DE LO QUE DIGA EL GOBIERNO, NO TE CREAS LA MITAD; LA OTRA MITAD, LA DESECHAS POR ABSURDA. DE LO QUE NO TE DIGA, ¡CREÉTELO TODO!

02-IX-11

¡Bienvenido, amigo Pepe el Repetidor! ¡Claro está que tienes estas HOJAS abiertas a tu ingenio y a tu buen sentido! ¡Y son bien recibidas todas las colaboraciones con que nos honres! Todo periodista de pro, todo defensor de la verdad, toda persona cabal que desee expresarse ¡aquí tiene su foro!

Sin más presentación:

DEJÉMONOS DE CACHONDEOS

Vamos a dejarnos del cachondeo de la Izquierda y la Derecha. La Izquierda, hoy, no tiene representación en España. Probablemente en otros sitios tampoco.

                El concepto clásico de Izquierda alude al grupo de gente que se opone al Poder: en los cortijos, en las fábricas, en el Estado, etc. Hoy por hoy, lo que existe es un grupo de gente privilegiada que detenta (mirad en el diccionario qué significa) el Poder. Además, están los demás: es decir: vosotros y yo. Entre los que detentan el Poder hay mucha gente que se dice pertenecer a un partido de Izquierdas. ¡Mentira! No existe tal partido. Si alguno piensa que sí que se entere de lo que ha hecho en Sevilla un tal Torrijos. O que repase cuántos se han refugiado en el Psoe para alcanzar Poder. Por supuesto que los partidos donde militan los acomodados de siempre son de Derechas. Pero también los otros. Lo que no quita que haya gente de buena fe que milite en uno u otro partido.

                También tenemos constatado que los que se arrogan injustificadamente su adscripción a la Izquierda señalen a los contrarios como ‘Derecha’ o ‘Derechona’. Lo hacen para descalificar y confundir al personal. Eso es fascismo puro. También suelen hacerse eco de reivindicaciones populares (Os suena lo de los ‘indignados’): Más síntoma de fascismo.

                Por otro lado, la gente que se dice de Izquierdas no son sino unos aburguesados (algunos, incluso imitan los usos de la Nobleza): comen en restaurantes caros, viven en mansiones, acumulan riquezas, etc. ¿Necesitáis nombres? Sabía yo que no.

                Someto a vuestra consideración lo siguiente: Parece ser que en España ya ha gobernado un partido de la llamada Izquierda durante muchos años. Pues bien:

  • Los notarios (empleados públicos) cobran lo que quieren, muchas veces engrosando innecesariamente los escritos para cobrar más a la víctima que no puede prescindir de su actuación.
  • Los médicos siguen cobrando por extender certificaciones que deberían estar incluidas en las prestaciones. Este incluye los preceptivos (falsos e su mayoría) reconocimientos para el carnet de conducir.

 
Seguramente hay muchos otros casos que evidencian que el pueblo sigue siendo un súbdito, no un soberano como dice la Constitución.

                                                                                                              Pepe, estudiante repetidor
 

¡Amigos, inauguramos el cotarro semanal con un nuevo cuento! Ya, ya, no se preocupen, estamos a la espera de Lili. Por supuesto. Por supuesto. Pero, oigan, que el presente cuentecito tampoco está tan mal. Sí, sí, ya, descuiden: de momento que nos llegue, se lo serviremos.

Ya has oído, Lili: ¡tus fan te esperan!

Mientras, acomódense y disfruten con una nueva entrega de la saga "Los cuentos de la democracia", en este caso el titulado:

 

EL CUENTO DE LA MEMORIA HISTÓRICA

         —¡Llevo un día, Marcos —se queja el Director General de Memoria Histórica— que ya quisiera yo ver a los que decían que lo que hacían en el Valle era trabajar!

         Su Señoría hace referencia al Valle de los Caídos, asunto, claro, de su directa competencia.

         Por supuesto, lleva razón con su lamento: no ha parado. Por la mañana bien temprano, pues no eran ni las diez siquiera, ya estaba en pleno desayuno de trabajo; en este caso, en la cadena amiga.

         —Es, si se me permite decirlo, asunto de la más extrema importancia —había declarado a la pregunta de la presentadora, amable y complaciente como ella sola.

         —Lo entiendo —asentía ella.

