14-III-11

SONETO OPERANTE

Recuerdo aquellos días como si estuviera ahora mismo en ellos: años de voces por encima del medio siglo con aquella vieja y sus gritos siempre iguales "¡Velas! ¿Quién quiere velas? ¡Velas! ¿Quién...?", siempre iguales, sí; unas máscaras corriendo ante municipales por calles de tierra apisonada y triste en un carnaval de escondite y píllame; concursos de bebedores de cerveza en unas ferias niñas y sucias; las risitas bajo los capirotes en las procesiones y los ojos en las mozas de pechuguitas más reidoras todavía.

Idos todos son.

Las calles en silencio polvorientas,
las voces que vocean lastimeras,
el recuerdo de velas en hileras,
las sombras de siluetas muy, muy lentas.

El paso sobre andas sudorientas,
susurros impacientes en aceras,
saetas de gargantas plañideras,
destellos de mantillas opulentas.

En El Pardo, Franco está contento:
España llora de dolor y pena
el misterio que supone el tormento

de la cruz en la bendita condena
que sustenta y da fuerza y alimento
a un régimen despótico y cruento.

La amenaza sempiterna de un Franco allá, cerca de las estrellas. Del Pardo y del Palacio de Oriente.

España bajo su férula implacable.

Hoy día, gracias a Dios, no: esto es un puro teatro en el que los actores y actrices son pajarit@s de corte muy liberal. Como muestra este ejemplo de Soneto Operante:

(aria doliente rompedora:)

Antesperpento de ley de igualdad
le dicen a esta última parida,
a la que, a la par, han dado vida
dos minis nenas en complicidad.

(coro de palmeros más o menos jodidos:)

¡Qué sublimidad! ¡Que teatralidad!
¡Qué barbaridad! ¡Qué simplicidad!

(aria más doliente aún:)

Esta absurda volubilidad
para mí que es la más liberticida
de este gobierno de capa caída
y más caída credibilidad.

(coro de palmeros más o menos jodidos:)

¡Qué calamidad! ¡Qué inutilidad!
¡Qué arbitrariedad! ¡Qué tortuosidad!

(terceto floreado en aria pulcra:)

            Que con cinco millones de parados
            se apliquen a chorradas macarenas,
            muchísimo nos dice de estas nenas.

(coro de palmeros estrictamente jodidos:)

            ¡Qué mediocridad! ¡Qué pasividad!
            ¡Qué precocidad! ¡Qué procacidad!

(terceto descojonante de amargura procesional:)

            ¡Ja, ja, ja, ja, panda descerebrados!
            ¡¡Ja, ja, ja, y sus chorradas obscenas!
            ¡Ja, ja, ja, ja, estamos apañados!

(coro con visos de final:)

            ¡Qué deslealtad! ¡Qué discapacidad!
            ¡Qué cerrilidad! ¡Qué imbecilidad!

(cerrazón estrambótica de carácter espontáneo:)

            Tornando estáis en verbena
            los usos de nuestra tierra:
            para lo nuestro, la guerra,
            y el laurel, para la ajena.

O sea, ¡Viva la democracia! ¡Que qué tiene de bueno? ¡Hombre, por favor, con Franco no podías decir ni pío; en democracia, sí! Por ejemplo: tienes un pájar@ que mete la mano en la caja pública, ¡ahora puedes decirlo! Antes, no. Ahora, sí. No, por supuesto, antes no pasaba nada. Ahora tampoco. Sí, en eso llevas razón. Pero te enteras.

Además, lo primero que se hace, que para eso sirve también la democracia, es pagar la fianza con una mínima de lo afanado. Luego se recupera, claro.

¿Devolver? ¿Estás loco?

No me importa haber tenido a bien
comprar los muchos votos que he obtenido,
puesto que con ellos he conseguido
agarrar por el rabo la sartén.

Por ello esta tierra es mi almacén
en el que todo me está permitido,
¡todo es mío!, que es por lo que he podido
vivir desde entonces a todo tren.

¿Qué me importa el desgano en que ha caído
si yo sigo gastando a tutiplén,
viajando y disfrutando lo indebido

con el aval y el muy bien merecido,
y aún mejor cosechado, sostén
que los ilusos me han concedido?

¡Pensarían, los tontos, que he venido
a resolver sus problemas y amén!
¡Ay, Dios mío, qué tontos son, también,
por permitirme hacer lo que he querido!

¿Devolver lo afanado? ¿Que ha de ser lo primero? ¡Oye, y vuelta y dale que te pego! ¡Lo que se afana no se quita, que te sale una pepita! ¿Y tú, es que no sabes decir otra cosa? Pesao eres, tío.

Vale

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