole como una argucia con la finalidad de incitar a la actuación al individuo idóneo para poner orden en el gallinero. Por supuesto que los jardines no se agostan de terror, los niños siguen creciendo normalmente y los viejos sí tienen el pelo blanco pero no por la actuación de las entidades municipales objeto de la crítica, sino por el llamado efecto zapatero.

Por último, el poeta ofrece de manera altruista y gratuita una solución a quien corresponda: métales en vereda, señor corregidor; hágales ver que no todo el mundo es culpable hasta que demuestre lo contrario, sino al revés; indíquele que en su actuar y bien obrar, el sentido común es indispensable; que la objetividad ha de ser uno de los nortes de su tarea. Por último, encomiende a los que estime incursos en esta mejoría sensible del cuerpo, que se lean algún tratado sólido y contundente sobre buenas maneras y urbanismo. Por ejemplo, el Quijote: un policía municipal que se haya leído este monumento a la creatividad humana, es otra persona. Seguro.

 

     
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