         —Sí. —Tras pensarlo un instante, y azuzado por lo buena que estaba la tía, lo había medio soltado:— Si el profesor Navigatores tiene razón, y en principio nada nos hace pensar que no la tiene, es una de las noticias que harán estremecer los fundamentos de la Historia Contemporánea.

         —¡No me diga!...

         Había abierto ella unos ojazos como platos, plenos de embeleso, a lo que pareció, y fue cuando él más se envalentonó:

         —Fíjese, le voy a dar una primicia de la teoría que defiende el profesor. —Se había acomodado, juntado las manos y procurado no mirarla a los senos; y lo soltó:— Franco no existió.

         Ella, abriendo aún más los ojos:

         —¡Ah, no?

         —No. —Hizo una pausa para mayor efecto y:— Franco era Hítler que se disfrazaba de Franco cuando estaba en España.

         La otra, en el colmo del pasmo:

         —¡Pero qué me dice!

         —Sí. Y cuando acabó la Guerra Mundial se escapó de Alemania, porque era un rato espabilado —le confió—, y se vino aquí, a seguir haciéndose pasar por Franco.

         La otra:

         —Ya.

         Su Señoría, cada vez más embalado al ver el efecto en ella:

         —Sí. Y aquí estuvo más de treinta años persiguiendo a la izquierda y dándosela con queso al resto del mundo.

         La buenorra:

         —¡Qué barbaridad!

         Su Señoría, en el séptimo cielo (de los socialistas):

         —Eso es. Y si no llega a ser por los métodos modernos de investigación empleados por el profesor Navigatores, todavía continuaría.

         Ella:

         —¡Todavía!

         —Eso es, todavía dándola con queso, el demonio de Hítler.

         Al final del silencio que siguió, que en las radios no es mucho, ella, la de las tetas:

         —Si no se hubiera muerto, claro.

         Su Señoría, cada vez más rumboso:

         —¡Ah, pero es que no lo sabe?

         —¿Qué?

         Su Señoría, jubiloso, con el convencimiento de que “de aquí al catre”:

         —¡Pues que no ha muerto!

         —¡No me diga!

         —¡No ha muerto, qué va! Y aún le digo más: estamos detrás de sentarlo en el banquillo para fusilarlo legalmente.

         Ella ya no decía nada, sólo miraba con aquellos ojos redondos como platos de gigante y una estupefacción más que gigantesca por el rostro tan bonito. Muda totalmente. Él, no; que decía:

         —Sí..., sí... —totalmente convencido, moviendo la cabeza y todo.

         Así había sido.

         A partir de entonces, ¡el acabose!

         Apenas había salido del estudio, y cuando se estaba aprestando al abordaje a la buenorra, ya tenía Su Señoría el móvil soltando a todo trapo “Mi novio es un zombi”, la canción de Alaska de la que se servía como anuncio de llamada.

         —Pues claro que sí, Fredi —susurraba frenético pasillo adelante y sudando lo que no está escrito—, claro que sé lo que me digo... ¡Ah, por supuesto que él también sabe lo que se dice! —Entonces, tras unos chirridos que casi le perforan la oreja:— El profesor Navigatores ha desarrollado esta teoría y tiene... ¿Cómo?... ¿Qué quién es el profesor Navigatores? ¡Pues es el Director del Instituto de Estudios Socialistas de la...! ¿Cómo?... ¡Pues claro que es doctor en Historia Contemporánea del Mundo Moderno! —Entonces, tras una reflexión, en un suspiro—... Creo.

         Apenas había tenido tiempo de acomodarse en el coche oficial cuando ya estaba sonando de nuevo Alaska y su zombi. Esta vez, el mismísimo profesor con un chiflido histérico en la voz que exasperó al instante a Su Señoría, poco dispuesto a aguantar tras la rociada que acababa de recibir:

