13-V-11

¡NO SOMOS MILLONARIOS, NO SEÑOR!

Que yo sepa, no somos país rico; bueno, pues, en mi opinión, el país está gastando como si fuera multimillonario. El pastel a repartirse es razonablemente discreto; pero, los que organizan el reparto, propician éste de manera que se llevan una porción desmesurada al tiempo que intentan que cuele que lo están haciendo con toda honestidad. Que no lo están. Y todavía cuela menos que tenemos la mejor administración posible: nuestra administración es mastodóntica y disparatada: así no se puede seguir.

Y en toda esta barahúnda hay desaprensivos que intentar sacar más tajada por cualquier medio; y claro, el fin no está justificado; y, lo que es peor, los medios, menos aún.


1) Tenemos un Tribunal Supremo que en cualquier país civilizado encarnaría la esencia misma de la Justicia. Aquí se han sacado de la manga un Tribunal Constitucional. ¿Para qué? Sencillo: para mangonear la Justicia y amoldarla a sus fines. Y esto lo intenta, y consigue en muchas ocasiones, el partido socialista. No es acusación gratuita: lo lleva en la sangre.

El caso de Sortu y Bildu es clarificador: en la sociedad hay un clamor generalizado de que el Gobierno ha influido para lograr la inclusión de la izquierda asesina (presuntamente) en la legalidad democrática; la cual, como está el socialismo en el Gobierno, es la legalidad de hecho. Como consecuencia de ello, ahora esta izquierda asesina tiene información reservada sobre individuos amenazados seriamente de muerte por componentes de esta izquierda asesina que digo.

¿Qué ha pintado el Tribunal Constitucional en todo esto? Pues ha sido utilizado como medio para dar apariencia de legalidad democrática a todo este sucio asunto de intereses espurios. La lógica indicaría que si algo no entra dentro de la constitucionalidad actual, el Parlamente puede adoptar medidas que salvaguarden la seguridad de los ciudadanos, incluidos la de quienes trabajan por la custodia de esa misma seguridad. ¿No es suficiente garantía la de los tribunales de justicia ordinarios con el respaldo del Constitucional? Pues, visto lo visto, no.  ¿No? ¿Para quién? ¡Pues para los que quieren complicar la cosa: cuanto más liado esté todo, más fácil de meter mano.

Y este ejemplo no es el único: hay indicios asquerosamente siniestros de otros asuntos tan nefastos o más: Marta Domínguez, la popular atleta popular; el pájaro este, ¿cómo se llama?, ése que está muy rico, ¡faisán!; el 11-M. ¡Bueno, este caso es sangrante, por quedarme corto! Mejor me callo.

 

2) El senado: ¿Para qué sirve: ¡Para nada! Auténtico cementerio de elefantes que nos cuesta más que un EuroDisney. ¿No dicen que hay que ahorrar? ¡Pues que lo cierren y envíen a sus componentes a donde debían estar! Que yo me sé dónde es y me lo callo porque no lo quiero decir.

 

3) Comunidades Autónomas: sistema que en la práctica se ha revelado como auténticamente demencial: eleva a la 17 potencia el gasto de una administración racional; es un constante creador de problemas, roces y violencias entre las regiones que forman el territorio nacional, etc., etc.; eso sí: ¿ventajas? ¡Ninguna! Dijeron que iban a acercar la administración a los administrados, ¡mentira! ¡Nunca ha estado más lejana que hoy día!

Solución: enmendar la Constitución para que desaparezcan, o sea, cada mochuelo a su olivo que ya está bien de vivir del cuento. Cada vez que me acuerdo de los EREs; o del presidente ese, tan bien vestido él; o del charnego errante aquel que fue a ponerse una corona de espinas a Jerusalén en un acto completamente gratuito de insulto y escarnio a muchos de sus administrados (que ahora bien lo están pagando en su sanidad y restricciones presupuestarias); o la proliferación de aeropuertos (Ciudad Real, Castellón) que absorben dinero que se pierde y no se devuelve ni se investiga (sigue tú que yo me he cansado).

 

4) Diputaciones. Yo, y llevo andado, visto y leído lo mío en estos muchos años, aún no he podido enterarme cuál es su función. Una vez que se me ocurrió decir que era para amparar amigotes (como el tío aquel que salía en cierto reportaje riéndose ¡él mismo! de su inutilidad manifiesta y por la que cobraba un sueldo de 3000 euros, que sigue cobrando) y adláteres, me llamaron, unos, fascista, otros, rojo, y, unos y otros, antidemócrata.

¿Qué quieres que te diga?

Luego, además, está el enjambre de asesores y especialistas que cada uno de estos organismos inútiles lleva consigo. Y la de coches, ¿eh? Y la de tarjetitas, ¿eh, señor Torrijos? Y la de regalos al cargo, ¿eh? Y la de ¡maldita sea!

¡Que no, amigos míos, que no!

¡Así no podemos seguir!

Ahora están sondeando la posibilidad de recortar la extraordinaria de verano para los funcionarios. ¡Ni Fanco!

Un país de buena gente, de personas sencillas en su inmensa mayoría, como es el nuestro ¡no se merece esto!

