DE LO QUE DIGA EL GOBIERNO, NO TE CREAS LA MITAD; LA OTRA MITAD, LA DESECHAS POR ABSURDA. DE LO QUE NO TE DIGA, ¡CRÉETELO TODO!
HOJA DE HOY

17-XII-11

(Soneto doloroso XXXIII: Una foto sin gracia)

Los Urdanpillines, Feliz Navidad
nos desean con posado selecto;
todos tienen un muy feliz aspecto
y posan con serena majestad.

Para conseguir mayor claridad,
don Diego Torres sale con efecto:
tan desplazado a un lado el interfecto
que yo no lo distingo en realidad.

La secretaria de la sociedad
posa junto a su atleta predilecto
en un marco de suma honestidad.

Los niños, en su pura ingenuidad,
aún no son conscientes del abyecto
legado que tienen como heredad.

Es una situación familiar lamentable. Originada, creo yo, por la estupidez de un engreído (en realidad un pobre infeliz); manejada con cierta torpeza por quien tuvo conocimiento temprano y asesoró mal; y resuelta peor, porque ahora ya tiene mala solución. En tal encuadre sí entiendo lo de la foto: a medio camino entre el cerebro y el corazón.

Sin embargo, quien es siendo Quien es, debe tragarse su corazón al objeto de que, siguiendo su curso normal, éste órgano inútil (para él) vuelva a salir al exterior en la debida forma.

Y mucho que lo siento y comprendo pues, aún con sus errores, le sigo considerando preferible a otros sistemas que, como nuestra Historia reciente ha mostrado repetidamente, han acabado en desastre.

16-XII-11

(Soneto doloroso XXXII: ¡Buen trabajo!)

Alfredo dice esto sobre esto.
Alfredo piensa así, así y así.
¡Y a mí que en realidad me importa un pi
lo que piense sujeto tan funesto!

He visto lo que hizo, por supuesto,
y sufrido sus errores porque sí;
ahora hemos llegado hasta aquí
y un paso más a dar no estoy dispuesto.

¿Recuerdas a los GAL, buen Rubalcaba?
El Once-Eme, Alfredo, ¿te suena?
Pascual Sala, ¿es Sala a ti ajena?

Cuando la Muerte al fin alce su aldaba
y te llame a su infernal verbena,
¡en bien será de tu patria terrena!

EN AGRADECIMIENTO A LOS SERVICIOS PRESTADOS A ESPAÑA

15-XII-11

(Soneto lamentable CXV: Wikipedia)

En santa Wikipedia a sangre y fuego
muy diestros han entrado unos ladrones
y censurando han ido, los bribones,
muchas de las entradas pliego a pliego.

Si tú las examinas con sosiego
verás que, en un partido, de exacciones,
abusos, desfalcos, malversaciones
y fraudes, ha habido un gran trasiego.

Y expertos que han sido, los jodidos:
muy poco han dejado de los pollos
cuyos nombres por todos son sabidos;

en cambio han lugares distinguidos
para aquellos bribones y pimpollos
militantes de los otros partidos.

Un ejemplo: contrasten la entrada correspondiente una de las más descollantes y excelsas figuras de la Historia de la Junta de Andalucía, el descubridor de los EREs y muñidor primigenio de los mismos, ex-consejero de Empleo Excmo. Sr. don Antonio Fernández García (ya saben, el que por haber trabajado unos días en González Byass en sus años de juventud, se extendió a sí mismo un fabuloso ERE en el que constaba haber estado en el tajo de la afamada bodega desde el mismo día de su excelentísimo nacimiento). Sus andanzas darían para varios tomos y cientos de condena; sin embargo, en tres simples renglones finales, ¡hale, hop!, carpetazo.

Así querrán que, luego, los niños andaluces sepan de las hazañas más gloriosas de sus antepasados. ¡Vergüenza de país, que a sus figuras más egregias trata con tal displicencia e ingratitud!

(Soneto doloroso XXXI: El juicio del traje del Curita)

La esperada absolución de un Curita
nos va a salir a todos por un huevo,
mucho más que un traje chuli y nuevo,
mucho más que una guapa sotanita.

Si hiciéramos nos lo que santa Rita
(o sea, lo que damos a un efebo
dado queda y sin posible relevo),
de balde casi sale la cosita.

Pero no, ¡bien bendita y rebendita
su honra ha de tener el buen mancebo!,
capricho que nos cuesta mucha guita.