         —¿Y por qué no tenía que haberlo dicho? —interrumpió—... ¡Pero si me dijiste que era un hecho comprobado y que tenías las pruebas!... Ya, ya, pero, mira, de acuerdo en que en los asuntos de investigación hay que ir con cuarenta mil ojos porque te roban las teorías y eso, pero en este caso no hay problema: he dicho bien claro que la teoría es tuya, ¿no?... ¡Pues entonces, hombre, deja de preocuparte! Oye, y a propósito, eres doctor en Historia Contemporánea del Mundo Moderno, ¿no?... ¡Pero si me dijiste que lo eras!... ¿Y qué quiere decir eso de que tienes estudios? —Chorro de chirridos de un auricular diarreico—… ¡Espera, espera, espera! O sea, a ver si me aclaro, dices que la Pajín tiene estudios, el Blanco tiene estudios, el Bernat tiene estudios, todos tienen estudios, y tú también tienes estudios, ¿no?, ¡pero todo eso no significa que seas doctor, no?, ¿es eso?... Pero licenciado al menos sí serás, ¿no?... ¡Que no?... ¡Y a mí qué leches me importa la Pajín, el Blanco o el Bernat! ¿Eres licenciado o no?... ¿Pero es que no hay nadie en este país que haya terminado una carrera?

         Entonces resultó que no. Quiero decir, que no lo era. Licenciado, digo.

         Apenas había tenido tiempo de acomodarse Su Señoría en su despacho cuando ya estaba Marcos a su lado:

         —El Director de la Academia de la Historia.

         —Sí. ¿Qué?

         —Que lo llames.

         Aún se le espeluznaba el pellejo con el recuerdo: una eternidad para acabar de mala manera; o sea gritándole al puñetero del viejo:

         —¡Pero si el Director del Instituto de Estudios Socialistas me dice que Franco era Hítler yo no tengo por qué dudar, entiendes?... ¡Cómo que quién es ése? ¡El doctor don Michel Navigatores, sí señor! ¡Pues claro que es una autoridad en la materia!... ¡Ah, pues si no habéis oído hablar de él por ahí es vuestro problema!... ¡Por supuesto que tiene el título! ¡Pero quién te crees que es?... ¡Mira, no tengo por qué soportar tus malos modos ni tus insidiosas insinuaciones, y mucho menos perder el tiempo con pequeñeces como que por qué Universidad, adiós!

         Que fue cuando colgó.

         Ya estaba Marco a su lado:

         —La Presidenta de la Asociación de Represaliados por el Franquismo.

         —¿Qué le pasa a ésta?

         Pero ya Marcos le tendía el auricular en silencio, como animándole a que lo tomara.

         —Sí, soy yo... ¡Ah, sí?... ¡No me diga! ¿Sí?... ¡Vaya, vaya, vaya, pues es una tranquilidad escucharlo de usted!... ¡Ni qué decir tiene!... ¡Pues claro, a mí también!... Sí, una eminencia... ¿El nombre? ¡Sí, claro: don Michel Navigatores!... ¡Doctor en Historia, doctor en Historia Contemporánea del Mundo Moderno, sí!... ¡Por la más prestigiosa de todas, la Complutense, sí señor!... De nada, de nada, a mandar... A mí también, a mí también. Adiós, adiós.

         Marcos, recibiendo el auricular, mudo ya:

         —Es que me había dicho que quería felicitarte por el valor que has demostrado al hacer tales declaraciones por la tele y me he supuesto que no te vendría mal oír algo por el lado de lo positivo.

         —¿Las has escuchado?

         —¿El que?

         —Las declaraciones digo. —Marcos las había escuchado, ante lo cual Su Señoría siente que ha de avanzarle algún tipo de explicación; más que nada por el la confianza que el trato ha generado últimamente entre ellos; aparte, claro está, el hecho de que Marcos es su cuñado, motivo por el que es su Asesor Personal, Director de Gabinete y le tiene toda la confianza que como hombre de su confianza le tiene:— Es que la jodida estaba buenísima.

         —¿Quién?

         —La presentadora.

         —¡Coño, Pepe, te lo he dicho una y mil veces: las faldas van a ser tu perdición!

         —Unas tetas así. —Le señalaba cómo.

         —Tu perdición.

         Que es cuando suelta lo del día que lleva y eso y que dicho ya ha quedado en su momento aquí.

         Marcos:

         —Ahí fuera —señala hacia el antedespacho— tienes a la televisión.

         Su Señoría le mira sin comprender a qué puede estar haciendo referencia.

         —¿Y?

         —Esperan que hagas unas declaraciones sobre el tema del día.

         —¿El tema? ¿Qué tema?

