DE LO QUE DIGA EL GOBIERNO, NO TE CREAS LA MITAD; LA OTRA MITAD, LA DESECHAS POR ABSURDA. DE LO QUE NO TE DIGA, ¡CREÉTELO TODO!

14-IX-11

¡Dios mío de mi alma! ¡Para qué se me ocurriría! ¡Pero si ha sido tan sólo un comentario aséptico!

Apenas darle a la tecla, ya me estaban llegando rapapolvos echando humo. De modo que me veo en la precisión de puntualizar lo siguiente:

Efectivamente, Aznar también ha sido presidente del gobierno; sin embargo, el paro no subió con él: bajó. Bastante.

Efectivamente, Aznar (y muy concretamente su yerno) se ha beneficiado del cargo; sin embargo, en sus años de gobierno no llegamos ¡ni por asomo! a la cantidad de escándalos de los tiempos Felipos (recuérdese, BOE, Prado, Guardia Civil, Renfe, GAL, Filesa, Mariano Rubio, Banesto, PSV/UGT, los Guerra, etc.), cuando raro era el día en que no aparecía uno nuevo y el clima de corrupción generalizada era bien patente, casi como ahora. Lo cual no quiere decir que no hayan existido: ahí están Ripoll, Mallorca, Correa y más, que no me dejarán mentir.

Efectivamente, Aznar no administró los dineros públicos de manera impecable (recuérdense los derroches en bodas, por ejemplo); pero Felipe lo hizo rematadamente mal.

Efectivamente, ambos estarían más bonicos callados.

Efectivamente, la situación actual es mucho peor que lo fue con los dos juntos.

Referente a la despedida a Zapatero ayer en el Senado, mal. Muy mal.

No se trata de tenerle lástima al que se marcha; se trata de que los representantes del pueblo español han debido dejarle bien claro a un completo incompetente que su gestión ha sido un desastre de características gigantescas; se trata de pedir responsabilidades a quien durante ocho años ha hecho y deshecho como le ha venido en gana y aquí nos ha conducido; se trata, sobre todo, de reprender públicamente para prevenir. Que se vea y entienda que quien tiene en sus decisiones el sino de muchisimas personas no puede hacer lo que le venga en carpicho.

Y si aparece en lontonanza un Zapatero, que se lo piense antes de llevar a cinco millones al paro, antes de regalar el dinero público a manos llenas, antes de nombrar a payaso tras payaso para puestos clave, antes de permitirse desmembrar una transición, una convivencia, un país.

En cambio, van los senadores y le dicen ¡Adiós, bonico!

¿Para esto nos sirve el Senado?

No. Seguro. Ni para otra cosa tampoco. Bueno, sí: para gastarnos en un derroche absurdo unas perras que no tenemos.

14-IX-11

Hola, amigos.

Y sale Felipito a decirnos que estamos al borde del precipicio.

¡Que bien que viniste!

Para lo que has dicho, mejor calladito, Señor de las Marismas del Guadalquivir.

Aunque, ya que tienes tanto tiempo para disquisiciones baratas, no estaría de más que hicieses, espebiladillo pesetero, algunos comentarios sobre la improcedencia de que el Presidente del Patronato del Consejo del Espacio Natural de Doñana sea a la vez Consejero de Gas Natural Fenosa, precisamente la compañía que ¡sin los preceptivos permisos legales! está tirando un aleoducto a través de lo que queda de Doñana para ver de rematar la faena después del desastre de Alcazalquivir y Boliden, que tan bien calló la dictadura de tu amigo Chaves.

¿Es así como defiendes el Espacio Natural de Doñana, vida?

Además, Pseudomarqués de la Gran Equis, no estás moralmente capacitado para mostrarnos lo que es bueno o malo; y menos para España, país, te recuerdo, que dejaste con una tasa de paro que tocaba techo.

Mira, Caballerete del Palacio Tangente, mejor te vas a tu palacete marroquí a leer esta noticia que copio para ti (similares pueden consultarse en la Web):

La mansión de Felipe González en Tánger

Recreación de la casa que se está construyendo en Tánger.

Recreación de la casa que se está construyendo en Tánger.

