SOPA DE FAISÁN
 
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          Hoy empieza mi nueva vida como L.D.P.S. y estoy realmente emocionada; incluso antes de comenzar la enorme tarea que me he propuesto ya me siento más…, como decirlo…, intelectual, más madura, más culta, más …, en fin, ya me entiendes, mejor persona. Y eso sólo con imaginar lo que estoy a punto de hacer. Esto va a suponer un vuelco total en mi actitud frente al mundo.

            El impulsor de este gran cambio es mi novio JC, que ayer me hizo ver el abismo hacia el que me dirigía.

            —¿Qué opinas de lo de Víctor y Nacho? ­—le pregunté mientras cenábamos en una terraza—. Yo estaba clarísimamente de parte de Víctor, pero ayer no sé… Llevo toda la tarde dándole vueltas y…

            —¿De qué hablas? ¿Qué Víctor y Nacho? —me preguntó JC distraído mientras pinchaba con el tenedor cuatro patatas fritas del plato que estábamos compartiendo y las pasaba por el alioli.

            —De Nacho Polo y Víctor Sandoval —le aclaré con paciencia.

            —No me suenan —contestó pinchando de nuevo del plato.

            —Pues ahora resulta que Nacho es un santo y Víctor es una especie de… —me interrumpí porque JC había cogido cinco patatas fritas, y eso ya era demasiado. Hay cosas con las que no se juega y una de ellas son las patatas fritas. La más importante, diría yo. Puede incluso que la única. ¡Las patatas fritas son sagradas, por lo menos!

            —¡Eh! —exclamé al tiempo que le quitaba el tenedor—. ¡Eres un abusón! —le dije escandalizada—. De una en una o las cuento y la mitad para cada uno.

            JC me dirigió una mirada sorprendida y a continuación esbozó una sonrisa burloncilla.

            —¿Víctor y Nacho, dices? ¿Son amigos tuyos? —me preguntó con tono socarrón—. ¿Los conozco yo? —y añadió— ¿O tú?

            —No —contesté un poco a la defensiva.

            —¿Son políticos tal vez? ¿Diputados? ¿Senadores? ¿Economistas? ¿Escritores? —continuó—, ¿premios Nóbel? ¿Quiénes son que te tienen tan preocupada sin conocerlos? —y se llevó dos patatas fritas a la boca mirándome con aire retador.

            Opté por callar. He de reconocer que JC es un chico listo. Y pelín rencoroso.  Llámame intuitiva, pero estaba segura de qué sabía de quien le hablaba. Nos miramos y llegamos a una entente cordiale sin palabras. Le dejé coger las patatas fritas de dos en dos y él obvió el tema de Víctor y Nacho.

            Pero una y no más: allí, en aquella mesa llena de miguitas de pan y vasos de tinto de verano vacíos, juré que jamás volvería a poner en peligro mis patatas fritas por hablar de temas superficiales. Eso se había acabado.

            ¿Qué me importaba a mí si una pareja se peleaba y se insultaba? ¡Con la cantidad de cosas importantes que pasaban en el mundo y de las que no me estaba enterando!

            De modo que hoy he comenzado mi nueva y emocionante vida como Lectora de Periódicos Serios (L.D.P.S.), y aquí estoy, en una mesa en el Vips tomando café y leyendo El Mundo, El País y La Razón (La Gaceta y el ABC me han parecido demasiado duros para una novata como yo, y eso sólo con hojear las portadas; miedo me da pensar en el resto).

            Comienzo por El Mundo. Bueeeno, no es el Hola, pero no está mal; me indignan el caso Faisán (tremendo, y eso que no pillo algunas cosas), los trajes de Camps (me encantaría verlos, tienen que ser una pasada, con el dinero que dicen que han costado) y las escuchas del News of the World (no somos nadie, que diría mi buen amigo Joaquín). El panorama que dibujan los artículos de economía es tan desolador que me invade un profundo desasosiego y decido aplazar su lectura hasta dentro de una semana o dos, cuando ya lleve un cierto entrenamiento y esté más acostumbrada. Estos primeros días me limitaré a la política, que no me afecta tanto.