¿Y por qué no SE paga la nenita
los gastos de este juicio tan longevo?
¡Si su honra la tenemos muy clarita!

O sea, a ver si me aclaro: un Curita quiere que su honor quede impoluto a costa de un millón de euros de nuestro bolsillo, que es lo que más o menos va a costar el disparate de este juicio con jurado popular y todo.

Y yo, a partir de la información exhaustiva que he extraído de los medios (Bigotes, Gúrtel, Urdangarín, Carlos Fabra incluidos), no estimo en tanto la honra del Curita. ¡Ni muchísimo menos!

Ni entiendo que el país esté para estos derroches idiotas. Claro que si alguien lo permite... Claro que luego lo pagamos todos... Claro que hay quien no tiene ni para comer..., muchos, muchos, muchos...

13-XII-11

(Soneto doloroso XXX: Soneto del cuento)

         Pues, señores, érase una vez que se era que había un país muy lejano, muy lejano, muy lejano, o sea, en la quinta leche, vamos. Vivía allí un príncipe azul y una princesa y eran felices porque tenían de todo y no les faltaba de nada y hacían lo que les salía y nadie se metía con ellos ni nada. Se dijo el príncipe, Urdanpillín que se llamaba, se dijo:

         —¡Coño, pues voy a desplumar a estos garrulos! —en clara referencia a los suyos, o sea, de él y de la hija del rey.

         Para lograr lo que se proponía don Urdanpillín fue a visitar a los garrulos de marras que tenían el dinero de todos los demás; y les decía, decía:

         —Urdanpillín soy, más guapo que nadie y muy listo. Además, mira, mira —y les mostraba unos papeles—, aquí lo dice, ¿ves, garrulito, ves? —Miraba el garrulo y veía que, efectivamente, allí ponía que aquél era don Urdanpillín y que, además, estaba casado con la hija del rey. Entonces les seguía explicando:— Vosotros me dais mucho dinero y yo, a cambio, yo os daré algo también alguna vez y a lo mejor.

         Claro, como aquel mozo de tan buena pinta estaba casado con la hija del rey y como les decía que les iba a dar algo, pues los garrulos cogían y le daban un montón del dinero que, encima, no era suyo sino de todos ellos.

         Decía la hija del rey:

         —¡Ay, pobrecitos garrulos!

         A lo que su marido, don Urdanpillín, le explicaba:

        —¡Pero no seas ridúcula, digo, ridícula; si ese dinero no es de nadie, no ves que lo ha dicho la Carmen!

        —¿Y ésa quién es? —quería saber su señora, curiosa ella también aunque era la hija del rey. —Su marido:

        —¡Ah, eso no sé, pero lo ha dicho!

        Y se quedaban con el dinero y tenían mucho, mucho, mucho y vivían en un palacio lujosísimo en el mejor sitio de todos y comían de lo más sabroso y alimenticio y eso. Además, ella, la hija del rey, trabajaba, ¿sabes?, y le pagaban mucho, mucho, mucho y no había tenido que examinarse ni nada y era más el dinero que tenían.

        Bueno, pues decían los niños a sus padres, los garrulos, decían:

        —Mama, dame pan que tengo hambre.

        Y la garrula de turno les replicaba:

        —Pan no tengo, pero en cambio sí os puedo decir que los hijos de la hija del rey y de don Urdanpillín ¡están de un lustroso! —Entonces, pensándoselo mejor, les explicaba con muy buenos modos:— Eso es porque comen de lo más nutritivo y saludable.

        El más garrulillo de ellos, el que más hambre seguía teniendo:

        —Pero, mama, tengo hambre.

        Y la garrula, nada; porque, pese a todo, como era tonta, seguía encantadísima y se refocilaba en el pensamiento de lo lustrosos y rollizos que estaban los hijos de la otra.

        Un buen día se descubre que don Urdanpillín había estado cogiendo del dinero que era de todos los garrulos; entonces empezó a salir en los periódicos. Decía don Urdanpillín:

        —Esas informaciones y comentarios están causando un grave perjuicio al rey, al país, y a la Biblia en pasta.

        Fue en este momento cuando salió el juglar de la villa y, arremangándose las mangas y encogiendo piernas para estar a una menor altura, cantó con voz bastante bien templada:

Se les han escapado las abejas
y les andan picando por doquier;
pretenden ahora volver a meter
otra vez a las ínfimas diablejas;

las jodidas prefieren las orejas
que pican a mansalva con placer;
¿se les debe culpar tal proceder
por causa de las merecidas quejas?