ELMUNDO.es Actualizado lunes 01/03/2010 16:50 horas

La villa marroquí del ex presidente Felipe González está primera línea de playa, en Tánger. Según revelaba CRÓNICA este domingo, será una mansión valorada en 2,5 millones y edificada con el visto bueno del amigo Mohamed VI. Este lunes, 'La vuelta al Mundo', en VEO7, emitirá imágenes exclusivas de la casa.

González es un enamorado de Tánger, donde veranea desde su época como presidente del Gobierno. Gracias a sus excelentes relaciones con la Casa Real de Marruecos Procisa, propiedad de Luis García Cereceda —íntimo amigo del ex presidente (de hecho, su actual novia, María del Mar García Vaquero fue pareja de Cereceda años atrás)—, pudo comprar el terreno a la Casa Real marroquí y construir en primerísima línea de playa.

Cuando esté terminada la lujosa mansión, contará con 2.200 metros cuadrados de construcción repartidos en una casa principal de 600 metros, otra casa para el servicio, garajes, patios, porches y piscina. Todo ello, en una parcela de más de 5.000 metros cuadrados en la playa de Jbila.

El proyecto marrroquí lo firma el estudio A-Cero, del televisivo Joaquín Torres, conocido como 'el arquitecto de los ricos'.

Coméntala con tus vecinitos, o sea, con la familia real Saudí, el rey del Morocco, etc., a ver si así nos dejas en paz a los cristianos, monería. Sí te digo que gracias a ti y a otros como tú, los españoles de a pie nos vemos como nos estamos viendo. De manera que tus comentarios, Archiduque de las Camisas de Seda, te los metes en donde te quepan.

12-IX-11

Desde luego que ZP está haciendo pero que muy bien en acatar cada una de las órdenes de Rubalcaba: Alfredito es como que mola más, ¿a que sí? Además, tiene más experiencia en gobernar ya que lleva en el timón de la nave desde los tiempos de la gran X.

Pues ¡eso es lo que nuestra Lili describe con su habitual maestría en la entrega de hoy!

PARA TODOS USTEDES:

LILI Y EL RUBALCABAZO

(¡QUE APROVECHE!)

            Ha sido una mañana terrible la de hoy en la oficina. Todo ha ido mal desde el principio: la blusa blanca que me quería poner tenía un lamparón del tamaño de una manzana; no he encontrado los zapatos negros (después de pasarme veinte minutos buscándolos, he recordado que los llevé al zapatero; mi memoria flaquea más de lo normal los lunes por la mañana), ni los grises (imagino que están en el trastero) ni los beige (esto es más lógico, porque no tengo zapatos color beige, detalle del que me he dado cuenta al cabo de cinco minutos), de modo que he salido con los marrones, que no me pegaban con el vestido negro a topitos blancos que me había puesto, así que me he tenido que cambiar.

            Con tanto lío de ropa se me ha escapado el autobús de las ocho y cuarto, y el de las ocho y media ha llegado a menos cuarto, con lo que yo he entrado en la oficina a las nueve y veinte, con los nervios de punta y sudando como un pollo.

            —¡Lili, llegas tarde! —exclama Mai, mi compañera de laboral (yo soy la contable, que ahora no recuerdo si te lo he dicho) —. Edu está esperándonos en su despacho. ¡Vamos!

            —Espera que deje el bolso —y al soltarlo me fijo que con las prisas he cogido el negro. ¡Y llevo los zapatos marrones!

            Ahí, justo ahí, tendría que haberme dado cuenta de que el universo en general estaba tratando de decirme algo. Pero no lo he hecho y he seguido, inocente, a Mai hacia el despacho de nuestro jefe Edu.

            —Hoy hay que llamarle don Eduardo —me dice por lo bajito, y da dos golpes respetuosos en su puerta.

            —¡Adelante! —grita mi jefe, y Mai abre la puerta antes de que me dé tiempo a preguntarle por qué.

            Edu está sentado en su sillón lujosísimo de cuero del caro con aspecto agobiado.

            —¡Lili, espero que tengas explicación de por qué siempre llegas tarde! —y fija en mí unos ojos pequeños que las gafas hacen parecer aún más diminutos.