            A continuación cojo El País y me tranquiliza ver que las cosas no están tan mal. No te confundas, que bien no están, pero aún falta un poco para llegar a la hecatombe que anuncia El Mundo. Igual me atrevo incluso con las páginas de economía para quitarme el susto (después de leer El Mundo había decidido dejar los vaqueros de Diesel, que son maravillosos y se ajustan como ningunos y que necesito con desesperación, para el mes que viene; imagínate la impresión que me ha causado…). Pero…

            No lo entiendo… Voy a leerlo de nuevo… Supongo que no he pillado el sentido…

            Tres lecturas después dejo el periódico a un lado y trato de asimilarlo. Un periódico “serio” publica en sus páginas de opinión que el 4 de mayo de 2006 un policía alertó a un miembro de ETA de que se preparaba una redada ordenada por el juez. Los indicios incluidos en el auto dice que son convincentes al respecto, pero sin embargo su conclusión de que cometieron un delito de colaboración con banda armada es más cuestionable, pues lo que se intentó fue evitar dar a ETA un pretexto para romper el proceso de paz iniciado en marzo de aquel año y que atravesaba por momentos difíciles. Concluye que es absurdo considerar que intentar ganar tiempo de esa manera suponga cometer un delito, y menos aún de colaboración con banda armada. (*)

            ¡¡¡Será posible!!!

            Estoy más desconcertada que cuando veo a Lady Gaga en las páginas del Cuore. Si eso no es colaboración con banda armada, ¿qué es entonces? ¡Pues eso mismo, colaboración con banda armada! Yo al menos lo veo clarísimo. Debo tener una mente privilegiada… o completamente obtusa.

            Recorto la página del periódico y me la guardo en el bolso. Aún un poco flipada, pago el café y salgo a la calle.

            Camino de casa me compro el Vogue, pero ni por esas alejo el asunto de mi mente.

            Cuando JC llega de trabajar se lo pregunto; estoy tan ansiosa por comentar el asunto con él que casi no le dejo ni sacar la llave de la puerta.

            ­—¿Qué opinas del Faisán?

            —¿Del bicho? —se ríe—. ¿Eso quieres cenar? ¿Me da tiempo a ducharme? —añade mientras se va quitando el traje por el pasillo.

            —No, del Faisán político —respondo detrás de él.

            Se para y se da la vuelta, con el nudo de la corbata a medio deshacer.

            —Nada —responde—. Que es un asco, supongo.

            —Mira, lee esto —le digo, y le paso la hoja que he recortado.

            Espero ansiosa a que termine; necesito hablar sobre ello incluso más que sobre el nuevo doctor Bag que ha sacado Gucci.

            —Bah, eso es una tontá —y sin más me devuelve la hoja y entra en el baño.

            —¿Cómo que una tontá? —le grito a través de la puerta—. ¡Que es muy fuerte!

            Silencio.

            —¡Que dicen que el director general de la policía también estaba en el ajo! —(presuntamente, añado para mí).

            Más silencio.

            —Se insinúa que hasta el gobierno podría…

            Se abre al fin la puerta.

            —Lili, cálmate —me dice—. Todo está lleno de mentiras, chantajes, intereses, peleas, celos…

            —¡No! —le interrumpo, desesperada porque no me entiende—. ¡Pero yo no te estoy hablando ahora de cotilleos, sino de política!

            —Yo también —contesta.

            Vaya… No pensé que pudiese haber algo más absurdo y fuera de quicio que el divorcio de Víctor y Nacho… ¿Cómo he podido pasarlo por alto?

            Fijo que me engancho.              

(*) Publicado en el periódico El País del martes 19 de julio de 2011, página 26

 

 
20-VII-11