Si don Bribóngarin y su señora
hubieran puesto freno a su avaricia
otro gallo les cantaría ahora.

Pero no, los señores a deshora
le dieron rienda suelta a su codicia
soltando así abejas y justicia.

        Apenas hubo acabado, don Urdanpillín saltó, por qué no decirlo, apesadumbrado e indignado; que dijo:

        —No entiendo. —Aún dijo más:— ¿Es que no estáis contentos con verme vivir a mí, ¡a mí!, ¡A MÍ!, tan bien y alegremente?

        Entonces el juglar se explicó de esta manera:

        —Las abejas son la justicia y la prensa; ni una ni otra tienen arte ni parte en el origen del asunto, sino tú, tu codicia, tu egoísmo y tu falta de empatía: éstas han sido las que en verdad han abierto la caja cuyas picaduras sufres.

        Como es lógico, y tratándose del país ese que antes se indicó, tan lejano, tan lejano, tan lejano, en la quinta leche, vamos, pues, como es lógico, digo, allí no pasó nada: ni un euro se devolvió y ni un pollo fue al talego.

        Y colorín, colorado, otra vez más que, hermano, a jodernos ha tocado.

A quien corresponda

12-XII-11

(Soneto doloroso XXIX: Cobarde y traidor)

Cobarde fue este hombre que te digo,
traidor, incompetente e insensato,
pues del GAL ostentó el liderato,
dejando a sus amigos el castigo:

mientras Vera y Barrionuevo el abrigo
de la cárcel gozaban, timorato
allá que se ocultaba este lebrato,
su vana vanidad siempre consigo.

Mas siendo como era un caradura
se buscó una muy burda propaganda
para que en un modelo de cordura

prudencia, honradez, tino y mesura
aqueste Alí-Babá de aquella banda
encontrase transformada su figura.

Dedicado al mayor y más permisivo promotor de escándalos y chanchullos (anterior a la era ZoPenca, claro) en nuestra nación.

11-XII-11

(Soneto ridículo CXV: La lengua del hermano de don Juan)

El pecado de Alfonso no es Juanito.
Juan Guerra es su hermano; mas por ello
culparle de sus culpas, atropello
es erróneo y, por ende, gratuito.

Sin embargo, saber que su hermanito
andaba metidito hasta el cuello
en abusos, y no soltar resuello,
¡éste sí que es un triste sambenito!

Pues por ello Alfonso, Arfonsito,
vidica, no te tires a degüello
a otros cuellos y estate calladito;

recuerda lo del palo metidito
en el ojo de un parlanchín camello
¡y que no se callaba, el muy cabrito!

Hay quien no se resigna al triste sino del común de los mortales, o sea, pasar inadvertido, o sea, no destacar, o sea, SER desapercibido. Para evitar esto, suelta lengua a todo trapo y arremete como borrico en bancal de nabos.

Sin caer en la cuenta de que "no renovarse es morir".

Y nadie, ¿verdad?, nadie que esté en su sano juicio, ¿verdad?, quiere la muerte de un partido tan necesario como obrero socialista y español. Ni siquiera Rubby. Salvo... ¿Arfonsito?

¡Hay que renovarse, hombre: dejar el puesto a savia nueva! De verdad que sí.

11-XII-11

(Soneto doloroso XXVIII: Un pirata en la cámara)

Sí señor, hay un cierto abencerraje
que presume de votar con la pata
pues no entra en su mente insensata
que ha de dar ejemplo al paisanaje.

Como torpe pirata al abordaje,
alzaba la patita este pirata:
el parlamento era su fragata;
la bribonada era su bagaje.

Y, pues pájaros de tan vil plumaje
son loados en la bancada sociata,
bancada es ésta de torpe ropaje:

luego, por doquier, florece el pillaje,
corrupción, abusos, ¡la intemerata!
siguiendo al inicial libertinaje.

Votar con el pie no es votar, Gaspar,
sino insultar con gran bellaquería,
deshonra, iniquidad y zorrería
digna de bribón infame y sin par.

Eran los años aquellos de la ilusión por la libertad. El pueblo creía en sus políticos. Votaba con alegría y en las elecciones se reía con un ambiente como de fiesta.

Entonces aparecieron: este pollo presumía de haber votado por un ausente pulsando el botoncito con la puntita de su pie rechoncho y calvo; los demás venga a reírle la gracia.