         Entonces resulta que el tema es el asunto de Franco, Hítler y, sobre todo, el hecho de que ninguno de los dos esté muerto y el primero de ellos a pique de sentarse en el banquillo para enfrentarse a una acusación de suplantación de personalidad, entre otras, centenario ya y todo como por lo visto está.

         A todo esto Su Señoría empieza a entrever que el asunto amenaza con írsele de las manos; así que decide que lo mejor es dar la cara e imponer autoridad, algo parecido a Gary Cooper en la película “Solo ante el Peligro”: se alza del sillón, se ajusta el traje, cruza la estancia y abre la puerta. Pleno de energía va y dispuesto a comerse a presentadoras y televisiones del mundo entero.

         —¡No, no, no —rebate ya sin fuerzas—, yo no he dicho que Franco no haya muerto, ¿eh?, eso hay que dejarlo bien claro!

         Uno de los de pluma que se ha colado con los de la tele:

         —¿Eran Hítler y Franco la misma persona?

         Su Señoría pesa, sopesa, repesa y al final se decide por la prudencia:

         —Todos lo hechos históricos son susceptibles de versionarse bajo el prisma de una diversidad sostenible, que es lo que en este caso se ha expuesto y lo que, al parecer, ha desatado esta ola inexplicable de totum revolutum...

         El de la pluma, pájaro pequeñajo y agresivo y en nada doméstico, tajante:

         —¿Eso es un sí?

         Su Señoría ha de sacar un pañuelo del bolsillo y le falta frente y le sobran sudor y nervios; mientras, masculla:

         —¡Veamos, veamos, hay que entender que cualquier hecho diferencial ha de ser suscrito por entidades específicas que son las que se encargan de esbozarlo, exponerlo, refrendarlo y, como en este caso, de añadir esa pátina de veracidad que, a no dudarlo, es la columna vertebral de toda teoría científica sometida al prisma del proceso investigati...!

         El pequeñajo y agresivo:

         —¿En qué quedamos, es un sí o un no?

         Su Señoría, exasperado ya:

         —¡Es un sí!

         El pequeñajo de la pluma:

         —¿Y eso qué quiere decir?

         En este punto Su Señoría se ve superado por el sistema; totalmente desorientado no recuerda ni qué es sí, ni qué es no; incluso no es capaz de discurrir muy bien ni por qué puñetas está él aquí en vez de seguir de chapista que es lo que siempre ha hecho, lo que le gusta y lo que entiende.

         —¿Se ha notado? —pregunta luego a Marcos en la tranquila soledad de su despacho ya.

         Marcos le tiende un buen vaso de brandy:

         —Anda, bebe.

         Lo último que Su Señoría recuerda es al chiquitajo preguntándole sin cesar:

         —¡Entonces, basándonos tanto en lo que el profesor Navigatores le ha comunicado como en lo que deducimos de sus palabras de ahora, Queipo de Llano era en realidad un infiltrado del régimen castrista, no es así?, ¿es eso lo que ha querido decir?

         Momento en el que Marcos había intervenido para declarar que aquella misma tarde el Profesor Navigatores daría una rueda de prensa y podrían dirigirle a él todas las cuestiones que desearan: el experto era. A continuación, tomando por el brazo a un desbordado Su Señoría, lo había prácticamente arrastrado fuera del antedespacho y del alcance de la prensa. Atribulado perdido iba.

         Conociendo a su cuñado como ya le conoce, y en nada deseoso de causarle más agobio:

         —Venga, bebe. —De seguido:— ¿Lo llamas tú o lo llamo yo? —Lo cual le pilla en fuera de juego y totalmente desnortado:

         —¿Llamar? ¿A quién?

         —A Navigatores. —Se lo explica:— Tienes que decirle que esta tarde tiene la rueda de prensa. —Ve en su cuñado la actitud remisa y comprende, se apiada y le encarrila en la dirección correcta:— Al fin y al cabo la culpa de todo este lío la tiene él por haberte mentido en el asunto de su título.

         A Su Señoría se le ilumina el rostro:

         —¡Pues claro que sí! —chilla.

         Sin embargo, Marcos, como es su cuñado y como le tiene el afecto que le tiene por el puesto que le ha otorgado y las prebendas que el mismo le rinde, se cuida muy bien de expresarle su convencimiento de que la presentadora y sus tetas es lo que en realidad está en el fondo de todo; de manera que calla y tiende teléfono.

