02-III-11

DON MELCHOR RODRÍGUEZ

No estaría de más que este señor se leyera algún libro que reflejara vívidamente los acontecimientos de la Historia de España contemporánea.

Lo digo porque he acabado de releerme "El Ángel Rojo" que narra (con un estilo deplorable, en mi opinión, pero con un cierto rigor) la vida del famoso anarquista don Melchor Rodríguez; en él se describe con claridad el auténtico papel del comunismo en la Guerra Civil española. Vergonzoso.

Además, desmenuza minuciosamente el heroico comportamiento de sus líderes y lideresas a lo largo del conflicto y, sobre todo, en los últimos días de éste. Vergonzoso.

No soy de derechas; ni de izquierdas; ni de centro; soy de quien sea honesto, honrado y lo haga bien. Claro está, en la medida en que la información, que dejan que me llegue, me capacita para establecer criterio; que ésa es otra.

Bueno, pues en esa medida que digo, tengo por un hombre cabal, persona ejemplar, a don Melchor Rodríguez, torero fracasado, letrista mediocre; responsable de las prisiones en Madrid a finales del 36, obrero y anarquista a quien, desde aquí, doy en honrar con esta humilde contribución.

Claro, hay otros a quienes no tengo en tanto; a la inmensa mayoría de nuestros políticos actuales, por ejemplo. A algunos, en nada:

¿No hay bastante con cinco millones?
¿No está la economía por los suelos?
Y los precios, ¿no vuelan por los cielos?
La deuda ¿no nos llega a los alones?

¿Qué más quieres, tonto de los calzones?
Conocemos de sobra a tus abuelos
para ciscarnos en tus bisabuelos.
¿Quieres más, maldición de maldiciones?

Dimite de una vez y vete ya
a ese sitio do nunca huele bien
porque pleno de caca siempre está;

atranca bien la puerta, estando allá,
da dos vueltas a la llave, di amén,
¡y nunca de allí salgas! ¡Ojalá!

No intenten ver atentado contra el honor de nadie: todas las personas son honorables hasta que demuestran lo contrario. A cada uno, lo suyo. Mi respeto es máximo hacia las personas; mínimo hacia sus actos cuando éstos se hacen merecedores de ello.

Y los de algunos son "de libro": Que algo que por una vez sale bien en nuestra patria por la inteligencia y valor de unos, por la capacidad y hartazgo de muchísimos, se intente echar por tierra, ¡clama al cielo! Que se fuerce a la Justicia hasta el extremo de que un asesino en serie, de juana chaos, esté en la calle, ¡clama a los infiernos! Que haya casi cinco millones de parados y alguien vaya a la otra esquina del mundo para pedir más para las cajas, ¡clama a los bolsillos! Que las cajas eran rentables cuando ajenas a los trapicheos políticos y ahora las tengamos que ¿salvar? con nuestro dinero, ¡clama a la Iglesia! Que haya líderes que se aprovechan de su posición para llenarse la cartera y no haya derecho que los meta en la cárcel, ¡clama a la Justicia! Que un tío hunda una nación y los palmeros sigan batiendo palmas, ¡clama a la inteligencia!

¡Ay, ay, ay!

En Túnez se presenta el buen señor
a enseñar a los moros tunecinos
cómo sus de Al Andalus vecinos
la transición hicieron sin dolor.

De Catar viene el ilustre gestor
en donde a los moritos catarinos
ha felicitado por sus genuinos
logros en libertad de la mejor.

Aquí, en su Patria, el muy jodido
intenta desmontar la transición
y resurgir un rencor ya vivido;

amén de la cruzada que ha emprendido
por prohibir en esta pobre nación
todo lo que antaño era prohibido.

Perdonen los exabruptos. No era mi intención. Si alguien se ha sentido ofendido, ruego su perdón. Ahora bien, creo que la máxima responsabilidad de un país la tienen los políticos que la dirigen.

Y hay algunos que, más que concederles pensión vitalicia a qué quieres boca y leche de hormiga, se han hecho merecedores a todo nuestro desprecio y vilipendio. Verlos ahora convertidos en jarrones chinos que nos cuestan un dineral en este tiempo de crisis, es que..., es que..., es que... ¡Maldita sea!

 

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