Pero es que en unos momentos en que nos jugábamos el futuro económico, nosotros teníamos al frente del cotarro a un individuo inepto, engreído, supercreído y totalmente inoperante que es el mayor responsable de lo que ahora nos está pasando.

Claro que él tiene su futuro resuelto: se está haciendo un palacete en León, que es donde piensa retirarse a vivir como un rajá con lo que le paguemos por haber servido al país. ¿Servido?

¿Para qué?

Lo que tiene que hacer el que venga es empezar a recortar por ahí: quien ha sido la mayor rémora de nuestro pasado reciente, no puede ser un vividor de nuestro bolsillo en nuestro bolsillo inmediato. Que se vaya a dar lecciones de economía ¡con su caterva de asesores! por esos mundos de Dios.

Y que le acompañen sus palmeros de bancada le dejaron deshacer. Y los de la bancada de enfrente que no supieron evitarlo.

La política no es el arte de engañar al pueblo para vivir del pueblo; es algo mucho más serio. Y para ello hay que tener principios. Sólidos. Éticos. Empatía.

No cara, mucha cara.

Amén.

 

(Se invita a la distinguida audiencia a que lea el Poema del Día, en nuestra Hoja de Poesía)

 

(soneto ridículo XCI: Conjuro para salvar a España)

Pelo de rata, baba de cabrón,
leche de preñada, uña de alimaña,
lágrimas de virgen, silbo de caña.
Moler y mezclar. Poner en cocción.

A la hora, echar un gran cucharón
de orín de vieja, polvo de legaña
con un pellizco de harina de araña
junto con medio de serrín de alón.

Hervir. Apartar. Beber un tazón
en noche de luna, cabe la cabaña
del pánfilo abuelo de un tontarrón.

¡Éste es el instante de la impetración!
¡Chilla el conjuro de salvar a España:
¡Dimisión, Zapatero, dimisión!!

No falla. Este conjuro no-fa-lla. Está sacado del Libro de las Horas del Abate Cogetelas. Eso sí: el chillido colofón del conjuro ha de ser a grito pelado (para que pueda atravesar los muros de la Moncloa y se entere el interesado, que ya es difícil).

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(soneto lamentable XCI: ¡Pues deme usté un ERE, don Manué!)

¡Pues deme usted un ERE, don Manué!
¡Pues si soy socialista de verdad!
¿Trincar? ¡Poco hasta ahora en realidad!
¡Y, además, pertenezco a la ugeté!

¡Tuve papá franquista y con parné,
y también dos zagales, cantidad
de trincones y con habilidad,
lo mismico que tuvo y tiene usté!

Le prometo que como usté me dé
el ERE que pido con humildad
me pasaré paseando la ciudad

y a todos a todas horas diré
que le voten a usté por su bondad
¡o la cara y el alma les partiré!

¡Anda, Manolillo, pos dáselo, tío! ¡Pos si tamién es un trincón como tú! ¿Pos y a ti qué más te da? ¡Y además, te va a votar!

(Yo, que tú, se lo daba)

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(soneto lamentable XC: ¿Bellaco yo? ¡Bribonazo tú!)

Cierto pollo de zeja deprimente
bellaco me ha llamado, el bribonazo.
¿Quién será este trozo de pedazo
de cacho de cadáver aún viviente?

Pero no sólo a mí sino a más gente
ha ofendido el maldito cipotazo
al decir que se ha dado el gustazo
de no hacer ni un recorte improcedente.

Si es que no te parece suficiente
recorte antisocial el pensionazo,
¿a qué llamas recorte, so inconsciente?

Claro que para ti es indiferente
trincando, como trincas, un sueldazo,
que congelen tu pensión de un plumazo.

¡Vaya por Dios! Está bien que se insulten entre ellos, o sea, entre los que se autodenominan "políticos" (¿¿¿!!!). Mejor dicho, ¡está muy bien! ¡Y cuanto más, mejor!

Pero que no nos llamen "bellacos" a las personas normales y corrientes.

Cierto que lo que de ellos pensamos (en mi caso, por lo menos) es de juzgado de guardia y penitenciaría de por vida; pero como no lo decimos, ¡no es delito! Ergo, no se pueden dar por ofendidos.

De manera que, por favor, no nos falten. Al respeto, digo. A la gente normal, me refiero.

PS: En La Vanguardia.com; 11-V-11:

Zapatero: "Miente como un bellaco quien diga que el PSOE ha hecho recortes"

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(soneto ridículo LXXXVIII: ¡Hola, Marco, jo, jo, jo!)

Sé de un Marco más burro que talones,
sociata provincial de gran presencia,
que, si ventosea, ya está en ausencia
pues todo él se fue en emanaciones.

Rostro grave y pomposo de cojones;
incolora y quimérica existencia
de la falta absoluta de eminencia
en un cierto quebrado de trincones.

Marco tenía una flauta portátil
y hacía y deshacía como quería,
muy dado como era a lo bursátil.

Pero vino tal pájaro versátil
y haciendo como que no tenía
¡la flauta se llevó como volátil!

Dedicado, con todo respeto, a un cipote a quien le birlé una máquina de escribir. Legalmente, ¿eh?: birlé, sí, pero legalmente. Agarró el tío un rebote de ones. Todavía cuando me acuerdo me río. Como ahora, ¿eh, Marquito? Mira: ¡Jo, jo, jo!

 

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