         Ya por la tarde, en la rueda de prensa, Su Señoría es quien primero toma la palabra. Serio, solemne, flanqueado a un lado por un enclenque Navigatores con cara de pocos amigos y peluquín a lo Barbie, y al otro por su Marcos silencioso y adusto, se dirige con breves palabras a la concurrencia que, inesperadamente y pese a no haber sido convocados con antelación suficiente, abarrota la sala:

         —Buenas tardes. El profesor Navigatores, Director del Instituto de Estudios Almerienses, perdón, Socialistas quiero decir, les informará de la teoría sobre la cual está trabajando. Después se abrirá una tanda de preguntas. —Vuelve rostro y atención hacia el canijo empeluquinado y calva al aire—. Cuando quiera, profesor.

         Las cámaras de televisión y los centelleos de los fotógrafos se centran en la figura del profesor que, abre la boca y, aunque se le ve mover los labios, no logra articular sonido alguno; acorralado, con una mirada de desesperación, agarra la botellita de agua y, a morro y sin pausa, se la cepilla entera.

         Una voz, ronca y  lo bravo, desde dentro de la masa bullente:

         —¿Qué hay de las subvenciones?

         Marcos, presto al quite:

         —Por favor, por favor, respeten el turno. En primer lugar el profesor les hará una reseña sobre la naturaleza y alcance de su investigación; después será el momento para preguntas relacionadas, y esto es muy importante, relacionadas, repito, con el asunto que nos ha traído aquí. De modo que vamos todos a mantener las formas y, sobre todo, la serenidad y el respeto, lo cual es la principal regla en democracia. —Se inclina por delante de Su Señoría y, mirando a Navigatores:— ¿Profesor?

         Aunque el profesor está claramente desbordado, esta vez sí logra encontrar un chifle agudo y entrecortado con el que, trabajosamente, se lanza al tajo:

         —Debo señalar que toda investigación no alcanza sus postulados finales hasta que, quiero decir que no acaba hasta que termina y esto es así y, por consiguiente, todo lo que sigue se ha ver bajo la consideración de la disquisición circunstancial y...

         La misma voz, brava y ronca, como a lo valiente y alosnero:

         —¿Pero está Franco muerto o está vivo?

         Marcos, ceñudo, ahora sí:

         —¡Por favor, si no guardamos el turno establecido esta rueda de prensa se va a hacer imposible!

         De entre la masa surgen siseos censores y rumores severos que poco a poco logran recuperar el silencio y volver a centrar la atención en el profesor, ahora totalmente intimidado: con las manitas se agarra al filo de la mesa grande, maciza; en comparación con ella, queda claro que el pobre es un alfeñique más allá de toda consideración.

         Su Señoría, viendo que el enclenque está paralizado y sobrepasado por la situación:

         —Ya se ha indicado esta mañana que éste es precisamente el tema del estudio que actualmente está bajo la dirección del Profesor Navigatores y que, al no haber concluido aún, no nos permite dar una conclusión válid...

         La misma voz de antes, procedente de la masa de prensa pero que pertenece, sin duda, al mismo pájaro de la pluma mañanera:

         —¿Cuál es ese estudio?

         “¡Ahora sí!” se dice Su Señoría, y se lanza presto al ataque, o sea, a  exponer el tema en el que, como es lógico, está impuesto:

         —El tema, con el permiso del profesor y creo que no descubro nada que no deba, es focalmente esencial en el estudio de la memoria histórica y…

         El vozarrón del chiquitajo:

         —¿Cuál es ese estudio?

         —Ya, ya, a eso voy. —Pausa para asegurarse de que tiene absolutamente captada la atención y:— La figura de Franco, por más que desgraciadamente ha capitalizado una gran parte de nuestra vida, no hay duda de que encierra una serie de…

         El chiquitajo:

         —¿Está implicado el Instituto en la investigación ésta?

         Los demás venga a mirar cada vez menos sorprendidos y más interesados, en un ciclo acompasado de máquinas y cabezas que va de la mesa al chiquitajo y de éste a la mesa.

