DE LO QUE DIGA EL GOBIERNO, NO TE CREAS LA MITAD; LA OTRA MITAD, LA DESECHAS POR ABSURDA. DE LO QUE NO TE DIGA, ¡CREÉTELO TODO!

31-VIII-11

¡Bon jour!

Me acabo de enterar de que un amigo mío, Juan, se ha roto un par de huesos de la pierna; un mal paso. Desde aquí le envío mis mejores deseos de una pronta recuperación y le animo a que siga con esa tónica del sursum corda, por más que con perna joduta. Un abrazo, Juan.

Lili, ¡ay, mi Lili, nos sigue alegrando la vida. ¡Menos mal! ¡Felicidades, Lili, por tu buen trabajo: das calidad a este OPINIONARIO!

Y, ustedes me perdonarán esta pequeña licencia, pero en contra de mis principios (ya saben, esos de meterme con la injusticia y la golfería) hoy hago una excepción y les brindo este soneto dedicado a la Junta Andaluza. Más adelante podrán leer otro dedicado a otra de las muchas figuras que nos ofrece el suelo patrio: ¡de la Montaña! (Y no es Alfredín).

(soneto doloroso-V)

LAS ACTAS DE LA JUNTA

 

¡Pues salid del armario, actas mías,
y prestas acudid a deponer
al despacho de la juez, que saber
anhela sobre ciertas tropelías!

¡Por más que a Chaves, Griñán y Zarrías
tanto les duela que os dejéis ver
vosotras, actas mías, tal placer
no podéis ya hurtarnos por más días!

¡La juez lleva pidiendo ya el dossier
lo que ellos soltando zorrerías
con tal de no cumplir con tal deber!

¡Hoy os toca, actas mías, joder
a quienes a la nuestra han hecho ser
la última de las autonomías!

nota: El Mundo, 28-VIII-11, página 20.

Dos fotos.

Primera, sin desperdicio, de derecha a más derecha todavía: Zarrías, Griñán, Chaves y la Mar Moreno departiendo gravemente sobre importantísimos asuntos de Estado.

Segunda, cojonudísima también: pasillo porticado; dos proletarios llevan en andas y volandas un armario; otro proletario, fotógrafo éste, huye despavorido. Pie de foto: “Armario en que se guardan las actas de la Junta”.

nota: las actas a que hace referencia el soneto son las levantadas en las reuniones de la Junta Andaluza, imprescindibles para desenredar la madeja

¡Y AHORA, SÍ, LO QUE ESTABÁIS ESPERANDO, SÍ: LILI!

PRESIDENTES Y PRESIDENTAS

            No te lo vas a creer pero… ¡Soy presidenta! ¡Estoy realmente emocionada! Voy a implicarme muchísimo y a darle un rumbo nuevo a esta comunidad, más moderno, más…

            ¿Cómo dices?

            ¡¡¡Ja, ja, ja!!!, ¿del gobierno? ¿Pero en qué mundo vives?

            Venga, hombre, ¿cómo yo, con dos carreras y dos idiomas, voy a ser presidenta del gobierno? Para eso me sobran dos carreras y un idioma (requisitos indispensables, obviamente, para cualquier administrativo-dependiente-camarero que se precie).

            No, no, sólo soy presidenta de mi comunidad de propietarios.

            Entre nosotros, mérito, lo que se dice mérito, no tiene (nada de campaña electoral, mítines, banderitas y folletos), porque fui la única que se presentó voluntaria. JC aún no quiere hablar del tema; está impresionadísimo con esta nueva faceta mía. Y…, puede que un poco disgustado: no termina de entender por qué me meto en estos líos.

            —¡Son las circunstancias! —me justifiqué—. ¡Y el destino! —esto se lo dije sin pensar. No creo que mi destino sea ser presidenta de una comunidad; espero mucho más de él—. ¡Y tú, que me dejaste sola!

            —¡Pero Lili, si tú tampoco ibas a ir!

            Eso es cierto…

            Pero estaba aburrida, JC iba a llegar tarde esa noche y entre unas cosas y otras… fui.

            Al llegar al Remarf (el bar de enfrente dónde se celebran las juntas) una señora rubia con un moño descomunal que me sonaba levemente agitó los brazos:

            ­—¡Lili, guapa! —gritó en mi dirección—. ¡Ven, siéntate aquí! —y señaló una silla a su lado.

            Sumisa, le hice caso.

            —¿Aún nada de boda, cielo? —me preguntó—. No te preocupes, que yo sigo llevando los huevos a Santa Clara.

            ¡Ay, madre…! Una luz se encendió en mi memoria e iluminó los millones de huevos que esta buena señora había llevado a la santa esa desde que el primer día que nos vimos me preguntó si estaba casada (sigo sin ver del todo la relación entre una cosa y otra).

            Con desesperación miré a mi alrededor pero ya era demasiado tarde: todas las sillas estaban ocupadas. ¡La función estaba a punto de comenzar!