            —Sí, Edu, un atasco y… —me callo cuando Mai me da una patadita disimulada.

            —¡Don Eduardo! —y añade—: ¡Si el tipo ese del Skoda y el millón de euros dice que soy rico, a partir de ahora soy don Eduardo! ¡Soluciones, Lili!

            Estoy totalmente perdida; no conozco a nadie con un Skoda. Con un Seat Ibiza sí: el portero. Y con un Golf conozco a un par. A ver si no va a ser un Skoda…

            —¿Seguro que es un Skoda y no un Golf? —pregunto—. Porque no caigo…

            —Rubalcaba —murmura Mai a mi lado—. Habla del impuesto de patrimonio.

            Miro a Mai con los ojos como platos. ¿Pero ese impuesto no había desaparecido? Un momento…

            Sí, algo me suena…, el impuesto para los ricos…

            ¿Por qué no he leído este fin de semana los periódicos? ¿Por qué me he dejado embaucar por el nuevo número del Vogue?

            ¿¿¿Por qué???

            —Me pongo a ello inmediatamente —le digo a Ed…, don Eduardo, con toda la confianza de la que soy capaz.

            —Tengo un chalé en la sierra, y un piso en Madrid, y algo ahorrado, pero de ahí a decir que soy rico…, vamos, que llego a los 600.000 euros por los pelos, y eso si llego —se pasa las manos por la cara y vuelve a mirarme—. Y pago la pensión a mi ex, que eso también contará.

            —Sí, claro, seguro —y yo qué sé.

            —Piensa en algo, Lili: inversiones en el extranjero o algo así, pero mi patrimonio tiene que ser de quinientos mil euros, como mucho.

            Veo clara la solución: si me da a mí cien mil euros, asunto arreglado. Pero, no sé por qué, no me atrevo a planteársela…

            —Y tú, Mai, paraliza los contratos. Nada de aumentar plantilla; mejor despide al último chico que ha entrado en marketing —me clava los ojillos—. A ver si al final voy a ser rico y voy a tener que pagar —el tono amenazador que emplea me hace ponerme a temblar.

            ¿Qué culpa tengo yo?

            De vuelta a mi mesa enciendo el ordenador mientras ruego en silencio a Google para que me dé una solución rápida. Tecleo “cómo deshacerse de cien mil euros” y espero.

            Donaciones, mmmm…, no creo que sea la línea que quiere mi jefe que siga…; ong´s…, tampoco; ayuda humanitaria…

            Creo que el criterio de búsqueda está mal planteado. Voy a cambiarlo: “Cómo disimular cien mil euros”. Sí, así está mejor.

            “La diputación de Alicante destina 100.000 euros al programa Luces y Estrellas”…, no me sirve; ¿de dónde saco yo una diputación?

            “La Junta destinará más de 100.000 euros a investigar la esclorisis”. No sé qué será la esclorisis, ¿esclerosis, tal vez?

            Y no sé qué tiene que ver disimular cien mil euros con juntas y diputaciones.

            Voy a ser más clara, parece que hoy Google está un poco torpe: como estafar cien mil euros a Hacienda:

            “Las sanciones por estafa a Hacienda oscilan entre …”; “Dos detenidos por estafar cien mil euros a …”, “Los lapsus con hacienda tienen su precio…”

            ¡Ay, madre, que mal rollo!

            ¡Al final acabo en el cuartelillo, ya verás!

            Voy a ver la portada de El Mundo, a ver si me aclara algo.

            ¡Eh, que es un millón de euros el mínimo que al final va a estar exento, no seiscientos mil! Voy a verlo en El País, por si las moscas… Aquí no veo nada… Da igual, si El Mundo dice que va a ser a partir de un millón, será a partir de un millón.

            ¡Bien!

            Imprimo la portada y ligera me dirijo al despacho del jefe.

            —Don Eduardo —le digo, respetuosa, desde la puerta—. Tengo buenas noticias.