Aún lo recuerdo: una de las imágenes más lamentables que vendrá conmigo a los infiernos, que es a donde pertenece.

Hoy día estamos de vuelta de todo: estos incompetentes desalmados nos han metido en tal berenjenal que no se ve salida.

¡Y nos piden respeto! ¡Y nos piden comprensión! ¡Y nos piden sacrificios!

¡Y ellos, se sacrifican?

¿Acaso han reducido el número de "asesores", diputaciones, senadores y otros elementos tan inútiles como onerosos?

Para colmo, el pajarraco en cuestión ha hecho carrerón: es un figura en su, no diré partido, sino destrozado.

¡Bah!

09-XII-11

(Soneto doloroso XXVII: Diputado de copa y cupé)

Don Arsenio Pacheco, Diputado
que es electo por Murcia (del Pe-Pé),
va a pasarse ocho meses sin carné
tras ser debidamente condenado;

por culpa del alpiste trasegado,
a otro coche y a la remanguillé
tan gran tortazo que lo hizo puré
parece ser que el pollo le ha arreado;

además, a pagar cierto parné
el Alto Tribunal ha sancionado
a este as de la copa y el cupé.

Para no dimitir, el paripé
“Es que no he sido inhabilitado”
invoca: como cara, ¡demasié!

Diputado borrachuzo y culpable,
diputado será, mas deleznable.

        Para Padre de la Patria no sirve. Será muy buena persona, será un excelente conductor, será un bebedor increíble, será lo que sea, que no digo que no; pero... para Diputado no sirve.

        Un Diputado ha de ser ejemplo puesto que está a la cabeza de la estructura del país: todos los ojos se fijan en su figura; lo que él hace, es permitido; lo que no, nos está vedado a los legislados. Ejemplo es y ejemplo ha de dar.

         Hoy día, con más motivo aún, desvirtuados como están otros paradigmas nacionales. En parte por la estúpida acción de don Urdanpillín.

07-XII-11

        —Yo soy Cayo —dice— y vengo a decir que no vengo.

        Coro de rojos enlutados y sobrecogidos repentinamente:

        —¡Cayo es Cayo y ha venido a decir que no viene!

        Mujer dentuda llamada Belén, reivindicativa ella, volante de coche ensangrentado en mano manoteadora mientras arenga:

        —¡Loor al Cayo que ha venido a decir que no viene! ¡Loor al loor de la Patria paria!

        Todos:

        —¡Cayo al Cayo y loor al loor!

        Mujer dentuda llamada Belén, sin soltar el volante de coche ensangrentado:

        —¡Oigamos a Cayo que ha venido a decir que no viene!

       Cayo, solemne la voz, contenido el ademán, pomposo y lapidario en la expresión:

        —Cayo soy y a decir que no vengo he venido. —Mira en derredor, derrama ojos que agarran el instante, lo amasan con grave dignidad y, cuidadosamente, lo instalan en el estante de los momentos cumbres de la Historia de la Humanidad. El coro prorrumpe en lamentos histéricos:

        —¡Cayo ha venido y llegado es; pero no viene sino a hacernos saber que no viene!

        Bruja vieja llamada la Bardema:

        —¡Horror, horror!

        Pajina muy rica y reputada:

        —¡El cataclismo de la conjunción planetaria ha acechado, tocado fondo y ahora nos cubre con toda la magnitud de su tremenda magnificencia: alabados sean nuestros cielos ateos!

        Espectador Desinteresado Uno:

        —¿Qué dice esta gilipilla?

        Espectador Desinteresado Dos:

        —Sus cosas y sus sueldos.

        Espectador Desinteresado Tres:

        —La madre que la parió.

        Espectador Desinteresado Cuatro:

        —También es rica. —Aunque apunta a renglón seguido:— No tanto como la gilipilla, pero rica, sí.

        Coro robusto de los cuatro Espectadores Desinteresados:

        —¡Me parece que sabemos quiénes aquí son los gilipollas!

        En este instante, Cayo rompe en alegato exortativo, manos a las alturas, ademán imprecatorio:

        —¡Id y exhortar a vuestros directores para que acepten que extendáis la buena nueva por la faz entera de la Tierra toda: Cayo ha venido para decir que no ha venido!

        Todos a grito pelado:

        —¡Amén! ¡Amén!

        Cayo, emocionado, llora.

Vale

 

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