            Diez minutos después me di cuenta de que no estaba ante una junta normal. No, qué va: ¡era una junta extraordinaria! JC, sin ser consciente de ello, había dado con la clave cuando sacó la convocatoria del buzón.

            —¿Otra Junta? Pero si la última parece que fue hace un mes, ¿y ya ha pasado un año?

            Nada de un año: había pasado justo un mes.

            —… y tenemos la cuenta en descubierto por un importe de cinco mil euros —estaba diciendo el administrador, un señor gris con un traje gris y el pelo gris a juego.

            —¿Pero cómo puede ser? —se escandalizó el chico gay que vive justo encima de nosotros—. Si cuando se aprobó el presupuesto había casi quince mil euros en la cuenta —lo observé con atención: le notaba algo raro pero…

            ¡Madre mía, se había afeitado una ceja!

            —Para ser exactos, dieciséis mil quinientos ochenta y cinco euros con treinta y tres céntimos —puntualizó el moño rubio a mi lado, leyendo una libretita gastada y repleta de anotaciones.

            —¿Y dónde está el dinero, pedazo de chorizo? —le espetó un señor con bigote al hombre gris.

            —Sin ofender, ¿eh? —contestó el hombre gris—. Que lo explique la presidenta.

            Todas las miradas se dirigieron hacia una mujer de unos cuarenta años, morena y llena de joyas.

            —Tranquilos, que está todo justificado —dijo—. He tenido que hacer unas obras extras en…

            —¿Y ésta quién es? —le pregunté a mi vecina.

            —Monikey Alonso, la de la escalera tres, segundo, centro —y añadió con aire de reproche—. Cómo nunca vienes a las juntas…

            —Es que tengo mucho lío… —me justifiqué.

            —… y también he cambiado la reja de la entrada, porque estaba muy suelta, y las farolas del jardín, que consumían una barbaridad, y los bancos de la zona de los columpios, que se estaban astillando, y…

            —¿Tenemos una zona de columpios? —le pregunté sorprendida de nuevo a la de los huevos.

            Movió la cabeza afirmativamente.

            —Se aprobó en la última junta.

            —¿Y bancos?

            —Pues sí —respondió con tono de maestra de escuela—. Y tengo que decirte que venir a las juntas es un ejercicio de responsabilidad, igual que leer las actas.

            —Ya, claro…

            —Que para algo se reparten…

            —Sí…

            —Y eso cuesta un dinero, y si luego la gente joven no puede dedicar un segundo a leerlas… —y añadió: — Así va el país.

            ¿Pero será posible?

            —¡Que sí! —exploté; que mujer tan pesada—. ¡Sí, sí y sí! ¡Las leeré!

            Todas las cabezas se giraron en mi dirección y Monikey me miró sorprendida.

            —De acuerdo —respondió—. Pero no es necesario gritar. Aquí las tienes: todas las facturas de las obras de este último mes. Sé que puede parecer una inversión arriesgada, pero con el tiempo se verán los frutos. Las infraestructuras han mejorado muchísimo y…

            Las cabezas volvieron a centrarse en Monikey y un montón de papeles llegó a mis manos.

            Iluminación y alumbrados Alonso y Cía: 9.000 euros.
            Jardín al día Alonso Blanco: 7.500 euros.
            Juguetilonso, S.A. : 8.500 euros.
           Levante la vista alucinando: ¿era una cámara oculta? Monikey seguía hablando a un público cada vez más entregado.

            —… una piscina en el tejado, con zona ajardinada y… —estaba diciendo, la muy flipada.

            —¿Pero de qué hablas? —prorrumpí,  escandalizada.

            Mónica se calló y me miró expectante.

            —¿9.000 euros en farolas?

            —Son ecológicas y a la larga supondrán un ahorro de…

            —¡Y un pimiento! —grité—. ¡Qué ahorro ni qué tontería! ¿Y estas empresas de quién son? —y añadí, echando la cabeza para adelante y empleando un tono de macarra de barrio que ya quisiera Coque Malla en sus buenos tiempos:— ¿Eh?

            Mi mente estaba llena de conspiraciones y amiguismos en las Diputaciones, en las Juntas, en las Comunidades y hasta en el Gobierno; tanto leer periódicos serios quizás me estaba nublando la razón, pero era todo tan, tan, tan sospechoso…

            Monikey obvió mi pregunta y continuó a lo suyo.

            —Es posible que nos dé para una piscina olímpica si quitamos las tomas de ventilación…

            —Monikey, disculpa, pero la señorita te ha hecho una pregunta —dijo el administrador, sonriendo y menos gris que cinco minutos atrás. Parecía estar cogiendo cierto colorcillo.

            ¡Ja! Era mi momento: todos me miraban, excepto Monikey, que se examinaba las uñas con interés.

            —Curiosa coincidencia —comencé, creando un ambiente misterioso a lo Perry Mason—: Iluminación y alumbrados Alonso y Cía, Jardín al día Alonso Blanco, Juguetilonso, S.A. —eché un vistazo a las facturas que aún no había leído—. Cerrajeros Alonso 24 horas; Pinturas Coloralonso, S.L.; Telefonía Alonso —levante la vista completamente asombrada—. ¿No tenéis imaginación en tu familia? ¿O es un exceso de ego?