         Su Señoría:

         —¡Pues claro! ¡El profesor Navigatores es el director de la investigación y el Instituto de Estudios Almerienses, ¡perdón!, quiero decir Socialistas, es la institución que…

         El vozarrón, insistente:

         —¿Hay subvención de por medio, eh?

         La pregunta hace que, repentinamente, Su Señoría adopte una actitud grave y dolida: se aprecia que está ofendido por las gravísimas insinuaciones que el chiquitajo ha deslizado en el modo de plantear la cuestión.

         Sólo que ahora todas los ojos convergen en Su Señoría y la respuesta a dar; es palmario que con interés y sin la condescendencia a la que tan acostumbrado está. Éste, con toda solemnidad:

         —Ciertamente que se le ha concedido una subvención.

         La voz agreste:

         —¿Pequeña?

         —¡Por supuesto que pequeña!

         —¿Siete millones cuatrocientos mil quinientos cuarenta y cinco euros con setenta y nueve céntimos?

         Su Señoría, visiblemente perplejo, titubea; por último, en medio de la expectación y el silencio:

         —No recuerdo ahora mismo la cantidad…

         Marcos:

         —Ni es el tema de la presente rueda de prensa, la cual, visto que hay fuerzas regresivas y reaccionarias que pretenden difundir la mentira y hacer daño por el mero placer de hacerlo, queda suspendida en este punto y momento.

         Se levanta mientras el pequeñajo y gritón de la pluma chilla:

         —¡Pero si se lo estoy diciendo yo! ¡Subvención concedida a propuesta de la Dirección General de la Memoria Histórica el día diez de mayo del presente! ¡Es eso una cantidad pequeña? ¿Eh? —Como ve que se marchan, alza aún más la voz:— ¿Es eso una cantidad pequeña para una investigación de pacotilla que si acaso sirve para algo es para levantar ampollas y crear odios y asperezas, so caras? —Al no recibir respuesta:— ¡Dónde está el dinero, eh? ¿Cómo os lo habéis repartido, eh?

         Pero ya han salido Su Señoría y el profesor. Sólo queda Marcos que con ademanes un tanto fuera de lugar está haciendo despejar la sala.

         Luego resulta que los informativos dan una versión tendenciosa de los hechos. Tendenciosa a decir de Su Señoría, ahora absolutamente espantado y desconcertado; que lo sigue comentando con Marcos:

         —¡Decir, fíjate bien, decir que Navigatores y yo estamos compinchados para repartirnos la subvención…! ¡A lo que hemos llegado!

         Marcos:

         —Exactamente no lo dicen, porque si lo dijeran aún podríamos hacer algo; lo que hacen es insinuar.

         —¡Que es peor, que es mucho peor! —Cesa un momento en su lamento y, aterrorizado:— ¿Qué hacemos?

         Así pues, Marcos, que sigue conservando su sangre fría, propone, y Su Señoría acepta con júbilo, redactar un comunicado y enviarlo a los medios. En éste queda debidamente aclarado cómo:

         1) el Instituto de Estudios Socialistas es entidad cuya seriedad y honorabilidad queda fuera de cualquier duda;
         2) el profesor Navigatores es personalidad sobradamente conocida en todos los círculos en los que la ciencia de la Historia se estudia con la seriedad y rigor debidos;
         3) en la actualidad, amén de las labores propias de su cargo, el profesor Navigatores dirige una investigación rigurosísima centrada en la figura de Franco;
         4) a dicho estudio le ha sido adjudicada una subvención a propuesta de la Dirección General de la Memoria Histórica;
         5) el montante de esta subvención está en consonancia con el interés del estudio y su importancia, así como la naturaleza de los costes que genera, tanto en material como en personal.

         —¡Perfecto! —exclama Su Señoría—. ¡Con esto se van a tragar sus insidias!

         Así, al pronto, los medios amigos se limitan a dar toda la publicidad posible al comunicado; los no domesticados, en cambio, alzan voces discrepantes:

         “¡Franco y sus muertos forran a dos vivos!”, alardea uno.

         “¡Los muertos de Hítler!”, proclama otro; de subtítulo: “¡Y los de Franco, también!”.

         Un tercero, más radical, “¡Franco y Hítler, a los infiernos; sus buitres, al talego!”.

         Marcos:

         —Por lo menos hay una señal positiva.