            El ayer-llamado-Edu levanta la cabeza del informe que está examinando y me mira expectante:

            —Mira —o mire, que ahora estoy hecha un lío. El viernes era “mira”, pero esta mañana ya no sé…

            —¿Qué es esto? —me pregunta, mirando la hoja que le he dado con desinterés.

            —El Mundo dice que finalmente el impuesto de patrimonio, si lo vuelven a instaurar, que no está claro, dejará exento un millón de euros, de modo que no hay problema.

            Me dan ganas de ponerme a gritar ¡Yupi! como una loca, pero me contengo.

            —Ya… —mi jefe guarda silencio unos segundos—. ¿Te he mencionado el yate de Formentera y la finca que tengo en Extremadura?

            ¿Qué? ¡Claro que no!

            —Confío en ti, Lili. Y cómo más vale prevenir, prefiero que dejes mi patrimonio en quinientos mil euros a efectos legales —vuelve a centrarse en el informe y me despide con un gesto de la mano.

            ¿Y cómo quiere que haga eso? ¡Que no soy maga!

            Le estoy cogiendo una manía al del Skoda… ¡Qué poquito piensa en los contables, pero qué poquito! 

 

11-IX-11

Veamos, hace un rato que subí el anterior (de aquí abajo) punto de vista literario a la web, ¡y va y me llama mi amigo Mario Conde para decirme que no está de acuerdo conmigo, que los regalos a los políticos son totalmente legales (siempre que no excedan de un valor discreto), y que lo que tengo es envidia porque a mí no me regalan nada! ¡Ah, y, además, añade que me j...!

Vayamos por partes.

1) ¿Por qué se hace un regalo a un político?

Por el cargo que ocupa. No, no me digas que hay otro motivo porque no lo hay: o se le hace a la persona, o se le hace al cargo; si se le hace a la persona, no se le hace al político y, por lo tanto, queda fuera de nuestra consideración.

2) ¿Se le haría el regalo si no ocupase el cargo que ocupa?

No. La prueba: ¿cuántos regalos se hacen a las bases de cualquier partido?

3) ¿Pertenece el cargo al político o lo ocupa simplemente?

¡Je, je!

4) ¿Cuál es el límite de discreción en un regalo?

Pues mire, amigo, para Rita Barberá está alrededor de 900 euros/pieza. Ahora bien, para determinar el concepto de discreción en este caso hay que conocer el número de bolsos recibidos por Rita procedentes no sólo de Correa, sino de todos los puntos cardinales y orígenes; o sea, en el supuesto de que haya recibido 10 bolsos Luis Vuitton de su amigo Correa, la discreción de Rita está por encima del millón y medio de pesetas.

A mí me parece un disparate de discreción.

A mí también: yo no gano toda esa discreción ni en cinco meses de trabajo.

Juzgue usted.

Yo la condeno.

Será usted. En su partido no lo han hecho.

5) ¿Entonces qué propone usted que hagan los políticos con los regalos que reciben?

¿Quiere que se lo diga?

Pues bueno.

¿De verdad quiere que se lo diga?

Pues bueno.

¿Seguro?

Pues bueno.

Pues se lo voy a decir.

cáritas española

Adiós, Mario. Vale.

11-IX-11

¡Ay, amigos, qué difícil es todo! Y al mismo tiempo, qué fácil.

Verán: Berlusconi se ha pasado las leyes (¡presuntamente!) por su ajetreado arco del triunfo la tira de veces; simplemente porque su ego lo precisaba. Sus delitos (¡presuntos!) han sido, en principio, de los que la Iglesia califica como de la carne y, quien no pertenezca a aquélla, como de bragueta y entrepierna; además, muy probablemente lo hacía para presumir: parece ser que hay testimonios más o menos fiables que aseguran que el pobrecito vejete se les dormía a las huríes entre las piernas; y, por su parte, no había mala intención otra que yacer con ellas, ya que recompensaba a las protagonistas con toda idoneidad.

Sin embargo, cuando llega el momento de responder ante la Ley por su delito, ¡allá que el viejecito chilla y alborota y se erige en el sacrosanto defensor de la inviolabilidad que es connatural (?) a todo individuo investido por las urnas; lo hace, claro, para librarse de ser juzgado por los tribunales como cualquier otro ciudadano lo sería. Es más, chasquea los dedos así, ¡chas!, y aparece un largo y nutrido plantel de especialistas en derecho que se aplican a poner todas las piedrecitas que pueden a la maquinaria judicial.