            Los siguientes quince minutos fueron muy confusos: destitución de la presidenta por caradura y sinvergüenza, solicitud de voluntarios para ocupar su cargo, presentación de un único voluntario y…

            ¡Soy presidenta!

            Monikey abandonó la reunión con la cabeza muy alta y gritando:

            —¡Ya valorareis mi gestión! ¡En un mes he hecho por esta comunidad más que nadie en los seis años anteriores!

            Ahí lleva razón: ojalá no fuera cierto, pero lo es. Llevar a la ruina a la Comunidad de Propietarios en un mes marca un récord difícil de superar. Ni Zapatero ha sido tan rápido.

            Mi vecino de arriba, el chico con una sola ceja, se acercó:

            —¡Enhorabuena! —me felicitó, plantándome dos besos en las mejillas —. ¡Necesitamos gente valiente!

            —Gracias —contesté; no debería…, pero no me pude controlar—. ¿Qué te ha pasado en la ceja? —a lo mejor es una moda que no conozco.

            Se acercó y me dijo al oído:

            —Es una penitencia que me he impuesto —y añadió, aún más bajo—. Por votar a Zapatero.   

            Vaya…

            Lo miré con admiración.

            ¡Eso es responsabilidad política!

            Cuantas ZEJAS deberían aprender de él… 

 

De nuevo, la cruel realidad: soneto doloroso-IV

OTRO SINVERGÜENZA MÁS

Don Francisco Javier López Marcano
sesenta mil eurazos se ha bebido
nuestros y de gañote, el muy jodido:
rumboso pagaba mano tras mano.

Como era consejero, el fulano,
de no sé qué leches, y revestido
del poder que da cargo distinguido,
invitaba a Papa y misacantano.

Todo quisque acudía a su llamada:
“¡A beber, nos invita este gestor!”
De balde era y no costaba nada.

Pues ahora que pague este señor
esa fortuna tan mal derrochada
por su imprudente y obsceno furor.

Mas, siendo el asunto tan gran putada,
este tío ha de ir por malhechor
a dar con sus huesos en el mejor
lugar para bichos de su camada:
¡a prisión por bellaco y vividor
y tener la cara disparatada!

(“El delfín de Revilla pagó con dinero público 60.000 euros de mini-bar” (El Mundo, domingo, 28 de agosto de 2011; página 16)). Y aún hay otros negocios nada limpios que se pueden consultar en las páginas del mismo periódico. No me extraña que los alemanes se hayan cansado de pagar los desmanes de nuestros paisanos. ¡Si se ha consado hasta el Más! ¡Y eso que ellos tuvieron un tripartito que ya, ya, ya! ¡Ay, Dios mío!

 

27-VIII-11

Hola, amigos:

No, no sufran vuesas mercedes: Lili tan sólo se ha tomado un pequeño receso vacacional. ¡Ya está de vuelta! Como prueba ¡la aventura de hoy!

Completan nuestro ejemplar de hoy unos articulitos, por supuesto, sobre ciertos caraduras (para que les digan loas y mentiras, ya tienen ellos quiénes); también encontrarán unos sonetitos y eso.

Bien, amig@s, lo primero es lo primero: ¡Que se diviertan!

¡LILI!

EL RETORNO

            ¡Estamos de vacaciones!

            Sólo una semana, eso sí; ten en cuenta que ni JC ni yo somos ministros, presidentes del gobierno, o líderes de la oposición. Vamos, que no tenemos ninguna responsabilidad que justifique que en esta época de crisis podamos disfrutar de más de siete días de descanso…

            Envidia (de la mala, no te voy a engañar) me da mi vecina del apartamento de al lado, ministra de…, mejor no te lo digo (no vayas a ser uno de los afectados por la crisis del pepino y te dé por hacerle una visitilla y luego me echen a mí la culpa; cosas más raras se han visto), que llegó el día uno de agosto y está tan feliz y relajada.

            —¡Pero si tiene hasta escolta! —le dije a JC el primer día que llegamos y tuve conocimiento de tan ilustre compañía.

            —Hombre, Lili, eso es normal, que estamos en Cabo de Gata —contestó JC, todo lógica—. Por esta zona pocos amigos va a encontrar.

            —¡Parece pitorreo que se venga aquí a veranear! —exclamé enfadada—. ¡Con lo grande que es España, tiene narices! —añadí—. ¡Se merece un pepinazo!

            —¡Lili, me has prometido que te vas a relajar! —JC me miró con severidad—. Tómatelo como una cura de desintoxicación.

            Lleva razón…

            —Nada de política, ni de periódicos, ni de telediarios —continuó—. Sólo sol, revistas de cotilleos y tintos de verano.

            —Mmmm…, vale.

            Aunque mejor cambio los tintos por copitas de chardonnay.