         Su Señoría, hundido, con los periódicos por delante:

         —¿Sí? —Al poco:— ¿Cuál? —Marcos calla pues ha caído de repente en que la tal señal no es para ser analizada ante su patrono y cuñado. Que insiste:— ¿Cuál?

         Luego, ya en la intimidad de su hogar, sí se la confía a su señora:

         —Dicen dos, ¿comprendes? —ella asiente, pues hasta aquí ha comprendido—, que deben ser, digo yo, tu hermano y el panoli, ¿no?

         Ella:

         —¿Panoli? ¿Qué panoli?

         —¡Quién va a ser: el Navigatores!

         —¡Pues vaya un panoli: se quedó con dos de los siete! —Subraya:— ¡Para panoli, tú: un millón nada más! —Acosa:— ¡Y fue a quien se le ocurrió todo! —Derriba:— ¡No será porque no te lo dije: si es que eres tonto!

         Marcos, para sí:

         —Me está bien empleado, por panoli.

         Ella:

         —¿Qué has dicho, eh?

         Él:

         —Que llevas razón, querida.

         —¡A buenas horas me la das! ¡Era entonces cuando te tenías que haber hecho valer! —Clarinazo final:— ¡Ay, y qué castigo!

         Él:

         —Sí, querida.

         Tres días después se recibe comunicación en la Dirección General de la Memoria Histórica: Su Señoría ha accedido a un nuevo destino. En este caso, Bruselas. Allí ha de dirigir la Agencia Estatal para la Expansión del Cante Hondo entre los Flamencos.

         Su señora, por teléfono, a su cuñada:

         —Sí, dicen que hace frío; pero, en cambio, el sueldo es como tres veces el que cobraba en la Dirección de la Memo ésa.

         La cuñada, señora de Marcos:

         —Además, con tanto flamenco como dicen que hay por allí, lo vais a tener fácil, ¿no?

         La señora de Su Señoría, el nuevo Director de la Agencia Estatal para la Expansión y eso:

         —¡Ay, querida, lo que pasa es que a mí no me gusta el flamenco!

         La otra:

         —Con lo que os van a pagar, te acabará gustando, ya verás.

         —¡Ay, eso espero! Pero es que no te puedes hacer una idea de lo dificultosa que es una Agencia de este tipo.

         —Y lo importante, ¿eh?

         —Claro. Sobre todo, eso.

         —Sólo lo sabe quien está al frente.

         —Por supuesto. Aunque ahora tú también eres Directora General.

         La señora de Marcos, imbuida de su nueva importancia:

         —¿Te lo puedes creer? —Y se lo confiesa:— ¡Hasta nerviosa estoy!

         A todo esto, en la cadena de marras, la amiga, ya sabes, el profesor Navigatores no se atreve a mirar a la presentadora de las tetas: en realidad, a él lo que le gusta no son tales aditamentos que las mujeres lucen, tan sobresalientes como fuera de lugar, ¡y por duplicado, encima!; no: por supuesto que no.

         —¿Cómo puede estar tan seguro de que nuestro actual Presidente del Gobierno es en realidad Franco disfrazado como tal?

         El profesor:

         —Bueno, ¡ejem!, si se me permite la expresión, hay que tener en cuenta que toda investigación no alcanza sus postulados finales hasta que, quiero decir que no acaba hasta que termina y esto es así y, por consiguiente, todo lo que sigue se ha ver bajo la consideración de la disquisición circunstancial y...

         Marco, estrenando su sillón como nuevo Director General de la Memoria Histórica:

         —Está claro que, al final, todo es el vil metal, cuñado.

         Su Señoría, que ha acudido por ambos, traspaso de poderes y despedirse:

         —Y que lo digas. —Entonces, cayendo en ello y animándose de repente:— Pero es que la tía tiene unas tetas, ¡vaya tetas! ¡Mira, mira, así, así!

         Le dice cómo.

Advertencia: ni que decir tiene que todos, absolutamente todos los personajes y circunstancias del anterior cuento son producto de la imaginación del autor; por consiguiente, cualquier parecido con la realidad, tanto en personajes como en circunstancias, es sólo puta casualidad.
Advertencia: se recuerda que las HOJAS DE HOY, al ser retiradas, pasan a la sección HOJAS DE AYER
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