¿Por qué?

¡Pues porque ¿cómo va a ser juzgado él, un Presidente investido por las urnas?!

Otrosí: a) tenemos un caso sangrante de nepotismo (¡presunto!) en nuestra Andalucía: un amantísimo y achavesado pater familias ha hecho y deshecho con la bolsa pública cómo le ha venido en gana para beneficiar a su prole; b) hay otro con abuso de poder, desviación de caudales públicos, etc. (¡presunto!): un amantísimo Padrino griñudo ha repartido EREs a siniestro y siniestro según pauta fijada por su predecesor en el cargo.

Sin embargo, llama la Ley a sus puertas y, ¿a que no saben, vuesas mercedes, a lo que recurren el pillines para evitar ir a dar con sus huesos en el talego en el que usted o yo iríamos si estuviesemos en sus excelentísimos pellejos?

¡Si, señor, sí: conflicto de autoridad! Dicho de otra forma: las urnas están por encima de la Ley. Por la gracia de Dios, claro está.

Otrosí: ayer se me ocurrió interesarme por lo que ocurre en el Partido más popular de las tierras valencianas.

De vergüenza. Vergüenza o grima. O sea: sus políticos ven como normal aceptar regalos y prebendas.

Pero, veamos, los regalos ¿no se hacen al cargo?

¡Ah, señor mío, pues mire usted, no lo sé! Y lo que es más, ¿cómo quiere que lo sepa?

¿Que cómo quiero que lo sepa? ¡Pero si es muy fácil! Verá: ¿el excelentísimo señor X habría recibido tal regalo si no ocupase tal cargo? Como la respuesta es ¡NO!, pues yo mismo me la digo: No. Pues entonces, tal regalo no le pertenece; pertenece al cargo. Quedarse con él es apropiación indebida. Si tal hace es un ladrón.

O un apropiador indebido.

Un ladrón, mejor.

Bueno, pues un ladrón. ¿Presunto?

Sí. Y bandido también.

Es lo que yo digo.

Eso es. Lo peor de todo es que, según lo que antecede, son todos una pandilla de ladrones. Mire: los hay que aceptan prendas, como bolsos, trajes, joyas o relojes; otros prefieren coches, de alta gama a ser posible; algunos muestran su preferencia por la propiedad inmueble y gañotera, incluso con indicación de escalera y planta en bloque; por último, los hay que tienen debilidad por el billetaje, negro a ser posible.

¿No aducirán, también, que son las urnas las que les dan derecho a estos latrocinios, no?

—Bueno, aquí hay divergencias notables: unos están convencidos, y así lo expresan; otros entienden que tal teoría es insostenible, pero sí la dicen y defienden.

—Y apañan.

Y apañan, sí: se quedan en propiedad con lo que tenía que ir destinado a las arcas públicas ya que el cargo no es suyo. Pero bueno, lo que quiero decirle es la coincidencia que todos tienen en creer que las urnas son una especie de fábricas de patentes de corso, o sea, sales electo, puedes hacer lo que quieras, cuanto más ilegal, mejor.

¿Acaso no es así?

¡Pues no señor, no es así: sales en las urnas y tienes la obligación de ser y comportarte como paradigma de todo lo que es bueno moral y éticamente.

¡Muy bien dicho! ¡Y al que no lo haga, se le castiga en las urnas!

Lo miro, lo remiro y:

—¿Me permite que le diga una cosa, estimado señor?

—¡Por supuesto!

—¡Vayase a la caca, so idiota!

—Mire, mire, a lo mejor es que no lo saben.

Ya. Adiós.

—O no han caído.

Ya.

 

Advertencia: ni que decir tiene que todos, absolutamente todos los personajes y circunstancias del anterior cuento son producto de la imaginación del autor; por consiguiente, cualquier parecido con la realidad, tanto en personajes como en circunstancias, es sólo puta casualidad.
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