            Hoy es el último día y soy una persona completamente nueva. He pasado estos días sumergida en el feliz soporcillo que dan los cuarenta grados a la sombra acompañados de un vino blanco cabezón tras otro, con tapa de migas entre medias.

            —Creo que me voy a quedar aquí para siempre —le digo a JC somnolienta.

            —Mmmm —responde mi novio, que se ha fundido con el escay del sofá. Difícil saber dónde termina uno y empieza el otro.

            —No puedo pensar en volver a Madrid, con toda esa gente y tanto estrés —insisto.

            —Ya… —juraría que me está contestando entre sueños.

            —Quizás podríamos comprarnos una barca y hacernos pescadores, y vender el pescado a pie de playa…

            Me contesta un ronquidillo.

            —Aunque me veo más en un chiringuito, sirviendo caipiriñas y mojitos y tapas de cocina creativa…

            ¡Qué maravilla vivir aquí, sin agobios ni atascos ni metro ni nada de nada!

            Claro que… no hay ningún Zara, ni Mango, ni tan siquiera H&M. La única tienda en todo el pueblo es una droguería-perfumería-y todo lo que se te ocurra que se llama “Cualquier cosa a veinte duros”.

            Y la nueva colección otoño/invierno ya debe estar a punto de llegar…

            ¡Madre mía, cuanto echo de menos El Corte Inglés!

            —Bueno —le digo a JC—. Si quieres, podemos volver a Madrid.

           En esta ocasión el ronquido es más profundo. Lo tomo como un sí.             Veinticuatro horas después ya estamos en casa; todo parece igual que antes de marcharnos, y sin embargo siento que algo ha cambiado. Quizás sea mi forma de ver la vida: la calma del pueblecito de Almería se ha apoderado de mí.

            —Hoy comienzo las clases de yoga —le digo a JC mientras desayunamos.

            —Me parece genial —responde sin dejar de comer galletas de chocolate—. Seguro que te ayuda a relajarte.

            —Sí, bueno; no es que yo necesite relajarme…

            —No, claro —confirma sin dudar.

            —Pero mejor prevenir.

            Con mi nueva y equilibrada personalidad, al mediodía decido echarle un vistazo a los periódicos. Nada de leer mucho y alterarme, no. Únicamente una hojeada ligera y…

            ¡Pero esto no puede ser! ¿Qué ha pasado aquí?

           ¡Está todo manga por hombro, mil veces peor que cuando me fui! ¡Ay madre, que vamos directos a la quiebra! ¡Si hasta el BCE ha comprado bonos de España e Italia!

            ¿Eso es bueno o malo?

            ¡No lo sé!

            Vale, calma. Trato de inspirar y expirar despacito para dominar la carrera desbocada que ha emprendido mi corazón…

            Pienso en Cabo de Gata, y en las olas rompiendo en la orilla, y en los mojitos…

            ¡Y en la ministra que sigue de vacaciones en el apartamento de al lado! Con su escolta, su guardia civil a la puerta de casa… ¡y tantos y tantos pepinos que pude tirarle y no lo hice!

            No…, mejor olvido todo eso y vuelvo a la oficina.

           Hace tanto calor que decido coger el autobús. Son sólo cuatro o cinco paradas pero mi tensión arterial, después del subidón que ha experimentado con los periódicos, ahora está en caída libre. Me arrastro hasta la marquesina y espero.

            Y espero mucho.

            Pero que mucho, mucho.

            Al fin a lo lejos veo acercarse el autobús. Preparo mi euro para el billete y casi deliro imaginando el aire acondicionado del interior.

            —El billete es un euro y medio, señora.

            Oh…, qué fresquito…, ya me encuentro mejor…

            —Perdone, señora, pero el billete cuesta un euro y medio —insiste la voz.

            Abro los ojos y veo al señor autobusero esperando. Decido que me cae realmente mal: tratar de timarme no es de buena gente, aunque he de reconocer que estoy tan morena y tan mona que parezco una guiri. Pero aun así…

            —Soy de aquí —le digo bajito.

            —Y a mí qué —responde, cerrando la puerta y arrancando a traición; me tengo que agarrar de la barra para no caerme—. El billete ha subido a un euro y medio.

            —¡Venga ya! —contesto indignada—. ¡Si cuando me fui valía un euro! —y añado, no vaya a pensarse que he estado fuera medio siglo—. ¡La semana pasada!

            —Pues ahora es un euro y medio.

            ¡Increíble!

            Rebusco en mi monedero y le doy un billete de veinte euros.

            —No —dice, negando con la cabeza.— No tengo cambio.

            ¿Qué?

            —¿Cómo que no tiene cambio? —pregunto sorprendida.

            Eleva los hombros en un gesto de indiferencia.

            —¡Esto es demasiado! —grito fuera de mí—. ¿Cómo que no tiene cambio? ¿Y qué puñetas quiere que haga yo? ¡Que tengo mi euro preparado, pero claro, si suben el precio así, en pleno agosto y…

            El autobús se para.

            —Señora, si no tiene un euro y medio o un billete más pequeño se tiene que bajar.

            —¿Está usted loco? ¡Y una porra me voy a bajar! —¡es que me va a dar algo!—. Tendrá que…

            —¡Abajo! —chilla el muy…

            Sin darme cuenta, estoy de nuevo en la calle, a pleno sol y desquiciada.

            ¿Qué ha sido de mi nuevo yo? ¿Por qué me ha abandonado tan pronto?

            Al final sí que voy a necesitar relajarme… y eso que sólo llevo unas horas de vuelta a la realidad.

            No quiero imaginar qué será de mí allá por noviembre.

Lo dicho: un soneto doloroso

(soneto doloroso III)

¡OTRA POLTRONA DESHONRADA!

Estos salones que aquí ves agora
son los terrenos que Añez cabalgó:
yermos y pobres, así los dejó;
feraces y ricos, eran otrora.

¡Malhaya el año, el día, la hora
en que sus uñas en ellos clavó:
plata llevose, quebranto dejó;
ni un solo atisbo de moral gestora!

¡Devuelve la pasta, torpe rufián,
devuélvenosla al punto y huye presto,
vuela lejos, ávido gavilán!

Nunca más des lecciones, so patán,
ni presumas de político honesto,
siendo un caradura ruin y funesto.

(Dedicado a un ex-presidente diputativo que no devuelve lo que indebidamente cobró, el muy jodido, porque, según él, ha prescrito. Pero que lo cobró indebidamente. Además, cuando era presi, nos daba la castaña con sus leccioncitas de moral, articulitos que solían encontrar acomodo en La Voz de su Amo, perdón, de Almería quiero decir).

 

¡GRACIAS, PEPIÑO!

 

¿Qué les dije? ¿Ven cómo sí? O sea, ¡ha habido carta del BCE al Gobierno Español!

Tenemos las pruebas. Aquí están: "No ha habido carta del BCE al Gobierno", (Pepiño Blanco, 26-VIII-11)

¿Ven? Tal y como sospechábamos: ¡la ha habido!

Pero, bueno, no se preocupen; al revés, la nueva es motivo de alegría y tranquilidad: ¡por fin estos golfantes van a ver sus alas cortadas! ¡La honradez germánica, la honestidad europea, la moralidad y la ética se van a instaurar entre nuestra clase política! Especialmente, entre nuestra clase política de izquierdas.

Porque no es que la de derechas sean santos: ¡no lo son! Baste echar una ojeada a la buena planta de Camps, al silencio cómplice de Arenas ante la tropelía andaluza, o al despilfarro madrileño para quedar más que medianamente convencidos.

Pero lo de la izquierda ¡es de juzgado de guardia! Los EREs; los regalitos en contante y sonante a todo bicho viviente que apunte maneras; los GAL y la Gran Equis; el Faisán, la Gran Zeta y el pasieguito de pro; los indignados y su trato de favor; el cachondeo delirante de una-Bibi-en-el-Ministerio con el despachito para su noviete; las facturas impagadas y los presupuestos agotados en chorradas macarenas; la Caja de Castilla la Nueva; el asesoramiento de Ivanito; las comilonas del torrijeras, etc., etc., etc. ¿Quieren que siga? Porque puedo seguir: los cinco millones de parados; la negativa de la crisis y su renuencia a adoptar medidas; el cachondeo de Alfredito cuando la derecha propuso lo que ahora han aprobado; el cachondeíto de la Cariestreñía por el mismo motivo; cierta hípica de muy presto enriquecimiento; los derroches tripartitos; la imputable incompetencia de Bermejo; el Tribunal Constitucional, etc., etc., etc. ¿Quieren que siga? Porque puedo seguir: la prostitución de la democracia andaluza, el...

¿Cómo dice? ¿Que de qué prostitución hablo? ¡Pero, hombre, por favor: de la Dictadura Socialista Andaluza! Mire: treinta años de Franco; treinta años de los Chaves' Boys&Girls; el PER; los despilfarros santelmeros; el Sevilla-dixit; el Monteseirín, el que-no-farte-de-ná y el aquí-no-ha-pasao-ná; el Borbolla y su Presidente; pensión, coche y secretaria de por vida para los altos cargos; y, para colmo, ¡el decretazo, o sea, LA LEGITIMACIÓN DEL ENCHUFISMO!

De eso hablo.

Vergonzoso.

Inconcebible.

De eso hablo.

Por ello, amigas, amigos, ¡animen esas caras vuesas mercedes: el fin del túnel se acerca y la luz de la Justicia parece atisbarse en lontananza!

Ojalá venga para quedarse.

Vale.

 

26-VIII-11

RESPONSABILIDAD POLÍTICA

         En el actual sistema político cualquier cargo, carguillo o carguete goza de total inmunidad. O sea, impunidad. Hace y deshace a su antojo, dilapida en nimiedades y chorradas nuestro dinero y bienes, nos agobia de cargas y sacrificios ¡y él se aplica a satisfacer sus delirios propios de cualquier dictadorzuelo que se sabe impune!

         Dicen ello, los políticos, dicen: “Esto no es así: quien obra mal en la administración pública se enfrenta a la responsabilidad política”. ¿Responsabilidad política? ¡Responsabilidad política! ¿Y eso qué es?

         Ah, te lo digo:

         La responsabilidad política es la garantía de que tus desmanes serán disimulados, sustraídos a la atención pública, y tú serás trasladado a otro puesto o cargo desde el que seguirás haciendo de las tuyas. Ejemplo: los alcaldes (mayoritariamente socialistas) que se han visto desplazados de sus cargos y en cesantía por libre decisión de sus votantes ya han encontrado acomodo sustancioso por obra y gracia del Partido; acomodo, por supuesto, de calidad superior y alcance más vasto y, por consiguiente, peligroso para el sufrido ciudadano.

         Otro ejemplo: se nos va el Señor de las Cejas. Se retira a su palacio leonés. Deja a España hecha unos zorros. Ha tirado el dinero, que no es suyo, como quien tira miguitas a las palomas. Ahora las palomas lo han cagado abundantemente, no queda ni una miguita en las arcas públicas, nos tienen por el tonto del barrio en los foros europeos, tenemos una tasa de desempleo más alta que la que dejó Felipito, el corral está en pleno alboroto, el gallo es una gallina alemana, las rencillas y rencores a lo que dan.

         Él se va.

         A vivir como un Gadafi con el dinero que le damos por lo bien que lo ha hecho.

         ¡Pero, bueno, es que se puede ser más gilipollas?

         ¿Por qué se le recompensa con tanta largueza cuando hay tantísima falta debida a su mala gestión en gran medida?

         ¡No!

         ¡Hay que cambiar el sistema!

         El político ha de ser responsable de su gestión ante el pueblo.

        Al pueblo no se le puede engañar más con el espejismo de que las urnas le darán su merecido.

         ¡No! ¡Nada de castigarlo con el voto!

         Veamos: un señor (por llamarle así) se ha gastado en una Comunidad Autónoma (entidad inventada por ellos, los políticos, para encarecer por mil la administración, por diez mil la confusión y por cien mil sus posibilidades de empleo) lo que tenía asignado y muchísimo más; da la vuelta la tortilla y se descubre que su derroche ha sido aún mayor de lo imaginado porque, ¡en el colmo de la desfachatez!, no ha pagado a sus proveedores. Bueno, pues ahora se encuentran los nuevos responsables con que no hay dinero para pagar las facturas del pájaro que les antecedió. Consecuencia: las farmacias están en pie de guerra, su dinero en el aire, muchos negocios en la ruina, y los ciudadanos con la amenaza real de una falta de servicios farmacéuticos.

         ¿Y el sinvergüenza, perdón, el sinvergüenza cabeza de chorlito que con su ligereza ha sido la causa de esta situación?

         ¡Ah! Con él no va la cosa. Anda por ahí presumiendo y con un nuevo sueldo muy sustancioso también. Recompensa del Partido por sus servicios.

         ¿Es ésta la responsabilidad política?

        ¡Esto es tomadura de pelo!

       Peor aún: ¡Robo del caudal democrático y semilla de futuros comportamientos tan indeseables, o más, que éste!

        Peor aún: ¡Prostitución de la democracia!

        ¡Peor aún: Anteponer el interés particulas al de la comunidad!

        ¡Ya está bien de mangantes y mediocridades al timón del nuestros destinos!

        Y otra cosa: ¿Por qué diantre no denuncia el PP al pajarito de marras y, al menos, lo lleva ante los tribunales? No es que yo crea que le afectara mucho al sinvergüenza en cuestión, pero sí que podría servir de aviso a navegantes y, a lo mejor, como posible medida disuasoria. Aunque quien lo lleva en la sangre...

        Y ya puestos a pedir, ¿por qué no pone en el mismo sitio al oro gran Descamisado de la Mancha, al gran Costa?

 

 

Ahora, con el ánimo alegre y la atención pronta, una clase nueva en el apartado POESÍA: hoy empiezo los Sonetos Dolorosos. He aquí los dos primeros:

(soneto doloroso I)

DOLOR ANDALUZ

Dicen que el nene asesora la tira,
pagan la tira al jodido chaval,
¡vaya dureza de labor facial
se gasta el chaval, parece mentira!

Su papi le dice, dice: “Pues mira
—pleno de gozo y amor paternal—,
Ivanito, hijo, es lo natural
pues eres tan guapo, mi nene”, ¡y suspira!

Igual se lo cree el gran cabezón,
que todos fichan por eso a su nene,
y pagan por nada un gran fortunón,

¡cuando el perla del nene lo que tiene
es un papi pillastre y muy trincón
más largo que los cacos de Cirene!

(soneto doloroso II)

FREDI EL DEL DEDO

Estoy de Rubalcaba hasta el forro;
parece que no exista otro tío
que este triste y patético sandío
que un dedazo se ha sacado del gorro.

Que si Alfredito ya sabe decir rorro,
que si las Diputas son un mal lío,
que si la eutanasia es libre albedrío,
¡que si Fredi es un cacho de pedorro!

¡Vive Dios que si este viejo zorro,
por mor de otro funesto desvarío,
nos la mete otra vez con todo el morro

aprestémonos a pedir socorro
urgente, sostenible y muy bravío
pues vamos de cabeza al montepío!

Oye, que pongo la radio, ¡y allí está Rubalcaba!; que abro el periodico, ¡y allí está Rubalcaba!; que enchufo la tele, ¡y allí está Rubalcaba! ¡Por favor, que lo llevamos sufriendo casi treinta años ya: muy visto. Y mejor hubiese sido para todos no haberle tenido que echar jamás la vista encima: personaje nefasto y lamentable; como lamentable y nefasta es la situación que tanto ha contribuido a dejar en España.

 

Nuestros artículos de fondo:

¡MÁS CARAS, MÁS DURAS!

          La cara de algunos es infinita.

         Hay un señor que viene desempeñando cargos en el gobierno de la nación desde los tiempos de Felipe González; altos cargos, quiero decir; o sea, de ministro para arriba y en ministerios de los de alcurnia. Todo ello en tiempos de socialistísimos tipo Juan Guerra, el Roldán del capitán Tan, o Manolo Chaves y progenie, claro.

         Ahora este pájaro, siempre como respuesta a su tremendo egoísmo, se ha empeñado en terminar de hundir la nave nacional, agarrando el timón con ambas manos y conduciéndonos derechitos a sus escollos.

         Para convencernos de que seamos tontos y votemos, no nuestros intereses sino los suyos, se ha sacado otro conejo de la chistera: acabemos con las Diputaciones. Se advierte cómo su radar le ha susurrado que ésta es medida bien populista y, por consiguiente (muletilla labio-vacuna de su antiguo amo), colocada en la dirección correcta.

         Por supuesto, el pueblo está hasta la coronilla de que infinitos zánganos vivan como reyes a costa de su trabajo, del trabajo del pueblo, quiero decir; y las Diputaciones son, para estos inútiles, como las gusaneras para los gusanos; como la basura para las ratas. Así que, estupendo: una idea brillante que honraría a una cabeza como la del Manolo, el dueño del cortijo andaluz.

         Sólo que ¿por qué este pajarito no ha aplicado esta brillante idea a lo largo de toda su extendida carrera política?

         Tiempo ha tenido: muchísimo del que llevamos en democracia; oportunidad, también: en sus últimos años ha hecho y deshecho según le ha venido en gana aprovechando la incompetencia y torpeza del simplón de su jefe. ¿Por qué, repito, no lo ha hecho?

         ¡Ah, amigo, es que entonces no lo podía hacer!

         ¿Por qué?

         ¡Pues porque las Diputaciones estaban mayoritariamente en manos socialistas y, por consiguiente (según m.l-v.d.s.a.a.), las utilizaba para sus fines particulares.

         Que son: colocar amigotes y correligionarios que demostrasen estar lo suficientemente capacitados en nulidad. Y si no, también (aunque esto fuese lo raro y extravagante, o sea: que demostrasen estar capacitados en algo).

         ¿Y hoy? Pues a día de hoy las han perdido. Han perdido las Diputaciones. Ahora sí. Ahora ya pueden pedir su extinción como nulo objeto de operatividad y validez.

         Y mire usted por dónde, pues se ha encontrado con la ayuda inestimable de los Rajoy’s girls&boys: ¡ni hablar! ¡las Diputaciones son nuestras y ahora nos toca enchufar allí a todo bicho viviente que respire a derechas y viva del cuento!

         Claro, se les ve el plumero. Porque tanto unos como otros saben que las Diputaciones son un lujo muy caro y muy superfluo en un país destrozado por el paro y el ansia de un trabajo honrado en su inmensa mayoría laboral.

         ¿Qué hacer en este mare-mágnum de despropósitos?

         Bueno, hay varios puntos muy claros:

         Uno, no dejarse seducir por los cantos de sirena de un embustero patológico, antiguo ministro de educación y patriarca de una LOGSE cuyos frutos nos atestiguan como los que disfrutan del peor sistema educativo de Europa. Su fruto.

         Dos, exigir el fin de esos engendros mastodónticos que son las Diputaciones.

         Tres, deshacer el error en que ha devenido el Estado de las Autonomías.

         Cuatro, pedir ejemplo de moral y ética a los dirigentes políticos, empezando por los alcaldes. ¿O es que no se acuerdan las derechas de que ellas tienen otra gusanera de inútiles en los Ayuntamientos?

         ¡Luz y taquígrafos! ¡La competencia al poder! ¡Que todos y cada uno de los puestos a cubrir en el organigrama administrativo lo sean por procedimiento aséptico, o sea, por oposición limpia y transparente!

         Como de costumbre, quienes ven en peligro su modus vivendi han empezado a curarse en salud: para liquidar las Diputaciones es preciso alcanzar el consenso (se olvidan que éste es mayoritario entre la ciudadanía), hay que reformar la Constitución, hay que...

         Ya. Hay que querer limpiar la estructura de la Administración Pública. Hacerla lógica y, como dicen ellos, sostenible.

         ¡Ah! Y además, hay que dejarse de cuentos.

         Hay que dejar de tomar al ciudadano por idiota.

         Hay que tener moral y empatía.

        Y, sobre todo, hay que ser buena persona y dejar de ver en el servicio público la forma de hacerse rico en menos tiempo. Los que vienen a la política a hacerse ricos, caso Zaplana, ¡a la puta calle y que trabajen, madruguen, se angustien y suden para sacar, al final, cuatro perras!

         ¡Como hace la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país, so caraduras!

         ¡Ah, y tú, espabiladillo sureño y hablando de caraduras: hay que tenerla de cemento armado para armar la que has armado con las agencias públicas de enchufe socialista, armadura y sostén de la ineptitud, amparo de trepas, ejemplo de injusticia!

         ¡Basta ya! O como decís:

¡Nunca Mais!

Desde luego, no puede faltar nuestra referencia a la benedicta visita. Desde nuestro punto de vista, claro:

¡MUY DIGNOS, LOS SEÑORES!

         Indignados. Ya. Indignados. Sí, sí.

         No al dispendio por la visita del Papa y todo eso.

         Bueno.

         ¿Y no al dispendio en subvenciones a los indignados, eh? Que las tienen, ¿saben?, no se crean ellos que nos chupamos el dedo: las tienen desde el mismo momento en que cierto político de moral torcida y colmillo retorcidísimo se fijó en ellos para sus oscuros fines.

         ¡Ah, y recuerden: nada de subvenciones tampoco para sus correligionarios de la quinta leche africana, cubana, boliviana o de-donde-quiera-que-me-dé-la-gana mientras que nuestros conciudadanos pasan hambre y carecen de trabajo y los dirigentes roban a más y mejor aprovechándose de una legislación laxa y a la medida que no les apetece reformar porque así ellos hacen lo que les da la gana y no paga el pato nadie.

         Y otra cosa más, ¡nada de subvenciones a los sindicatos! ¿Para qué? ¿Para que sus dirigentes naden en el euro mientras los currantes nadan en el paro?

         Oye, y fuera esos puestos digitales desde los que miles de millones de ojos ven impotentes cómo los euros fluyen a las agencias públicas de los hijitos de papi.

         Y ya puestos a pedir, no al despilfarro pensionador de caprichitos palaciegos al descamisado labio-vaca y corazón cagado por una gran X. Señores indignados de pacotilla.

         Porque ahora nos vemos como nos vemos porque nadie se indignó cuando el Tripartito se lió a abrir embajadas-come-millones por todo el mundo. Bien que les aplaudían.

         Miren, señores indignados, ¿por qué no se indignan ustedes

                   -porque no se devuelve el dinero que los políticos roban?
                   -porque los muy señoritos no van a la cárcel ni para inaugurarlas, ya que no hacen?
                   -porque un tío nefasto se ha empeñado en desplumarnos por medio de las Agencias Públicas y tiene todo un corral de aplaudidores riéndole la gracia?
                   -porque el desgobierno andaluz no ayuda a la Justicia a aclarar el asuntillo de los EREs y no está en la cárcel a pensión completa por obstrucción a la Justicia?
                   -porque el hijito del papi andaluz cobra millones por nada y todos descojonados por el salero que tiene al nene?
                   -porque la ineptitud y el nepotismo se han instaurado, al parecer para quedarse, entre nuestra clase política y no los emplumamos a todos y los exponemos al escarnio y la vergüenza?

         Vamos, señores indignadísimos, ¿por qué no se indignan ustedes por eso?

         Y, por otra parte, ¿por qué se indignan si los comerciantes madrileños están haciendo su agosto en muchos meses gracias a la visita del Papa?; ¿si la imagen de España brilla por algo que no es macabro, sino alegre?; ¿si la capital se llena de gente a la que ni el odio ni el rencor guía?; ¿si un calles y plazas andan repletas de jóvenes que no se dedican a la prostitución, el robo, el tironeo o la droga?

         Digan, ¿se indignan por eso?

         ¿O se indignan porque no tienen la suficiente amplitud de miras como para entender que no tienen ustedes, señores fascistoides, el monopolio de la calle? ¿No les enseñaron en el cole a compartir (la calle entre otras cosas)?

         ¿O es, quizá, que les fastidia ver que aquí hay muchísima gente que no piensa que no todo se arregla por las malas, la violencia de las leyes y la coacción al prójimo?

         ¡O es, tal vez y ahora sí, porque la cabrilla tira al monte de la intransigencia y la dictadura, el mismo hacia el que ya tiraron cabrones (con perdón) como Stalin, Chávez o los Castro?

 

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